08/03/2021


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Marie Noëlle escribe sobre "La mujer del anarquista"

Noëlle
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Por Marie Noëlle*

Mi madre creció en Madrid sin un padre. Le vio por primera vez con dieciséis años, en Francia. El hombre que se suponía que era su padre le resultaba casi tan desconocido como el país en que debía vivir a partir de ahora. Yo he intentando preguntarle sobre esa época de su vida, pero, cada vez que lo hacía, parecían afectarle extraños ataques de amnesia, como si tuviera miedo de que las desgracias del pasado resurgieran y acabaran engulléndola.

Las historias vagas e inconexas que me contaba nunca satisfacían mi curiosidad. Al final, me quedaba con un puñado de anécdotas, unas frases, imágenes y atmósferas... solamente pedazos de un gran rompecabezas que apenas podía imaginar. Comencé a leer e investigar sobre ese periodo y, con el tiempo, pude comenzar a conectar unas piezas con otras, a mi manera. La historia que surgió podría ser la de mi familia, aunque la imaginación y la libertad de la ficción han sido mis mejores aliados.

Si bien es la Guerra Civil la que fuerza a los personajes de mi historia a buscar refugio en Francia, también podría haber sido cualquiera de las numerosas guerras de hoy. Por desgracia, la lista de los conflictos armados crece día a día y, más que nunca, nos vemos enfrentados a masacres y exilios. Los refugiados, que huyen de la guerra hacia una seguridad inexistente, cargando con ellos mismos y lo que puedan llevar en sus manos, son un solo pueblo que se reparte por todo el mundo. Los problemas que deben afrontar son escasamente diferentes a los de hace cincuenta años. Día a día, somos testigos de familias separadas brutalmente y de lo que significa para ellos perderlo todo: sus posesiones, su cultura, su lengua y, posiblemente, su identidad. Para integrarse en su nuevo país y recrear su identidad, los emigrantes eligen frecuentemente olvidar su pasado.

Para mí, esta película es, por encima de todo, una historia de amor, una historia sobre el poder del amor y la fantasía. La “Historia”, tal como la conocemos a través de los libros, es solamente el telón de fondo en el que los personajes, con su dolor, sus sueños, sus luchas, esperanzas y decepciones son llevados a la vida. La guerra es una enfermedad infecciosa que afecta a la humanidad, pero la gente tiene una capacidad increíble para sobrevivir e incluso resurgir de ella más fuertes todavía.

Mis personajes han perdido sus raíces, y su historia es la del exilio. El amor y su fe inquebrantable en un mundo mejor los mantienen con vida. Pero ¿a qué precio?

Mi abuela, que me inspiró para escribir "La mujer del anarquista", tenía mucha fantasía y contaba muchísimas historias, siempre fascinantes, pero uno nunca sabía si te estaba contando un cuento que se acababa de inventar o si había ocurrido de verdad. Por ello, al principio yo sólo quería informarme sobre los hechos, nada más.

“La historia es una invención que se alimenta de los materiales que le concede la realidad”, dice el poeta y ensayista Hans-Magnus Enzensberger. A lo largo de mis investigaciones, di con mucho “objetivamente real”: al final descubrí que la larga separación de mis abuelos a causa de la guerra, su amor incondicional y la trágica historia de su exilio parecían ser una historia para la gran pantalla. De pronto sentí ganas de contarla, como si necesitara llenar los “hechos” otra vez con vida palpitante.

Es la primera vez que Peter Sehr y yo apostamos por una historia vinculada a nuestra biografía. Para mí fue mucho más difícil escribir este guion, al principio carecía totalmente de distancia.

El problema de la generación de nuestros padres es que no se atrevieron a hablar con sus padres sobre el pasado. En España no existe apenas una familia intacta, una que no haya sido distorsionada, donde no hayan luchado unos contra otros, donde no haya ningún exiliado. La guerra civil nos ha marcado a todos, hasta el día de hoy, cuando continúa la tarea de la apertura de fosas y la recuperación de la memoria.

Hay muchas penas y heridas, y éstas se plasman en los hijos, aunque no lo hayan vivido directamente. El hecho de que nada haya sido verbalizado, que todo esté lleno de rincones oscuros, y nadie sepa qué monstruos se encuentran durmiendo allí hace que sea tan importante empezar a hablar, sin que importe mucho el cómo, quién y dónde, el orden o la precisión. La verdad subjetiva es lo importante en este caso, sólo así podemos compararla con la verdad objetiva y posicionarnos al respecto, reconocer mejor nuestra identidad.

