21/12/2014


Noticias de guion

Javier del Pino escribe sobre la abundancia de personajes homosexuales en los guiones de televisión de Estados Unidos.

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Eric McCormack,
en "Will &Grace"

Ponga un gay en su tele

Se han multiplicado en los programas de las televisiones de Estados Unidos, que marcan tendencia en buena parte del mundo. Sobre todo las series de más éxito, como ‘A dos metros bajo tierra’ y ‘Will & Grace’, han asumido con naturalidad los personajes gays.

Por Javier del Pino

El País 28/03/05

La palabra homosexuales se pronunció por primera vez en la televisión de EE UU en 1954, aunque seguida del complemento “y los problemas que plantean”. Era el título de un debate retransmitido por una cadena local de Los Ángeles y asumía la incomodidad del tema y la pretendida conflictividad de quienes formaban ese colectivo.

Medio siglo después, el prime-time de EE UU está plagado de protagonistas gays, un personaje de Los Simpson acaba de salir del armario y los mejores creadores de ficción televisiva son abiertamente homosexuales. Tal es su presencia y su dominio del medio que algunos grupos conservadores irritados e infatigables denuncian la supuesta existencia de una “Gay Mafia”, una supuesta asociación organizada de profesionales y directivos homosexuales de la televisión confabulados para extender su poder y avanzar en su propia agenda de intereses.

“Mi hermano suele decir que le gusta ver fútbol americano en televisión porque es el único programa en el que no hay homosexuales”, dice entre risas Brendan Lemon, editor de la mayor publicación homosexual de EE UU, la revista Out. Paradójicamente, Lemon provocó intencionadamente un debate hace tres años cuando anunció en su columna que estaba unido sentimentalmente a una de las grandes estrellas en un equipo de béisbol de la Costa Este.

¿Existe realmente una “agenda de intereses” en la cúpula de directivos y creadores homosexuales en la televisión estadounidense? La respuesta a un planteamiento tan controvertido puede estar a mitad de camino entre quienes lo afirman y lo niegan. Por un lado, sólo hace falta sentarse unas horas ante la televisión para descubrir que, en un país tan inclinado a escandalizarse en defensa de sus valores más conservadores, tan implacable con Janet Jackson por enseñar dos segundos de pezón, las cadenas parecen haber culminado sin grandes polémicas un proceso de diversificación sexual paralelo al de la propia sociedad estadounidense.

Sin embargo, un repaso puramente numérico a los personajes homosexuales de los dramas y las comedias revela que su presencia es, efectivamente, superior y de mayor peso en los productos creados por los grandes guionistas y directores homosexuales del medio televisivo, desde Darren Star (Sexo en Nueva York), Alan Ball (A dos metros bajo tierra), David Crane (Friends), Kevin Williamson (El mundo de Dawson) hasta Mark Cherry (Mujeres desesperadas), entre otros muchos. Sus series presentan un abanico amplio de personajes gays cuya proporción parece superior a las estadísticas sobre las orientaciones sexuales de la sociedad estadounidense. A falta de un censo formal, los estudios más recientes aseguran que el número de gays y lesbianas en EE UU representa entre el 5% y el 10% de la población total. Las asociaciones que luchan por el avance de la tolerancia recuerdan que mayor aún es la presencia de judíos que, al fin y al cabo, no llegan al 3% en el censo oficial de esta nación.

En cambio, las series de televisión creadas por la terna de grandes productores heterosexuales (John Wells, de Urgencias; Aaron Sorkin, de El ala oeste de la Casa Blanca, y David E. Kelley, de Ally McBeal) no incluyen representación homosexual en el reparto de personajes de sus dramas. Sólo Urgencias incluyó –en su sexta temporada– el lesbianismo sobrevenido de una de las doctoras que protagonizan la serie.

Brendan Lemon es consciente de que los productores homosexuales son más proclives a incluir gays y lesbianas en sus series, pero añade algunos matices: “Saben que es más fácil incorporar personajes homosexuales una vez que la serie ya está asentada, cuando ya es un éxito. Si intentan poner personajes homosexuales en una serie nueva, las cadenas lo impiden porque es demasiado arriesgado. Además, si la televisión de EE UU tuviera sólo dos o tres cadenas, como ocurría hace 20 años, no habría tantos personajes homosexuales como hay hoy porque tratarían de agradar a una masa mayor de público”.

