17/11/2019


Noticias de guion

"Hombres fuera de serie": Brett Martin habla en EL MUNDO sobre los guionistas "reyes" de la televisión USA


 

En EL MUNDO han hablado con Brett Martin sobre su libro "Hombres fuera de serie", dedicado a los creadores de las series estadounidenses que han revolucionado el panorama audiovisual hasta el punto de que millones de cinéfilos en el mundo se han tomado en serio la pequeña pantalla y prefieren su ficción a la de muchas películas.

"Una de las características de esta revolución es que ha convertido a los escritores en reyes; a veces te encuentras con reyes buenos y otras con reyes locos, pero siempre se han mostrado como mandatarios absolutos de sus reinos", recuerda por teléfono a este diario el autor del volumen.

En las páginas de Hombres fuera de serie, editado por Ariel, se realiza un ambicioso repaso de la trayectoria de la televisión, en la que Martin señala tres edades de oro: "La primera edad de oro en EEUU hace referencia a los primeros días en blanco y negro, antes de que fuera un medio de masas, cuando nadie sabía bien qué hacer y coincidían grandes directores y obras teatrales. La segunda etapa corresponde a una fase en los 80 y los primeros 90, la última vez que las cadenas generalistas gastaban dinero para crear arte. Esas cadenas alisaron el camino para la tercera etapa y crearon la estructura narrativa con series como Canción triste de Hill Street, Saint Elsewhere y Luz de luna". El espectador actual, según la tesis de Martin, disfruta de esa tercera etapa, con The Shield, Deadwood, Mad Men y Breaking Bad como algunas de las obras de aconsejable -si no imprescindible- visionado.

Grant Tinker, que dejó 20th Century Fox para fundar la compañía MTM Enterprises, destaca en esta transformación por pionero (su empresa produciría, entre otras, la citada Canción triste de Hill Street (1981/1987) y Saint Elsewhere (1982/1988). "En toda revolución necesitas a los artistas, pero también a los ejecutivos que se interesen por el arte", apunta Martin sobre esos mecenas. Los guionistas acudían a llamar a la puerta de Tinker. Se había corrido la voz de que en sus oficinas quien escribía llevaba las riendas del proyecto. Uno de ellos se llamaba Steven Bochco, que en MTM ideó Canción triste de Hill Street para la cadena en abierto NBC y constituyó "una versión inicial de lo que luego sería el showrunner, el trabajo más importante en la televisión a día de hoy», tal y como indica Martin.

El showrunner aglutina las funciones de guionista y productor ejecutivo, es decir, crea un universo propio sobre el que luego manda, sin importar qué estrellas actúen ni qué directores filmen. A finales del milenio, la cadena de pago HBO extendió esa figura plenipotenciaria gracias a la confianza de ejecutivos como Carolyn Strauss, que hoy día produce Juego de tronos entre otras series, y Chris Albrecht, que dejó su cargo empujado por distintas denuncias y hoy día encabeza la cadena Starz.

Como bien sugiere el título del libro, el caso de Strauss supone una excepción en un mundo que hasta hace pocos años ha estado dominado por hombres. "Ese hecho refleja un problema más amplio en la sociedad y en Hollywood, que es que los hombres tienen un sendero más sencillo para llegar al poder", admite Martin.

Después de la eclosión en HBO de Los Soprano (1999/2007), David Simon fue showrunner en The Wire (2002/2008) y Alan Ball en A dos metros bajo tierra (2001/2005). Cuando llegó a oídos de Ball que Chase echaba de menos hacer películas tras seis temporadas al frente de Los Soprano, preguntó con sorna: "¿Qué películas?". Lo decía el hombre que había ganado un Oscar al mejor guion original por la cinta American Beauty (1999). Gran parte del talento emigraba del cine rumbo a la televisión, por ejemplo Glenn Close en Daños y perjuicios (2007/2010).

La fecunda generación de esta edad de oro recuerda a aquella otra de renovadores del cine de los 70, entre los que se contaban Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. "Chase venera a esos directores. Las similitudes entre una y otra generación radica solamente en que unos y otros, cuando tuvieron la oportunidad de hacer arte, la aprovecharon al máximo", responde Martin. Scorsese ejercería de productor ejecutivo y director del capítulo inaugural de la serie Boardwalk Empire, acerca de los orígenes de la mafia en torno a Atlantic City; poco después, Dustin Hoffman aceptaría el papel principal de la ficción televisiva Luck, sobre corredores de apuestas asiduos al hipódromo. Para encontrar los grandes nombres del cine de los 70, 40 años después, hay que recurrir al mando a distancia.

Hombres fuera de serie, Difficult Men en su versión original, narra historias de showrunners tan inverosímiles como la de David Milch, quien después de trabajar en Canción triste de Hill Street creó junto con Bochco Policías de Nueva York (1993/2005), que también se pudo ver en una cadena generalista, la ABC. Ya en solitario, Milch dio forma a un western para el canal de pago HBO, Deadwood (2004/2006).

Trastornos obsesivo-compulsivos y adicciones al alcohol y a la heroína acercan al plano de la ficción la vida real de ese guionista abonado al exceso, capaz de orinar sobre las flores desde la ventana de su despacho, sortear miles de dólares en loterías organizadas para sus compañeros de equipo o compaginar noches de parranda en Las Vegas con su trabajo diurno, al que volvía en avión a primera hora de la mañana. No extraña por lo tanto que su primera versión de Deadwood transcurriera en la Antigua Roma, en lugar de en la América de finales del siglo XIX. En el estudio de grabación, a Mills se le adjudicó con tino el apodo de Calígula.

