26/06/2019


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El destierro burlado de Jafar Panahi

Jafar Panahi, en su casa
Jafar Panahi, en su casa

Por Eduardo Larrocha

La cámara se fija en un título: "Buried", la claustrofóbica película de Rodrigo Cortés. Es uno entre muchos DVDs que vemos en la casa donde Jafar Panahi está confinado. No parece casual este detalle aparentemente irrelevante de "Esto no es una película". El resultado de su arresto domiciliario y la prohibición de hacer cine lo convierte el realizador iraní en lamento cinematográfico. Panahi se cuestiona qué puede hacer un artista cuando le intentan amordazar.

Desde la denuncia que en mayo pasado presentó Juliette Binoche en Cannes, la comunidad internacional ha reclamado, por ahora sin éxito, su liberación. Él sigue recluido a la espera de la confirmación ¿o no? de una sentencia que le condena a 6 años de cárcel y a 20 de inhabilitación para el desempeño libre de su oficio. Durante 75 minutos -que se hacen cortos si quedamos atrapados en esta red de sufrimiento y libertad- el director de Esto no es una película habla y rueda con su “smartphone”. Cuando le vemos y escuchamos en conversación con su familia, con algún compañero de profesión, con su abogada, con una funcionaria, sentimos alivio al comprobar que al menos puede comunicarse con el exterior.

Mira por donde en la distribuidora española nos comunican que hace pocas semanas a Jafar Panahi le han confinado en un apartamento a 160 kilómetros de Teherán y le han requisado el “iphone”. El retrato de su país que rebota como un eco desde esas cuatro paredes llega a nuestras salas, cuando él está aún más recluido e incomunicado. Su realidad presente es todavía más cruel que lo que vemos en pantalla.

Si podemos contar una película ¿para que hacerla? Se pregunta emocionado el director en su intento de narrar el último guion que hubiera querido rodar. Se cuestiona si mereció la pena realizar "El círculo" y recibir por ello el León de Oro de Venecia o el Oso de Plata que le valió "Offside". La respuesta queda en el aire.

El castigo que le infringen las autoridades de Irán demuestra que ha merecido la pena. No es lícito acallar el impulso creador. Sobrepasar los límites de la censura legitima la obra de un artista.

Como espectadores de "Esto no es una película" sufrimos pensando en todas las mordazas que penden como amenaza en muchos lugares de este Planeta. Sabemos quienes son los que intentan someter a Panahi. Los enemigos de sus enemigos pretenden deslegitimar las opiniones de Günter Gras contra la política del gobierno de Israel con la excusa de que de niño el Premio Nobel alemán militó en las SS. Los casos se multiplican.

Marcado por su amor al cine, Jafar Panahi nos da una lección en "Esto no es una película" al ponernos delante de la vida cotidiana de su arresto. Aunque parezca improvisación, el desarrollo de las secuencias, rodadas unas en plano fijo, otras cámara al hombro por Mojtaba Mirtahmasb, está previamente escrito en guion.

Cannes, Toronto, Nueva York y hace poco Gijón son los Festivales en los que se ha proyectado "Esto no es una película". Hemos tenido la suerte de que alguien sacara estas imágenes en un pen-drive y luego lo escondiera en una tarta para sortear las fronteras de Irán. Ahora llega a nuestras salas. Las redes sociales, las nuevas tecnologías de la comunicación hacen más difícil a los poderosos, por mucho que lo intenten, cerrar todas las puertas al campo de la creación.

abcguionistas

18/04/2012 19:24:38

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