Sea cual sea la proporción y la presencia de la homosexualidad en la televisión de EE UU, el camino recorrido en medio siglo se ha acelerado en la última década. Desde aquel Homosexuales y los problemas que plantean de 1954, ni el término ni el concepto volvieron a aparecer hasta que 13 años después el periodista –todavía en activo– Mike Wallace lograra el permiso para realizar el primer documental sobre ese tema tabú en una de las grandes cadenas generalistas, CBS Reports: The Homosexual, emitido en marzo de 1967.

En los años posteriores, y salvo en ocasiones muy esporádicas, la única reaparición de la homosexualidad en la televisión de EE UU fue en un episodio de La mujer policía de 1974, en el que esa orientación sexual no se presentaba precisamente en términos de tolerancia: la protagonista, Angie Dickinson, perseguía heroicamente a un trío de mujeres lesbianas cuyo pasatiempo consistía en asesinar a los ancianos de una residencia.

El historiador Stephen Tropiano, autor del libro The prime time closet, sobre la homosexualidad en la televisión estadounidense, parece convencido de que aquel episodio de La mujer policía no fue tan dañino para el avance de la tolerancia como el personaje que empezó a interpretar Crystal en 1977 en la comedia Enredo, el joven Jodie Dallas, que soñaba con convertirse en mujer en el quirófano para casarse con un jugador de fútbol americano.

En las dos décadas siguientes, los personajes homosexuales empezaron a desprenderse tímidamente de los estereotipos, aunque los avances se conseguían a golpe de polémica. En 1989, la ABC perdió 1,5 millones de dólares por los anunciantes que retiraron la publicidad de un episodio de Treinta y tantos en el que dos hombres conversaban en la cama después de haber mantenido, aparentemente, relaciones sexuales. Esa reticencia todavía existe: “Los grupos conservadores no arremeten contra las series que tienen personajes homosexuales, porque no contienen escenas de sexo entre esos personajes”.

En todo caso, los últimos 10 años han permitido la incorporación de tramas narrativas que, con niveles decrecientes de escándalo, normalizan las relaciones homosexuales, como ocurrió en 1994 en Doctor en Alaska con la boda de Eric y Ron a la que acabaron asistiendo hasta los ciudadanos más intransigentes de Cicely. El 30 de abril de 1997 llegó el punto de inflexión cuando la actriz Ellen DeGeneres declaró públicamente su lesbianismo y el del personaje de la serie que llevaba su nombre. La producción fue cancelada poco después, aunque ya venía sufriendo una caída de audiencia.

Esta historia de la homosexualidad televisiva no es del gusto de las múltiples asociaciones de defensa de los derechos de gays y lesbianas porque no contiene los nombres de personajes y parejas que, según ellos, han ocultado con sutileza su orientación sexual. The Advocate, otra revista sobre homosexualidad en EE UU, ha presentado una larga recopilación de personajes gays en la historia de la televisión, en la que cita, entre otros, al extraño Eddie Munster, de La familia Monster; a los inseparables Epi y Blas, de Barrio Sésamo, o al metódico Felix Unger de la versión televisiva de La extraña pareja.

Hay otros ejemplos más reconocibles. Se han escrito tratados enteros sobre la orientación sexual de Batman; su condición podía ser dudosa, pero la de Robin, con su admiración fascinada hacia el superhéroe, parecía más clara. Otros aseguran que los tres hombres de Friends son homosexuales, aunque ellos no lo sepan. Las publicaciones gays consideran y se fijan en su dificultad para las relaciones estables con las mujeres, su gusto por los jerséis, el estilismo de sus peinados y su pasión por una actividad tan poco varonil como pasarse las horas sentados en una cafetería.

El salto al panorama actual permite contemplar cuánto se ha avanzado y en qué poco tiempo. Dos de los personajes protagonistas en una de las comedias de más éxito en la actualidad, Will & Grace, son homosexuales y discuten sus conquistas de manera cómica y franca. Otra telecomedia situada en los mejores lugares de audiencia, Two and a half men, protagonizada por Charlie Sheen, incluye a una mujer que ha roto su matrimonio porque ha descubierto repentinamente que es lesbiana. Desde John en Policías de Nueva York o Serena en Ley y orden hasta Sanford en Sexo en Nueva York o la anestesista Liz en Nip/Tuck, desde Jack en El mundo de Dawson hasta la tórrida relación de David y Keith en A dos metros bajo tierra, la mayor parte de los dramas y las telecomedias de los últimos años contienen personajes homosexuales. En España, programas de máxima audiencia, como Gran Hermano, Aquí no hay quien viva, Siete vidas y Crónicas marcianas, también han incluido personajes abiertamente homosexuales.

