13/11/2018


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Jessica Hausner escribe sobre su película "Lourdes"

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Por Jessica Hausner *

La película "Lourdes" muestra, por una parte, la fe en un Dios bondadoso y eterno, y, por otro lado, la realidad caracterizada por lo arbitrario y lo efímero. "Lourdes" es un cuento cruel: un ensueño o una pesadilla. Enfermos y moribundos de todo el mundo visitan el santuario de Lourdes para recobrar la salud. Esperan un milagro, porque es precisamente enLourdes donde aún se producen milagros. Pero Dios parece un tanto caprichoso: da y toma en función de su humor, y sus caminos son impenetrables. En la católica Lourdes, los paralíticos sueñan con poder andar, los que están solos con tener amigos, los hambrientos con quedar saciados, pero la sensación de tener una vida truncada así como el deseo de plenitud son universales.

En "Lourdes", el milagro le aporta a Christine un período de felicidad, una mejoría, pero, en definitiva, no la salvación. La promesa de salvación que ofrece la Iglesia tiene que ser postpuesta. El consuelo de los que no vuelven curados o que recaen está en el más allá. El deseo de curarse es el deseo de alcanzar la felicidad y conservarla: vivir una vida plena, completa, feliz y que tenga sentido. Así, Christine, desde el momento de su restablecimiento, empieza a proponerse retomar sus estudios, crear una familia y aprender a tocar el piano. Pero la felicidad es efímera, va y viene, sin que eso tenga un significado especial.

Una curación milagrosa es injusta. ¿Por qué una persona se cura y otra no? ¿Qué se puede hacer para curarse? ¿Rezar, como la madre de la joven apática; escoger la humildad, como Cécile, o, por el contrario, no hacer nada, como Christine?. No hay respuesta para estas preguntas: los milagros parecen arbitrarios, se producen sin lógica ni razón aparente. El milagro es fundamentalmente injusto pero no obstante es también una inmensa alegría para quien se cura. Sin embargo, una persona que, presumiblemente, ha experimentado una curación milagrosa, no tiene ninguna garantía de que su curación perdure. La curación ofrece una nueva oportunidad a Christine —que querría disfrutar de la vida—, pero comprende que su reciente felicidad puede acabarse en cualquier momento. Ella empieza entonces a buscarle sentido, a preguntarse si tendría que hacer alguna cosa especial para ser digna de su curación. ¿Qué habría que hacer para que el milagro dure? ¿Dios oye sus plegarias?

Ante todo, yo tenía la idea de hacer una película sobre un milagro. Los milagros representan una paradoja, una fisura en la lógica que nos conduce hacia la muerte. Esperar un milagro es en cierto modo la esperanza de que todo va a terminar bien y de que hay alguien que vela por nosotros. He investigado mucho para encontrar el marco adecuado para contar la historia de un milagro y me he fijado en el caso concreto de Lourdes porque yo quería destacar el hecho de que los peregrinos se dirigen allí con la esperanza de vivir un milagro. Se podría pensar que un milagro siempre es positivo: supone la repentina curación de una persona paralizada. Sin embargo, durante mi búsqueda de las historias de curaciones, he comprobado que las personas curadas han experimentado una recaída: el milagro no ha durado. Y en ello se encuentra un paralelismo con el lado arbitrario de la vida: algunas cosas nos parecen maravillosas, incluso milagrosas, y luego se convierten en horribles o simplemente triviales.

Mantuvimos varias conversaciones con monseñor Perrier, obispo de Tarbes y de Lourdes acerca de cómo representar al lugar. También hablamos de milagros con algunos teóricos. Lo más interesante es que los propios dignatarios católicos son conscientes de la ambivalencia del milagro. Nosotros nos planteamos todas estas preguntas y la Iglesia debería aportar una respuesta. La cuestión del sentido de la vida está en el centro de mi película, pero también lo está en el centro de las reflexiones de la Iglesia.

El lugar de rodaje y su marco son muy importantes para mí porque constituyen una forma visual de describir la sociedad. Para cada una de mis películas busco un lugar único, cerrado, aislado, que me ayude a desarrollar una narración. Necesito un lugar cerrado, pero también un vestuario en concreto porque me ayudan a construir la historia. En "Hôtel", los personajes llevan el uniforme del hotel; en "Lovely Rita", hay uniformes escolares, y en "Lourdes", los uniformes de la Orden de Malta. Me esfuerzo en hacer a mis personajes menos singularizados, los concebía más bien como prototipos que forman un sistema, social o religioso. En mi película, intento describir un sistema en el que cada uno desempeña su papel. Me parecía interesante observar en este caso el interior de esa orden, en la que la gente no actúa sobre unas bases individuales sino en relación con las expectativas del grupo. Éste es el hilo conductor de mis películas: la relación entre el papel que desempeñamos en la sociedad y nuestra propia identidad. ¿Qué poder tengo? ¿Cuál es mi deber? ¿Quién soy y quién debería ser? Mis películas reflejan la idea de que no se puede encontrar una solución...

(*): "Lourdes", que tras obtener varios premios en Venecia y obtener el máximo reconocimiento en el Festival de Sevilla el año pasado se estrena este miércoles en España, es el tercer largo de la guionista y directora austríaca Jessica Hausner (1972, Viena).

31/03/2010 22:11:54

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