20/06/2019


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Paolo Sorrentino escribe sobre "Un lugar donde quedarse"

Penn y Sorrentino
Penn y Sorrentino

Por Paolo Sorrentino *

En lo que a mí se refiere, cada película debe ser una caza desenfrenada a lo desconocido y al misterio, no tanto para encontrar una respuesta como para seguir manteniendo viva la pregunta. Durante la preparación de "Un lugar donde quedarse", una de las muchas preguntas que me planteaba constantemente se refería a la vida secreta, misteriosa, que en cualquier rincón del mundo se ven obligados a llevar los criminales nazis, hombres que en la actualidad tienen la apariencia de ancianos inocuos y afables, pero que cometieron el peor de los crímenes: el exterminio de un pueblo.

Para sacar de su madriguera a uno de esos hombres se requería una caza y para que haya una caza hace falta un cazador. Y aquí entra en juego otro elemento de la película: la necesidad instintiva que tengo de insertar en la acción dramática un componente irónico. Para ello, junto a Umberto Contarello, empecé a descartar las hipótesis del cazador “institucional” de nazis y poco a poco llegamos a un personaje completamente opuesto: una antigua estrella del rock lenta y perezosa, lo bastante aburrida y cerrada en su propio mundo autorreferencial como para que sea, aparentemente, la figura más alejada de la insensata búsqueda por todo Estados Unidos de un criminal nazi, que con toda probabilidad ya estará muerto. El fondo del gran drama del Holocausto y su aproximación a un mundo opuesto, fatuo y mundano por definición, como el de la música pop y de uno de sus representantes, me pareció una combinación lo suficientemente “peligrosa” como para dar vida a una historia interesante. Porque creo que solo en el peligro del fracaso el relato puede vibrar con autenticidad. Espero haber esquivado el fracaso.

Cheyenne, el personaje central, es infantil pero no caprichoso. Al igual que tantos adultos que han permanecido anclados a su infancia, tiene el don de conservar solo los aspectos más limpios, conmovedores y soportables de los niños. Su voluntaria y prematura retirada del escenario le obliga a llevar una vida que no sabe muy bien cómo enfocar y se arrastrando entre el aburrimiento y un ligero estado depresivo. Flota. Y a menudo los hombres que flotan encuentran en la ironía y la ligereza la única posibilidad decente de estar en el mundo.

Esta actitud tiene una correspondencia exacta en la percepción que los demás tienen de él: Cheyennes es reamente un involuntario portador de alegría. Y cuando en la película afirma con ingenuidad que “la vida está llena de cosas bonitas”, nos sentimos inclinados a creerle, porque es como si hablara un niño y es tranquilizador pensar que los niños siempre tienen razón.

No se puede decir que he hecho una película sobre el Holocausto. "Un lugar donde quedarse" está ambientada en nuestra época y en ella solo se atisba aquella enorme tragedia como por unas rendijas, a través de tímidas intuiciones o deducciones. Pero lo que sí quería es que el telón de fondo del Holocausto angustiara el hoy del relato de esta película. He intentado hacerlo desde un punto de vista diferente. La película se concentra, sobre todo, si bien con un pudor que dicta mi biografía, sobre otra columna central: la ausencia, que por definición posee siempre una presencia, de la relación entre padre e hijo.

Sean Penn es el actor ideal para un director, porque es sumamente respetuoso con las ideas del director y no solo tiene el don de mejorarlas sino que además tiene un enorme talento, que le permite llegar a una autenticidad y una profundidad para su personaje incluso desconocidas para mí.

Tuve mucha suerte cuando Frances McDormand aceptó interpretar el personaje de Jane, porque, con Sean Penn, aseguraba la dimensión festiva de la relación entre los personajes, no solo por la contraposición entre lo abstracto y lo concreto que buscamos Umberto Contarello y yo en el guion sino porque ambos actores tienen una actitud natural para hacer reír. Para convencer a Frances McDormand le escribí una carta en la que le decía que si rechazaba el papel modificaría el guion y haría a Cheyenne soltero o viudo. Y era verdad. No conseguía pensar en ninguna otra actriz que no fuera ella, y cuando me reuní con ella pude confirmar la idea que me había hecho de ella, una mujer de inteligencia rapidísima, conjugada con una ironía imprevisible e inagotable.

Mary es una joven amiga y fan de Cheyenne, marcada por un dolor que este intenta aliviarle como puede, pero, a la larga, será ella, a pesar de su juventud, la que alivie el dolor de Cheyenne: me parecía un interesante intercambio de papeles. Para este personaje elegí a Eve Hewson, una joven actriz irlandesa muy prometedora.

Harry Dean Stanton es uno de mis ídolos cinematográficos, y como para esta película tenía la posibilidad de contar con actores estadounidenses uno de los primeros a los que recurrí fue precisamente Harry Dean Stanton.

Inconscientemente, seguro que ha habido muchas referencias cinematográficas, pero de forma consciente tengo que decir que mientras hacía "Un lugar donde quedarse" pensé a menudo en esa obra maestra de David Lynch que es "A straight story. Una historia verdadera" (1999).

(*): El napolitano Paolo Sorrentino debutó en 2001 con "L’uomo in più", a la que siguieron "Le conseguenze dell’amore", "L’amico di famiglia" y la más conocida de todas ellas, "Il divo" (2008), presente en Cannes. Un miembro del jurado que allí la vio y la premió, Sean Penn, quedó prendado por el talento de su director y le ofreción trabajar para él cuando quisiera. De ahí nació "Un lugar donde quedarse" (This must be the place), que se estrena esta semana en España tras pasar con más pena que gloria por Cannes 2011.

ALTA FILMS / Noticine

09/05/2012 18:51:41

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