25/08/2019


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Carlos Sorín escribe sobre el guion de "El camino de San Diego"

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Por Carlos Sorín (*)

En el invierno de 1952, cuando Eva Perón agonizaba en Buenos Aires, se produjeron innumerables manifestaciones de fervor popular. Muchos realizaron hazañas y proezas, como ayunos interminables, records de trabajo continuo, maratones de baile, se batieron marcas mundiales en vuelos de planeador, en caminar para atrás, en acarreo de bolsas, etc. Eran personas comunes que querían colaborar con la salvación de Evita y de alguna manera, participar y estar cerca de su grandeza y también de la eternidad.

Hace unos años, atraído por esas historias, comencé a trabajar en una de ellas. Era en la que dos hacheros deciden traer a pie y cargado al hombro, desde la selva misionera a la capital un enorme tronco de timbó. Tenían la convicción que de esa manera colaboraban con la curación de la líder y protectora.

Por un lado me interesaba la historia como manifestación del pensamiento mágico que, más allá de toda racionalidad, une causa y efecto; pero fundamentalmente me atraían esos lazos intangibles que tejen la relación entre el mito y sus seguidores. Entre Evita y aquellos que la ven como inaccesible, pero al mismo tiempo como una igual, como quién supo, en nombre de todos, llegar a la gloria.

El guion lo abandoné, como tantos otros, pero cuando varios años después, en marzo de 2004, Diego Armando Maradona es internado por una crisis cardíaca en la Clínica Suizo Argentina y el fenómeno de adhesión casi religiosa vuelve de alguna forma a repetirse, retomé la historia de los hacheros, aggiornándola..

La historia ahora es la de “Tati” Benítez, motosierrista y algo menos ingenuo que sus predecesores, los hacheros. Para “Tati” conocer a Diego Maradona, estar cerca de él y quizás poder sacarse una foto con el ídolo, ocupa por entero sus deseos. Y está también en él, en forma difusa, la sospecha que cuando llegue a conocerlo algo en su vida cambiará para mejor. Con estos deseos a cuesta emprende el viaje.
El camino de “Tati” Benítez, a lo largo de la ruta 14, por regiones empobrecidas, está sembrado de desesperanza pero también de ilusiones.

Hacia el final de los títulos encontrarán la frase “Escrita y dirigida por Carlos Sorin”. Pero es sólo de fórmula porque algo hay que poner en los títulos. En realidad el film no ha sido totalmente escrito por mí. Sólo asumo la autoría, cuando en soledad con mi computadora, paso semanas editando, tratando de encontrar el hilo conductor de ese rompecabezas de tomas posibles.

Si bien procuro conservar la estructura narrativa en la que he trabajado en el guion previo, me doy cuenta que lo que aparece finalmente en el film es producto de esa azarosa dinámica de acontecimientos que se pone en marcha cuando comienza el rodaje. Porque mis filmaciones son dinámicas y necesariamente caóticas. Muchas veces tengo la sensación que he sido lanzado en un rápido, en una embarcación sin remos.

Nuevamente trabajo con no-actores. O en algunos casos con casi-actores. Aparte de mi indudable tendencia a complicarme la vida con esta forma de hacer las cosas, el objetivo es el mismo que el de mis películas anteriores: lograr algún momento -más allá de la simulación que implica siempre la ficción- en el cual el film esté próximo a lo verdadero.

Al no haber actores en el sentido literal, tampoco hay un director o una técnica de dirección.

Mi función es mas bien la de promover lo que pasa en la escena y registrarlo en forma interminable, repitiendo hasta el cansancio cada una de las tomas, con la esperanza que en un momento coincidan, se solapen, persona y personaje y aparezca así, algo milagroso, algo que tiene que ver con la verdad, algo real, algo irrepetible.

Con esos momentos –si los consigo-procuro armar mis películas.

Quizás solo sea una ilusión, porque la “realidad” es la realidad y tratar de capturarla sistemáticamente transforma el oficio de filmar en una batalla perdida de antemano.

En ese caso, sólo habré contado una historia.

(*): Carlos Sorón ha filmado La Película del Rey (1986 – León de Plata Festival de Venecia y Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana), Eterna Sonrisa en New Jersey (1989 – protagonizada por Daniel Day Lewis), Historias Mínimas (2002 – Gran Premio del Jurado, Premios SIGNIS y FIPRESCI – Festival de San Sebastián; Premio Goya a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana, entre otros premios), El Perro (2004 - Premio FIPRESCI Festival de San Sebastián). El Camino de San Diego (2006) es su quinto film.

© Wanda Films / abc guionistas

17/11/2006 13:18:45

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