A Martin le cuesta establecer una pauta en la personalidad de los genios que acierta a retratar, al margen de la propensión común a lucir ropa extravagante: "Todos los hombres del libro son muy diferentes, salvo que todos tienen una visión muy fuerte y que saben lo que quieren con mucha precisión. Vieron su oportunidad y lucharon con cualquier obstáculo de la industria para convertir en real lo que tenían en su cabeza". El autor recapacita mientras se le escapa la risa: "La verdad es que David Simon viste como un estibador".

Uno de los capítulos del libro está dedicado a Shawn Ryan, otro usuario habitual de zapatillas deportivas. A este guionista le llegó la fama por sacar adelante The Shield (2002/2008), una serie policíaca con tanta testosterona por capítulo que sólo encontró hueco en la cadena FX de Fox, directamente enfocada al público masculino. En The Shield, si había que grabar una escena en el tráfico real de la abarrotada ciudad de Los Ángeles, se hacía sin que nadie se detuviera a pensar en las consecuencias. Los responsables de la serie resumían el estilo del director Clark Johnson con la expresión filma el perro, después de que éste, en una arrebatada ocurrencia, exigiera a sus cámaras la grabación de una jauría de chuchos a los que había arrojado un pedazo de salami. Ningún anunciante quería comprar espacios publicitarios en ese imprevisible volcán de adrenalina, hasta que repararon en las empresas de videojuegos y cerveza.

Otro punto en común: los guionistas aparecidos en este libro no cejaron en su empeño pese a las largas o directamente el rechazo de los responsables de las cadenas. Los Soprano, Mad Men y Breaking Bad fueron repudiadas en su día. "Cualquier serie ha sido rechazada más veces que aceptada: forma parte de la naturaleza de este negocio", argumenta el autor del libro.

Hombres fuera de serie, interrumpido por la mudanza de Martin a Nueva Orleans, ha requerido "tres años sin trabajar todos los días". La semilla brotó durante la cobertura que el escritor hizo del rodaje de Los Soprano. "Fue alucinante verlo, estar en el set, con toda esa gente trabajando mientras un solo hombre se situaba en el centro, controlándolo todo, con la presión que eso implica", recuerda Martin sobre el trabajo de Chase. "Los Soprano (1999/2007) supuso un fenómeno y dejó claro que América y el mundo estaban preparados para ver retratos más complicados de seres humanos", sostiene.

Chase lideraba una competitiva sala de guionistas por la que pasaron, entre otros, Todd Kessler, que una vez despedido lanzaría el drama legal Daños y perjuicios, y Terence Winter, que encabezaría Boardwalk Empire. Matthew Weiner también se fogueó en Los Soprano antes de brindar Mad Men a la televisión.

Según el relato de Martin, Weiner se subía por las paredes cada vez que Chase desechaba ideas surgidas en la sala de guionistas sin dar explicaciones, como si el creador de Los Soprano quisiera saldar cuentas del pasado y sólo respondiera ante sus manías personales. Sin embargo, luego Weiner gozaría de un cargo similar, al mando de Mad Men desde 2007. Si el maestro Chase había prohibido los planos de la nuca de los personajes de Los Soprano; el discípulo Weiner convertiría la silueta de espaldas del protagonista Don Draper en la imagen más emblemática de Mad Men. Los egos se batían en duelo.

"La trayectoria de Weiner es una extensión de la de Chase", asegura Martin sobre Weiner, que se negó a conceder una entrevista con motivo de Hombres fuera de serie. El guionista contaba con la excusa de que Mad Men no había cesado sus grabaciones, pero tampoco lo había hecho Breaking Bad de Vince Gilligan, quien sí atendió a Brett Martin. "No sé de dónde vienen todos los comportamientos de Walter White, porque Gilligan es una de las personas más agradables que he conocido en este negocio", expone Martin sobre ese showrunner y el personaje principal de Breaking Bad (2008/2013), más y más despiadado a medida que avanza la serie.

Hay, claro, muchas series que se quedan fuera de la recopilación de Martin. "Lo más importante es cómo tecnología, negocio y arte confluyeron para originar un momento de auge en los años de la televisión por cable, en torno a los años 2000, con un formato tan específico como el de 13 episodios. Uno cuenta lo que puede contar. Esto es un libro y no una enciclopedia", se disculpa.

Hombres fuera de serie sí expone diferentes planteamientos que invitan a la reflexión del seriéfilo, por ejemplo el origen de cuadrar las temporadas en alrededor de una docena de episodios de una hora de duración. Algunos entienden que se trata de un vestigio de las antiguas temporadas de 22 capítulos, en las que se encargaban 13 en un principio. Milch, por el contrario, apunta condiciones numerológicas, ya que "la forma y el contexto se fundamentan mutuamente": la existencia de 12 meses por año y dos mitades de 12 horas por día habían convertido ese número "en un principio temático". La televisión, en la que conviven fríos datos y fulgor artístico, ya es objeto de estudio. Los padres de Martin no pensaban igual cuando le sobornaban con juguetes para que pasara largas temporadas lejos del televisor.

EL MUNDO / Noticine

17/07/2014 09:21:09

También te puede interesar:

Te recomendamos leer:

Si te ha sido útil la noticia y deseas compartirla con más personas puedes hacerlo desde aquí, pulsando los botones.