16/10/2019


Reseñas literarias

Diccionario de ideas afines

Autor: Fernando Corripio Pérez ::::: Editorial: Herder

Con la doble acepción de amigo fidelísimo y poderosa arma, este diccionario me ha acompañado a lo largo de muchos años, guiones y novelas; y espero, por la cuenta que me tiene, que lo siga haciendo durante mucho tiempo más.

El guionista, como cualquier escritor, para conseguir el milagro de que sus lectores “vean” la historia de la forma más parecida a como él la concibió, necesita verbalizar sus ideas con rigurosa exactitud y matizándolas perfectamente. Necesita, resumiendo, encontrar las palabras justas y necesarias. Y a eso es a lo que ayuda esta sensacional “herramienta” de la lengua.

En este diccionario de ideas afines –o ideológico-, de inteligentísima estructura -única en nuestra lengua-, el escritor encontrará precisa y rápidamente la idea, el tema o el vocablo olvidado o ignorado. ¿Buscas una palabra que no conoces o no recuerdas? Tranquilo, porque Fernando Corripio ha creado esta varita mágica, que tiene el don de encontrar para ti tus palabras perdidas.

No es un diccionario de la Lengua, ni de sinónimos, ni de contrarios, ni es tampoco una enciclopedia; es todo eso y mucho más. Son 400.000 voces clasificadas y tratadas de tal forma, que su utilización es intuitiva, su manejo facilísimo y su volumen reducido.

Su secreto es: para encontrar un concepto sólo has de recordar una idea afín. Partiendo de eso, la eficaz estructura de este libro te llevará en volandas al encuentro de esa palabra que se te resisitía.

Un ejemplo: imaginemos que en un guion tuyo, un personaje ha de contar un naufragio que ocurrió en un trasatlántico conocido, que no era el Titanic. Pero tú no tienes ni idea de embarcaciones, y para colmo, ese día no recuerdas la palabra “trasatlántico”. Pero te acuerdas de la palabra “barco”. Pues buscas “barco” y encuentras todos los tipos de barcos; y entre ellos está el “trasatlántico” (primer hallazgo); y en esa categoría encuentras subdivisiones: p.e., tipos de camarote; partes de los trasatlánticos… y nombres de ellos: Queen Mary, Andrea Doria, Titanic, Mauritania, etcétera (segundo hallazgo).

Pero es que, además, para ayudarte a describir un naufragio, encuentras, dentro de “barco” categorías tales como: partes o instrumentos del puente de mando (bitácora, y unas 30 más), del cuarto de máquinas (turbinas, y unas 20 más), de la bodega (sentina y unas 15 más), de la estructura del casco (cuadernas y unas 20 más), de los mástiles (trinquete y unas 20 más), de las velas (botavara y unas 30 más), grados de los marinos mercantes (sobrecargo y unos 40 más), grados de la marinería (batelero y unos 30 más), e instalaciones portuarias, y maniobras de navegación… (tercer hallazgo: ya has encontrado palabras para poder describir mejor un naufragio… y todo ello, en el reducido espacio de 3 hojas).

Y entonces, decides buscar “mar”... y te encuentras categorías como partes del mar (arrecife y unas 20 más), movimientos (galerna, tormenta* y unas 10 más), estado (mar gruesa y unas 10 más), oleaje (resaca y unas 15 más)… etcétera. Ya tienes una gran selección de palabras, y de imágenes por tanto, para contar el naufragio. Pero es que, has visto que la palabra tormenta* llevaba asterisco, y la buscas, y encuentras… más categorías y más palabras para describir magníficamente ese naufragio.

¿Te imaginas lo maravilloso que puede ser tener a tu alcance todas las categorías de boxeadores, enfermedades infecciosas, órdenes religiosas, aves rapaces, flores, dioses de las diferentes mitologías, armas, estilos pictóricos, dinosaurios, instrumentos musicales… y prácticamente todo lo “clasificable” de nuestra lengua, y llegar a ellas a partir de lo que en ese momento tú conoces o te acuerdas? Y no me refiero sólo a la búsqueda de sustantivos, sino también a palabras relacionadas con verbos o adjetivos, como “aceptar” o “tosco”.

Yo, como muchos escritores, cada vez utilizo menos las obras de consulta impresas en papel y recurro más a Internet o a programas de ordenador. Pero en este caso, cuando quiero encontrar ideas afines, y eso me ocurre a diario, sigo recurriendo al fantástico libro de Corripio, porque no hay nada parecido, ni en la Red ni en aplicaciones para ordenador. Esperemos que muy pronto, alguien se decida a sacar al mercado una aplicación informática de esta obra, de forma que se pueda acceder a su consulta desde el propio procesador de textos.

Si eres escritor con años en el oficio, a buen seguro que conoces este diccionario ideológico –si no la has utilizado, te sugiero que pruebes-; y si estás comenzando tu carrera, te recomiendo encarecidamente que trabajes con él. En uno u otro caso y con el paso del tiempo, probablemente este libro se convierta para ti en amigo fidelísimo y poderosa arma.

Ángel García Roldán
Guionista y novelista .

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