08/03/2021


Noticias de guion

Bebe Kamin: Reflexiones sobre la crítica


 

Por Bebe Kamin (*)

Aun sospechando de la utilidad de determinados actos, como este debate, y rescatando agradecido los aportes de otros colegas en el suplemento N° 18 de Opiniones y Debates (Boletín de la asociación de directores/guionistas argentinos DAC), me permito comentar algunos puntos referidos a la nota de Horacio Bernades -tengo el dudoso privilegio de ser citado en ella con frecuencia- cumplimentando con su solicitud de “explicar públicamente” algunos conceptos emitidos en mi nota anterior.

Debo confesar que es estimulante, en algún lugar, poder ejercitar el ejercicio de la reflexión aunque por momentos, y me incluyo en la categoría, se filtren exabruptos que poco tienen que ver con el pensamiento. Pero, guiado por un ingenuo optimismo, celebro, sólo en parte, que haya un Otro antagónico con quien poder confrontar desde la escritura (filmar es mucho más complicado y riesgoso). En ese sentido, que HB me pida aclaraciones es un punto de partida.

Yo adjudicaría al azar la falta de regularidad en el envío del suplemento con destino HB. O sea, trataría de minimizar cualquier sentimiento de paranoia por la cual los hechos, fortuitos o no, tienen una mala intención a priori. Efectivamente el carácter “semipúblico” del boletín ofrece un acceso fácil ya sea por Internet o por envío de algún amigo.

En cuanto a los libelos, tal es el término utilizado, que circulan, anónimos, por mail debo confesar que no tengo ni idea de qué se trata. No recibo nada semejante o en todo caso será uno de los que mi guardián spam descarta antes de abrir. De todas maneras los escritos que pueda emitir los firmo con nombre y apellido (en verdad, seudónimos) por demás conocidos. Quizás no estaría mal organizarse, como en M el vampiro, y juzgar fuera del sistema al acosador furtivo, el ignoto Miguel Strogoff.

La afirmación “no hay debate posible”, algo que si fuera cierta sería francamente penoso, se contradice con la solicitud de las explicaciones ya mencionadas por lo que ruego se defina si tales aclaraciones están excluidas del debate. En ese caso, prefiero callar. Supongo que vale más la invitación que el decreto de nulidad.

Al releer la crítica de HB sobre LP y LB encuentro algunos claroscuros que, debo reconocer, se me pasaron por alto en su momento. ¿Será producto de la enseñanza de Nietzche? Escribió el crítico: ... película en la que lo que se luce es la fotografía, el diseño de producción, la reconstrucción de época y la música, La puta y la ballena hace agua en todo lo demás. Debo decir que, excepto la última frase, coincido con la apreciación enunciada. No es poco lo que logra la película si por cine entendemos, entre otras definiciones, la convergencia de flujos creativos que provienen de diversas fuentes de inspiración. En ese sentido, esos conceptos se vinculan con el “trabajo monumental”, así lo sentí sinceramente, expuesto en mi nota. Pero hay algo más. Creo que en el elogio también se incluye la labor del director. La imagen, la banda sonora, el diseño de producción, la dirección de arte y otros rubros tienen la instancia superior en la decisión del director de la película. Será él el que deberá afrontar las consecuencias de sus propias elecciones. Si esto fuera cierto desaparecen, aunque más no sea en parte, las arbitrariedades de dirección mencionadas por el crítico. Y de aquí surge una pregunta: si son destacadas ciertas facetas del trabajo del realizador, las que restan son todo lo contrario? Si así fuera habrá que sospechar de esquizofrénico al responsable máximo. Una lectura más seria, alternativa deseable, podría suponer que dentro de toda la gama de frentes en los que se mueve un director habrá varias que no logran la excelencia. Y, sorpresa, también en eso coincido, parcialmente, con HB: es en el drama donde se pueden encontrar fisuras, aspecto que incluí en la nota exponiendo ciertas reservas respecto de escenas y ritmos que la película contiene. La diferencia fundamental entre las opiniones de HB y la mía es la leche.

Dictaminar como macchietas la labor de actores profesionales con años de experiencia y más que reconocidas trayectorias (como en todo elenco, hay interpretaciones de diverso logro) o mencionar las escuálidas recaudaciones para luego renegar de las dictaduras de los números (me recuerda la frase de Goebbels: miente, miente que algo queda!), incluir en la crónica frases como ...regreso al cine de Luis Puenzo, una década más tarde de su estentóreo fracaso con La peste (el subrayado es mío) o ...la construcción de unos personajes cuyo único espesor es el del papel (cuál papel?) o ...bella Aitana (a quien le toca lucir un pecho menos), qué mal gusto! son algunos elementos que me hicieron pensar, no sin razón, en mala intención, perversión intelectual y cierta inmoralidad (palabra que, pensándola, es francamente dudosa). En cuanto a las cuestiones personales una frase como A la larga, si algo evoca La puta y la ballena es la lenta, aparatosa pesadez de algún cetáceo agonizante, varado en las orillas de un cine que jamás podrá alcanzar no deja mucho margen para interpretar, de tan poco sutil metáfora, que el mencionado cetáceo agonizante, y condenado a perpetuidad, no es otro que el mismísimo Luis Puenzo. Se revela un malentendido frecuente en las críticas nativas: identificar al producto con quien lo produce que llevaría a una máxima como: “si la película no me gusta el que la hizo es un condenado a desaparecer (del mapa)”. Allí se detecta una cuestión personal, un prejuicio despreciable (el prejuicio, no el que lo tiene).

