30/08/2008 - 20 usuarios online


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Homenaje: Pontecorvo, escritor y cineasta lúcido y feroz

Pontecorvo
Pontecorvo

Por Alberto Duque López

Ahí estaba. Parecía imposible que ese hombre dulce, de ojos azules y manos impacientes, mirada curiosa, sonrisa fácil y castellano elemental fuera el mismo que casi medio siglo atrás había escrito y filmado una de las películas más importantes en la historia del cine político y social, “La batalla de Argel”, esa contemplación lúcida, compasiva, humana y provocadora sobre el fenómeno del terrorismo como instrumento político, enfrentado a la plaga de la intolerancia y la represión, en medio de las condiciones más primitivas, tanto para los invasores como para los humillados que no se dejaban humillar, es decir, los argelinos alzados contra los franceses dispuestos a arrasar con todo. Varios años después, en esa misma línea, con las mismas intenciones, filmaría “Operación Ogro”.

Ahí estaba. En marzo de 2002, el director y guionista italiano Gillo Pontecorvo regresó a Cartagena de Indias, Colombia, para aceptar el homenaje rendido por el festival de cine y reencontrarse con los técnicos, extras y amigos que lo acompañaron en 1969 al rodaje de su accidentada película “Quemada!” (Queimada), protagonizada por un escandaloso y difícil Marlon Brando.

En el paraninfo de la universidad, el mismo donde en otras ocasiones personajes como Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Antonio Skármeta, Werner Herzog y tantos escritores y cineastas, convocados por los directores de Humanidades. Roberto Burgos Ojeda y más tarde su sucesora, Sonia Burgos Cantor, habían hablado sobre tantos sueños y tantas pesadillas.

Ahí estaba. Con una guayabera azul y 82 años rebosantes de lucidez y energía a pesar del calor húmedo y pegajoso. Se sorprendió y divirtió con la curiosidad de los jóvenes que le preguntaban incansablemente sobre la filmación de “Quemada !” (la película que lanzó a Cartagena de Indias como escenario ideal y cómodo, para que centenares de técnicos, extras y actores filmen ahora “El amor en los tiempos del cólera” en sus calles coloniales), la historia de William Walker, el provocador enviado por la corona británica a una posesión portuguesa en el Caribe en 1830 para financiar y organizar la rebelión de los esclavos, rebelión que acaba por desterrar a los colonizadores e implantar otro régimen de terror y violencia.

Cuando llegó a Cartagena por primera vez, Pontecorvo ya había filmado en 1965 la que se considera su obra maestra, “La batalla de Argel”, escogida dos años después para la inauguración del prestigioso y sofisticado festival de Nueva York, y desde entonces, como se ha comprobado con su reestreno en varias ciudades de Estados Unidos, utilizada por agencias como el Departamento de Estado, el Pentágono y la CIA, y grupos terroristas latinoamericanos y europeos para entrenar a sus agentes en la lucha de guerrillas y contra-guerrillas, como si fuera una cartilla aplicable a cualquier situación, aunque los sucesos que recreaba fueran muy específicos.

Fiel a su interés intelectual en las actividades terroristas y políticas, Pontecorvo habría de escribir y filmar en 1979 su cinta más prohibida y discutida, “Operación Ogro” que reconstruye con guión coescrito por Giorgio Arlorio y Ugo Pirro, el asesinato del almirante Carrero Blanco, mano derecha del "Generalísimo" Franco, el 20 de diciembre de 1973 en una de las céntricas calles de Madrid, a manos de un comando de ETA.

Solo un intelectual de izquierda como Pontecorvo, obsesionado con desmontar, analizar y conocer hasta el detalle la mentalidad de los terroristas (los jóvenes Panteras Negras idolatraban sus textos y Marlon Brando consultó a estos militantes en varias ocasiones para hacer más real su personaje de Walker), podía filmar tres películas que tienen en común la lucha salvaje contra el poder y la opresión.

Una carrera que comenzó como periodista, escritor y asistente de maestros como Mario Monicelli, Federico Fellini y Michelangelo Antonioni; realizador de documentales; director de largometrajes como “Kapo”, aterradora visión de los campos de concentración desde la mirada de una mujer; director del ahora amenazado festival de Venecia; amigo de personajes controvertidos como Pier Paolo Pasolini, Bernardo Bertolucci, Franco Solinas, Enrico Berlinguer (sobre quien hizo una película), Francesco Rossi y otros, Pontecorvo permanecía activo a través de un centro de estudios en Roma que financia proyectos coincidentes con sus intereses políticos, como luchar contra el mal gobierno italiano de turno, por ejemplo.

Esta mañana de viernes muchos lo han recordado en Colombia y especialmente en Cartagena de Indias, al conocerse la muerte de Pontecorvo en la ciudad de Roma a los 86 años. Un italiano vociferante, exaltado, extravagante y desmedido llamado Salvo Basile, quien llegó como asistente de “Quemada !” (Pontecorvo le pidió un candidato a Sergio Leone en el set de “Hasta que llegó su hora / Erase una vez en el Oeste”, y éste le recomendó a quien habría de quedarse en Colombia para siempre). Basile fracasó al intentar contratar a Sidney Poitier para el papel que luego interpretaría un muchacho analfabeta que iba por la calle y fue descubierto por el ojo de lince del director y su fornido asistente, Evaristo Márquez, y al recordar al maestro contó que habían cenado este enero en Roma, que estaba tranquilo y como siempre, cargado de humor negro y muchos proyectos, entre otros, regresar a Cartagena de Indias, a filmar.

El crítico colombiano Orlando Mora, fanático de Pontecorvo y su cine, destacó el papel importante de este director en la renovación del cine italiano, al lado de otros colegas marcados también por los personajes y las historias políticos y sociales (Francesco Rosi, Florestano Vancini, Elio Petro, Pietro Germi, Carlo Lizzani, herederos del neorealismo italiano y en otra generación, por supuesto, Bernardo Bertolucci), con películas que siguen siendo demoledoras, acusadoras, implacables, duras y honestas, aunque fracasos en la taquilla.

Ahí tenemos esta película en blanco y negro, un largo flashback sobre el proceso de liberación de Argelia, contada con el acezante ritmo de un documental periodístico, y esa música martilleante de Ennio Morricone, que resume ese proceso doloroso, desde el 1 de noviembre de 1954 hasta el 5 de julio de 1962, con las escenas atormentadas de la limpieza de la Casbah que giran alrededor de los enemigos y protagonistas: el líder Kader Saadi y el represor coronel Mathieu, polarizados de manera sangrienta y salvaje: el uno quiere la libertad inmediata de su pueblo, y el otro busca cumplir la misión que el encargaron, sin preocuparse por saber si la tortura es permitida o no, es cristiana o no. Entonces, asustado y sorprendido, el espectador asiste a una serie de atentados que busca que los colonos franceses se marchen, mientras los franceses responden con las torturas ejercidas contra los oprimidos. Así de simple. Así de lúcido. Así, como Pontecorvo entendía y hacía sus películas. Todavía estamos escuchando su voz recordando las peleas con Marlon Brando durante el rodaje de “Quemada !”. Para alguien que había estado filmando en Argel, durante medio año, reconstruyendo ese infierno, los escándalos de Brando eran como un dulce. Envenenado.

(*): Alberto Duque es escritor y periodista colombiano.

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13/10/2006 22:29:10