24/06/2019


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Jaime Rosales escribe sobre "La soledad"

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Por Jaime Rosales (*)

Todo empieza con una emoción. Una emoción difusa sobre la vida, sobre el mundo que nos rodea, sobre cómo nos relacionamos los unos con los otros. Esa emoción se transforma en una necesidad de hacer una película; en compartir con el espectador una serie de inquietudes, una cierta angustia también. La muerte está, de alguna manera, en el centro de esa angustia. Estamos diseñados para sufrir y también para superar el sufrimiento. Somos seres duros y sensibles, pero al final, nuestra dureza supera nuestra sensibilidad. La película retrata momentos de dureza y momentos de fragilidad en la vida de los personajes. Al final, la vida continúa siguiendo su curso a través del tiempo.

Me interesan las relaciones humanas; me llama mucho la atención la forma extraña en que tenemos de tratarnos los unos a los otros. Hacemos bromas sobre cosas serias. Escondemos nuestras intenciones para lograr engañar al otro y lo que logramos de esta manera es confundirnos más de lo que lo estábamos. Podemos llegar a odiar a las personas que más nos quieren. Le damos mucha importancia al dinero. El dinero está presente en casi todas nuestras acciones, en casi todas nuestras conversaciones. En general, creo que tenemos buenas intenciones los unos sobre los otros aunque no siempre somos capaces de mostrar lo que pensamos y sentimos realmente.

Estamos acostumbrados a que una película cuente una historia. En esta película se cuenta la historia de dos mujeres: Antonia y Adela. El relato avanza a partir de las cosas que les van pasando a una y otra. Las emociones que se desprenden de lo que hacen o lo que dejan de hacer y la manera en que se relacionan con los personajes de su entorno forman la columna vertebral de la película. Pero, desde mi punto de vista, realizar una película no consiste únicamente en tejer una historia mediante una tecnología audiovisual. Sin renunciar al placer que proporciona el relato, el director de cine tiene el deber de añadir otras dimensiones a su obra. La creación cinematográfica pasa por encontrar nuevas formas de percepción. Encontrar maneras nuevas de mostrar imágenes o enlaces entre imágenes. Aunque se corra el riesgo de fracasar, hay que intentar ir más allá. Ahí es donde entra la polivisión.

La polivisión

La polivisión ha consistido en dividir la pantalla (formato cinemascope) en dos mitades iguales. Cada mitad corresponde a un punto de vista diferente sobre una misma escena. A veces se trata de dos ángulos sobre un mismo espacio (por ejemplo la cocina de una casa vista desde dos posiciones distintas). Otras, una visión simultánea sobre dos fragmentos de un espacio escénico más amplio (por ejemplo, el comedor y el salón de un apartamento sobre el que los personajes vienen y van).

La idea detrás de la polivisión ha sido crear un código homogéneo a partir de un conjunto de reglas cuya función es aportar un sistema de percepción distinto al del formato natural. El reto y la dificultad han consistido en lograr un cierto distanciamiento y ruptura respecto a la lectura natural sin que dicha ruptura constituya un freno al tránsito de emociones. Alrededor del 30% del metraje total está rodado en polivisión.

(*): Tras estudiar Empresariales, Jaime Rosales estudia cine en escuelas de Cuba y Australia, y trabaja como guionista para televisión hasta marzo del 2001. Tras el éxito de su primer largometraje, "Las horas del dia", ahora estrena "La soledad", que acaba de participar en Cannes y cuyo guion coescribió con Enric Rufas.

© WandaVisión / abc guionistas

31/05/2007 07:13:36

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