No es el único caso. Recuerdo haber leído en Mar del Plata una crítica a Buenos Aires Delivery (con la cual, personalmente, no sintonizo) en la que HB dice que la película ...huele realmente mal. Peor que el vaho a pescado que viene del puerto marplatense, cada vez que el viento sopla fuerte de ese lado. El comentario no sólo revela una falta total de respeto por la escritura sino que remite a un tufillo que huele mal en la génesis de sus conclusiones. Estoy seguro que se puede expresar el mismo juicio crítico con menor agresión y mayor dignidad.

En el tema de la castración reconozco haberme guiado por la intuición. Es que el cúmulo de tanta mala leche en las crónicas de HB (leo P12 y debo agregar que su sección referida a los videos es, en muchos casos, estimulante) me empujó a imaginar que tanta crueldad pudo haberse generado en alguna experiencia personal donde la castración fue protagónica y, en consecuencia, sólo superable ejerciendo igual conducta sobre los demás.

En cuanto a ...las nuevas generaciones (los Martel, Caetano, Lisandro Alonso, Trapero y demás) diluviaran sobre él, barriéndolo del mapa a partir de mediados de los noventa (en 1995 para ser más precisos) creo tener derecho a mencionar que el nacimiento “profesional”, quiero decir la oportunidad de ejercer el talento en condiciones que permitan manifestarlo plenamente, de algunos de los mencionados (más Bruno Stagnaro, Daniel Burman, Ulises Rosell, Sandra Gugliotta Jorge Gaggero y otros) fue en la primera versión de Historias Breves que tuve el honor, e inconmensurable placer, de generar y producir. Y que quienes conformaron el jurado y seleccionaron a estos excelentes cineastas fueron Eliseo Subiela, Pablo Rovito y Dodi Scheuer integrantes, supongo, de la tribu Barridos por el mapa. Una visión de esa naturaleza desconoce elementales reglas en el desarrollo de la historia y la cultura referida a la continuidad de una actividad tan apasionante como el cine. Se supone, en verdad lo creen los afiliados al club al que pertenece HB, que Sorin y Carri o Mignogna y Solomonoff, citados al azar, devienen en mortales enemigos: de la lucha sólo el más joven sobrevivirá. El otro será sepultado sin dejar huella (me imagino que eso es lo que quiere decir barrido del mapa). Se trata de la horda fraterna freudiana que, dentro de los marcos civilizados, se materializa en nuevos y notables aportes a través de sus obras y no en la aniquilación del Nombre del Padre. Es público mi entusiasmo por la obra de los jóvenes cineastas de nuestro cine como también lo sienten muchos de mis colegas generacionales. Mantengo un diálogo con varios de ellos donde intercambiamos opiniones, a veces incómodas, sobre lo que han realizado. Hay más. Muchos de nosotros, los excluidos del mapa, hemos orientado, formado, alentado y hasta obligado a los estudiantes de cine para que acometan contra las adversidades de filmar películas, de expresarse con total autonomía. Ese es uno de los sentidos de nuestros sueños! como diría Manuel Antín.

Quiero pedir excusas por lo de “empleado”. Me parece un error de mi parte.

Por último, porque esto se está transformando en un largo, un párrafo referido a la declaración de guerra (de guerra a los críticos, o a buena parte de ellos). En alguna oportunidad intenté discriminar entre críticos y opinadores (no sé si es el término adecuado). Sería desatinado hablar, como bien lo señala HB, de un universo generalizado de los críticos. Confieso, con pudor y agradecido, que respeto y sigo los análisis de varios profesionales del tema aun no acordando con todas sus opiniones. Para ser claro: mi modelo fue, y sigue siendo, Alberto Tabbia, un notable intelectual que debería ser rescatado por sus colegas. Pero también Gustavo Noriega, Luciano Monteagudo, el controvertido Quintín, Fernando Martín Peña y otros que publican en diversos medios. Haberlos leído durante una buena cantidad de años me permitió enriquecerme con la solidez de sus argumentos y la inteligencia de sus escritos. En cambio con los “opinadores” que postulan ...la crítica, que consiste no sólo en analizar una película sino también en emitir un juicio (personal) a partir de ese análisis y la furia como fuente de conclusiones, no son parte de mi religión. En verdad, de Perogrullo, filmar una película o redactar una crítica que tendrá estado público es un acto de responsabilidad social. Por supuesto que debe incluir un sesgo de impronta personal de gran peso. Pero si estas acciones no se basan en la calidad profesional (y moral?), el talento, de quienes lo realizan, se atenta contra la convivencia civilizada. Resultan más actos de autoafirmación, no exentos de sadismo, que un aporte a una mejor comprensión de los hechos. Y en ese sentido, contrario a lo que expresa HB, me parece que entre críticos y cineastas hay muchos puntos en común. En ambos territorios no se requieren antecedentes académicos para adjudicarse el rol, son habituales el narcisismo, la soberbia aliada a la intolerancia y otros atributos que, diría un despistado, reflejan el malestar en la cultura. También existen integrantes de notable riqueza intelectual, profesionales y respetuosos. Así que mejor será mirarnos en el espejo. Quizás el Otro no sea el monstruo al que hay que, sí o sí, borrar del mapa sino un Diferente con el cual vale la pena compartir la experiencia.

(*): Bebe Kamin es realizador, directivo de DAC y representante de la misma ante el Consejo Asesor del INCAA.

© DAC-abc guionistas

27/05/2004 09:21:04

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