Existe también un amplio surtido de programas centrados estrictamente en personajes homosexuales de ficción (Queer as folk y The L Word son los más controvertidos) o protagonizados por gays en formato reality-show. Uno de los grandes éxitos de la pasada temporada fue Queer eye for the straight gay (que Antena 3 trasladó con poco éxito a España como El equipo G), en el que un grupo de homosexuales cambia la vida estética de un heterosexual para corregir sus defectos de estilo, decoración y vestuario. La primera edición de Supervivientes la ganó un concursante homosexual que se paseaba desnudo por la isla; en las siguientes ediciones siempre ha habido al menos un concursante gay o lesbiana.

Sea cual sea el grado de conservadurismo de la sociedad estadounidense, la población ha cambiado lo suficiente en los últimos años como para aceptar que la diversidad sexual de sus ciudadanos esté reflejada en el prime-time de la pantalla. La prensa internacional recoge a menudo la exaltación de los grupos conservadores que convierten el pezón-gate de Janet Jackson en una supuesta indignación nacional, pero no reflejan luego los detalles que colocan la situación en su justo término: son sólo unos pocos los que se enfurecen con la visión de un pecho desnudo.

Tal es el cambio que el programa Today, el informativo matinal de la NBC, incluye analistas abiertamente homosexuales. El crítico de televisión más respetado de este país por su trabajo en The Washington Post, Tom Shales, escribía recientemente sobre un anuncio de Pepsi en el que un joven que pasea por una calle concurrida despierta miradas lascivas de las mujeres que se cruzan con él, y también de un hombre abiertamente homosexual. “Hace sólo cinco años habría sido casi imposible ver a un homosexual en un anuncio de alto presupuesto”, escribe Shales.

La aceptación es tal que la creación de nuevas cadenas de televisión diseñadas específicamente para los espectadores homosexuales apenas ha despertado un debate entre la opinión pública. La MTV, pionera de la televisión para jóvenes y dueña de uno de los mercados de espectadores más suculentos (los jóvenes gastan su dinero en los productos que ven anunciados en televisión), lanza en junio Logo, su cadena homosexual. No es la primera cadena gay de EE UU; Q Network (la Q viene de queer, marica) lleva meses en antena y tiene hasta servicios informativos.

El paradigma del cambio es, sin embargo, la incorporación cuidada de la homosexualidad en la programación infantil como fórmula para la tolerancia. Hay dos ejemplos que han suscitado cierta polémica. El primer caso es el de la supuesta homosexualidad de Bob Esponja, el animal poroso que vive en una piña en el fondo del mar y que es uno de los favoritos del público infantil y de los padres que ven la tele junto a sus hijos. Sus pantalones, tan cortos y ajustados, y su afición a pasear de la mano de su amigo Patrick –una estrella de mar– le han convertido en el nuevo Tinky Winky, el teletubby supuestamente homosexual.

De la segunda controversia en las últimas semanas tiene la culpa la nueva secretaria de Educación, Margaret Spellings. La cadena pública de televisión, PBS, tiene una serie en la que un personaje de dibujos animados, Buster, visita a una familia real. Un episodio contenía la visita a una niña de Vermont que tiene dos madres. En los últimos años, Buster ha visitado a mormones en Utah, indios, musulmanes, judíos e incluso fundamentalistas cristianos. Sin embargo, para Spellings una pareja de madres lesbianas no es aceptable, aunque residan en un Estado que tiene legalizadas las uniones civiles entre homosexuales. Envió una carta a la PBS –fue una de sus primeras actuaciones como secretaria de Educación– y la cadena decidió no emitir nunca el episodio.

Frente a este conato de conservadurismo, la prueba final del cambio social la han ofrecido Los Simpson, la serie más inteligente, cáustica y progresista de los últimos 15 años y la comedia que mejor ha reflejado el american way of life a través de personajes amarillos, es decir, nada realistas. En uno de los episodios de febrero, uno de los personajes de Springfield salió del armario (en España aún no se ha visto). Además, en esa ciudad animada hay varios homosexuales ocultos. Waylon Smithers, el asistente personal del todopoderoso Mr. Burns, adora la música de Village People y tiene un salvapantallas con una foto de su jefe en camiseta. En una ocasión, cuando un fallo en el reactor nuclear estuvo a punto de arrasar Springfield, Smithers le dijo a Mr. Burns: “Señor, puede que no tenga otra ocasión para decirle que le quiero”. Con ironía magistral, su jefe respondió: “Estupendo. Gracias por haber conseguido que en mis últimos segundos de vida me sienta socialmente incómodo”.


30/03/2005 18:02:48

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