23/09/2019


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Ole Christian Madsen escribe sobre "Flame y Citron"

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Por Ole Christian Madsen *

"Flame y Citron", que he escrito con Lars K. Andersen, es la historia de dos miembros de la resistencia danesa, Bent Faurschou-Hviid y Jørgen Haagen Schmith, más conocidos por sus apodos o nombres de guerra: "Flame y Citron". Fueron dos de los personajes más singulares de la resistencia. Hubo pocos como ellos, y al hacerles protagonistas de mi película, podía apoyarme en la mitología que les rodeaba.

Aunque han sido necesarios ocho años de investigación, es una adaptación libre de los hechos reales. En Dinamarca no hay una tradición para este tipo de películas. Me parece que en este país somos increíblemente puritanos acerca de nuestra historia. Pienso que, más allá de la exactitud histórica, hay formas de interpretar la realidad que aunque no se correspondan absolutamente con la realidad a veces son más verdaderos. Pero no acabamos de entender que la ficción puede tener un papel activo en la formación de nuestra identidad, lo cual es una pena, porque supone que no tenemos un sentido real de nuestra historia.

Para hacer "Flame y Citron", elegí el camino de dejar más libertad a la ficción porque, en mi opinión, es una atrocidad que nunca se le haya permitido a la ficción ayudar a narrar la historia danesa.

Esencialmente, he hecho la película que habría hecho si hubiera estado ambientada en la actualidad, evitando todo lo que pudiera recordar a una película histórica: buena parte del esfuerzo de estilo se ha centrado en suprimir la distancia entre 1944 y el presente, tratando de saltar sobre esos sesenta años y hacer que desaparecieran para el público.

En la realidad, Flame, un personaje agradable pero flemático, estaba obsesionado con las armas de fuego desde muy pequeño. Se crió en Asserbo, al norte de Copenhague, donde su padre regentaba un hotel. Tuvo una complicada relación con su padre, al que despreciaba por la simpatía que sentía hacia los alemanes, a cuya autoridad se plegaba. Cuando su padre lo envió a Alemania para hacer prácticas como camarero, desarrolló un profundo odio por el fascismo. A su vuelta a Dinamarca, se enroló en la Marina y aprendió a disparar (fue tirador del año en 1941). Muy joven, con 19 años, se unió a la resistencia.

Citron, diez años mayor, era completamente distinto. Su padre murió cuando él era pequeño y su madre tuvo que llevar la casa y criar a cuatro hijos con su pensión de viudedad, así que creció pobre pero digno. Citron siempre tuvo problemas con la autoridad e incluso su propia familia le consideraba un perdedor. Le fascinaba la vida bohemia y durante unos años trabajó como director de escena de un teatro de variedades judío. Allí conoció a Bodil, mucho más joven que él. Ella se quedó embarazada enseguida, pero a Citron le costó establecerse. A pesar de que era uno de los miembros de la resistencia de más edad, actuaba en la calle (lo que se reservaba para los más jóvenes, sin compromisos familiares).

Tanto Flame como Citron parecían adaptados a la guerra, y siguieron luchando, a pesar de que todos los que les rodeaban les decían que no lo hicieran. A través de ellos he tenido la oportunidad de explorar la psicología humana en situaciones de crisis. Al contar la historia de estos dos “ilegales”, como a los propios miembros de la resistencia les gustaba a veces llamarse, he tratado de hacer de ellos héroes modernos, con quiebras en el alma, dudas e inseguridades, para que podamos reconocernos en ellos. Además, quería examinar lo que es la guerra y sus efectos sobre las personas. ¿Cuál era su dilema moral? ¿Fue acertado lo que hicieron? ¿Y a qué precio? Para hacer lo que hicieron, tuvieron que desmontar su humanidad. Por eso precisamente pienso que habría habido muy poca esperanza para ellos cuando la guerra terminara. Habría sido demasiado tarde. Se podría decir que mi película es una investigación de lo que le sucede psicológicamente a alguien que se sacrifica en una guerra. Indirectamente, esta película dinamita la imagen que se había creado de la resistencia danesa como un conjunto cohesionado. En realidad, la gente se movía en zonas grises, en las que todo lo que era negro y blanco cuando empezó la guerra se fue convirtiendo lentamente en una niebla que borraba lo que era acertado y lo que no lo era y nadie era lo que parecía ser. ¿Por qué había que contar la historia de Dinamarca como tierra de resistencia, si no lo fue en la realidad? Nosotros colaboramos con los alemanes. No hubo más de mil miembros activos de la resistencia en todo el país: nadie se atrevía a serlo. ¿Por qué se mantiene todavía esa distorsión colectiva que creamos? Obviamente, por edad, no viví el 9 de abril de 1940, pero me crié en una familia de oficiales del ejército y mi abuelo estuvo muy cerca de la resistencia. De pequeño, solía sentarme a una mesa junto a esos viejos luchadores para escuchar sus historias, en las que se hablaba de un sentimiento de vergüenza. Así que siempre sentí que sabía lo que había pasado el 9 de abril y de lo que representaba y las sensaciones que despertaba.

(*): Ole Christian Madsen (Dinamarca, 1966) dirigió en 1999 su primer largometraje cinematográfico, "Pizza King", que obtuvo el Premio Luna de Plata del Cinema Jove de Valencia. También han recibido premios internacionales sus siguientes títulos: "Prague", "Nordkraft" y la película Dogma "Kira’s Reason. A Love Story", galardonada con los premios Robert y Bodil como Mejor Película del Año. "Flame y Citron", que tuvo a sus dos protagonistas -Thure Lindhardt y Mads Mikkelsen- nominados a los Premios del Cine Europeo, concursó en la última Seminci de Valladolid, y se estrena este viernes en España. Madsen coescribió el guion con Lars Andersen.

31/12/2008 09:52:50

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