24/08/2019


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El guionista chileno Matías Cornejo reflexiona sobre escribir y dirigir, tras ver "Michael Clayton"

Matías Cornejo
Matías Cornejo

Por Matías Cornejo

¿Quién es Tony Gilroy?

No debería yo hacer esta pregunta, siendo sobretodo un seguidor fiel de la saga "BOURNE". Ni menos, compartiendo el oficio que comparto con Gilroy: guionista.

Hijo del dramaturgo y realizador Frank D. Gilroy, ganador de un premio Pulitzer (nada menor, ya va en ventaja sólo por ADN), Gilroy lleva 20 años en la industria, siendo responsable de títulos como: "Dolores Claiborne", "EL abogado del diablo", "Armageddon", "Prueba de vida", y las tres películas de saga "Bourne".

Hoy suma a la larga lista, "Michael Clayton", escrita por él y dirigida también, aunque Sidney Pollack le ofreció dirigirla. Pero Gilroy rechazó la oferta: se estaba reservando Michael Clayton para sí mismo.

¿Todo guionista desea ser realizador?

No lo creo, de ser así, un alto número de directores no tendrían historias que contar, porque los guionistas que requieren para dirigir estarían en el mismo set dirigiendo ellos mismos sus guiones.

Pero en cada guionista debe descansar una historia que mantiene oculta, la cual si pudiera revelaría él mismo colocando el ojo en el lente de la cámara. Algunos lo reconocen, otros no, pero todos lo sienten: el guion, aquel libreto de 100 páginas anillado, que se distribuye a la gente del equipo, que se raya, se desglosa, es usado por actores y directores en ensayos; por el equipo de fotografía para dibujar la planta de luces; la vestuarista que escucha al director, interpreta el guion y viste al personaje según el estado de ánimo que primará durante la película; los sonidistas, que chequean las locaciones, el ruido o silencio que enfrentan; el asistente de dirección junto al productor que hacen un detalle de extras, locaciones, timing, etc.; el productor ejecutivo que va arrancando hojas porque el dinero de la producción no alcanza para costear la historia completa... El guionista, que sentado en una esquina, café en mano, ve cómo lentamente aquel guion que le provocó desvelos, angustias, dolores de cabeza, arrebatos creativos, iluminaciones, se va manchando de círculos oscuros, usado ya como posavasos, como agenda personal, o lanzado directamente a la basura por parte de quien ya no lo necesite.
Gilroy habrá visto todo eso. ¿Y?

El guion ahora le era propio y propio le era el set para hacerlo película.

"I'm not the guy you kill. I'm the guy you buy off! Are you so blind that you can't see that?
I sold out Arthur for 80 grand. I'm your easiest problem and you try to kill me?"

Con aquel diálogo, dicho por Clayton en un momento clave de la película, en un tono iracundo que denota la ambigüedad moral en la que se mueve, necesaria debido a su "oficio" donde se describe a sí mismo como "janitor", "custodian" o "doorman" (algo como conserje, portero o guardián), me asaltó de sorpresa la mente un recuerdo literario que se proyectaba desde el personaje de Clooney: el antihéore de la novela negra, la literatura hard boiled.

Clayton transmite tal desencanto, comenzando por su impecable vestir todo de negro (recuerdo el diálogo de Walk The Line, "Cash, siempre andas de negro, como si fueras a un funeral", y Cash responde botando el humo de su cigarrillo, "Tal vez estoy yendo a uno"), la sobriedad del negro, la apatía del negro, neutral siempre, nunca llamando la atención, un hombre que es sombra, porque nadie sabe realmente en que trabaja. Para la firma de abogados que presta sus servicios, es quien resuelve todos los problemas, tiene todos los contactos, encuentra la solución concreta.

El personaje se define bien, evoluciona coherentemente, y aunque se ve oprimido por las carencias de otros, por sus faltas, las cuales debe remediar sin cuestionarse nada, deja entrever que en algún momento tuvo ideales opuestos a los que erigen el mundo corrupto y poderoso en que se mueve, mundo que lo usa como herramienta, pero no le da llaves para entrar al Hall Central.

Porque Clayton es sólo el conserje.

La interacción entre los personajes es precisa, tanto en su accionar como en los diálogos sólidos y precisos; la tensión que provocan los reinos invisibles dueños del mercado, capaces de cualquier cosa por mantener al consumidor en la más plena ignorancia, consolida un enigma que evade la atención del espectador: creemos entender qué ocurre, luego nos cambian de carril para darnos una vuelta más antes de continuar con la resolución.
Clayton, como dije, recuerda al detective hard boiled. No son sus pericias detectivescas sublimes (léase Holmes), sino más bien el instinto de sobrevivencia, la experiencia de los años y la pérdida progresiva en la confianza hacia los otros. Clayton se involucra en razón de proteger la famélica ética que va quedando en él.

Y, como dice Willis en Duro de Matar 4.0, debe salvar al mundo porque nadie más lo hará.

( extractos del blog de Matías Cornejo: http://metrajecorto.blogspot.com/2007/12/michael-clayton-oscar-clooney.html )

© abc guionistas

20/12/2007 17:47:24

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