Cualquiera que sea la época, las mismas tragedias se repiten, las mismas masacres. La guerra y el exilio, por desgracia, también forman parte de nuestra época. Los que han escapado a la muerte o a una vida miserable jamás formarán parte de nada y estarán para siempre desposeídos de lo que han vivido en su patria. Y para integrarse en su nuevo país, para reconstruir su identidad, los emigrantes a menudo se desprenden de sus recuerdos.

El proceso de la memoria es fascinante ―lo he vivido con mis familiares y hablando con testigos de la época―: ellos no “mentían” adrede, las cosas eran así, como si lo hubieran asumido todo de alguna manera para poder sobrevivir al trauma, algo que forma parte de la superación individual.

Cuando empecé a escribir, no lograba acordarme de la voz de mi abuelo. No recordaba si tenía un acento al hablar francés, qué clase de giros utilizaba, etcétera. Mis recuerdos esbozaban un hombre enjuto que inventaba juegos raros y maravillosos para sus nietos, un hombre rodeado de misterio. Cuando murió, yo era demasiado joven. Sin embargo, él me dejó una isla de fantasía que siempre me rodeaba de su calor entrañable.

Desde el 28 de enero hasta el 9 de febrero de 1939, en el transcurso de dos semanas, cerca de 500.000 españoles entran en Francia a través de la frontera catalana inundando prácticamente la zona del Rosellón. No hay nada preparado para su acogida. En la frontera, los hombres entregan sus armas a las autoridades francesas (el gobierno de Vichy las devolverá más tarde al gobierno de Franco) antes de ser dirigidos hacia los campos improvisados que ni siquiera les ofrecen un techo para cobijarles y que deberán construir ellos mismos bajo la estricta vigilancia de los gendarmes o de los tiradores senegaleses: Argelès-sur-Mer, Saint Cyprien, Gurs, Le Vernet, Septfonds. Abandonados por el gobierno francés, viven en la miseria y en la más completa destitución. Más de 15.000 personas fallecen durante las primeras semanas de exilio. Nunca olvidarán esta humillación.

Pero en 1940, cuando los alemanes ocupan Francia, los españoles que han huido del franquismo están al tanto del peligro de un enfrentamiento con el ejército de Hitler. Para ellos, la guerra continúa: defender a Francia es defender a su propio país. Después de la derrota del ejército francés, serán los primeros en luchar contra el nazismo formando rápidamente un auténtico ejército en la sombra, precursores de la resistencia clandestina francesa. Pagarán caro este enrolamiento. Mueren más de 35.000 refugiados en los frentes, en los combates o en los campos de concentración o de exterminio, sin contar los cerca de 40.000 españoles desplegados en Alemania de 1942 a 1944 como miembros del STO (trabajo obligatorio en Alemania). Durante el “proceso de los terroristas de la Unión Nacional”, el gran proceso a la resistencia que tiene lugar en París en 1943, se cuentan 150 españoles. De los 7.189 españoles deportados a Mauthausen, 5.015 no han regresado. Muchos esperan todavía hoy un agradecimiento por parte francesa.

Además, tras su victoria, los Aliados aíslan a la España franquista: la frontera con Francia permanecerá cerrada de 1945 hasta 1949. Es en el exilio donde la oposición reconstituye poco a poco sus organizaciones: PSOE, PCE. Pero cuanto más tiempo transcurre, menos se entienden mutuamente los exiliados y la oposición del interior. En efecto, los exiliados, demasiado ajenos a las nuevas realidades españolas, tienen muchas dificultades para admitir que “la guerra ha terminado”.

"La mujer del anarquista" no es una película más sobre la guerra civil sino sobre la época que la siguió. Aparte de la película de Jorge Semprún y Alain Resnais ("La guerre est finie", con Yves Montand e Ingrid Thulin en los principales papeles) no hay más películas sobre los republicanos exiliados. Nuestro proyecto tenía que ver con la guerra civil y al mismo tiempo era nuevo.

(*): Marie Noëlle, descendiente de españoles, ha trabajado como escritora, guionista y directora desde 1982. En 1979 comienza su colaboración con Peter Sehr, montando, coescribiendo o codirigiendo algunas de sus películas. La última, "La mujer del anarquista", escrita por ella y coproducida por Alemania, Francia y España, tiene como protagonistas a Juan Diego Botto y María Valverde y se estrena este viernes en España.

© Alta Films-abc guionistas

20/01/2009 19:08:25

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