20/06/2019


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Reflexiones: Las seis razones por las que están desapareciendo los guionistas, según Grupo Furtivos

El último mono
El último mono

El anónimo Grupo Furtivos, que periodicamente publica artículos de fondo en El Confidencial sobre los problemas y soluciones de la industria cinematográfica española, ha dedicado a los escritores para la gran pantalla un artículo titulado "Las seis razones de la extinción del guionista", un profesional que -aseguran- debería "protegerse frente a productores y directores, igual que se protege al lince ibérico, para evitar el derrumbe creativo del cine español".

De manera resumida, estas serían las seis causas de la progresiva desaparición de la figura del guionista para Grupo Furtivos:

1. La precariedad laboral
Al guionista de cine le resulta imposible vivir del cine. Es una víctima más de la decadencia del sector, pero su caso, como primer artífice de la obra, es especialmente sangrante: hace 10 años se pagaba por un guion de cine el doble que ahora. Cabe señalar que el tiempo en el que se desarrolla un guion, desde la génesis de la idea hasta la versión definitiva, no suele ser inferior a los tres años. La crisis, cierto, ha hecho estragos, pero también ha estimulado la mala praxis de algunos productores oportunistas en lo que respecta al guionista.

Gracias a este tipo de productores que hacen del "riesgo" su razón de ser, los guionistas profesionales, sin ningún sindicato fuerte que los defienda, están condenados a extinguirse.

2. La ausencia del productor cineasta
Pareja a la extinción del guionista ha ido la retirada paulatina del productor cineasta, entendiendo como tal aquel productor que vive exclusivamente de las películas que impulsa con enormes dosis de tesón y talento. Este es el drama principal del cine español en general y de los guionistas en particular, ya que estos últimos han perdido a su principal cómplice por el camino.

Por desgracia, los escasos productores cineastas que quedan hoy, en lugar de invertir su tiempo en ser el frontón más eficaz del guionista, gastan todas sus energías en sobrevivir en una jungla donde reina un animal con dos cabezas llamado duopolio.

3. La hegemonía del director tóxico
Todos los que empiezan en el cine pretenden ser directores y convertirse, de este modo, en el "autor total" de la obra. Aquella vieja máxima de que el verdadero autor de una película es el director, urdida en los años sesenta por un grupo de franceses egocéntricos, ha calado hondo durante décadas y pervive en nuestros días con idéntica fuerza.

Hay casos de directores –pocos– que escriben, dirigen e incluso producen, convirtiéndose así en el máximo autor de la obra, pero esta no es la norma. La mayor parte de los directores parten de guiones ajenos o buscan alianzas con guionistas que en algunos casos son prósperas, pero que, en la mayor parte de los casos, son tóxicas.

Son muchos los directores que tienden a vampirizar al guionista, útil al inicio del proceso, pero molesto al final del mismo. Para reforzar la idea de que la película es del director, este no dudará en firmar un guion que no es suyo porque un día sugirió una secuencia nueva aquí y unas líneas de diálogo allá. Más tarde se esforzará para que el nombre del guionista no aparezca en el dossier de prensa.

4. La traslación del folio a la pantalla
El director tóxico no suele ser brillante. Si lo fuera, no malgastaría su tiempo en arrinconar al guionista y en convencer al productor de que es mejor que en los rótulos de crédito aparezca "una película de". Además, destaca por no saber escribir aunque su firma aparezca en los guiones, pero esto no es lo grave… Lo grave es que tampoco sabe leer: son numerosos los guionistas que han visto sus ideas tan devaluadas que la película resultante de su obra es una completa desconocida. Para que esto no suceda, la única salida que les queda a los guionistas es dirigir sus propios guiones, pero alguien les ha dicho que para dirigir es imprescindible saber de óptica. Falso. Para dirigir es necesario tener una historia y unas imperiosas ganas de contarla.

5. Invisibilidad y escasa influencia
El guionista suele tener el ego bajo control y no le incomoda ocupar un puesto en la segunda línea de armas. Pero una cosa es que ocupe un puesto en la segunda línea y otra muy distinta es que acepte el ninguneo sistemático cuando es el creador original de la obra. Antes de que el guionista llegara a la fiesta sólo había una pantalla en blanco. Después de que llegara, hay 90 páginas escritas con las que empieza a trabajar todo el mundo, incluidos los actores. Resulta curioso que estos últimos, a la hora de agradecer sus premios, jamás se acuerden del guionista.

6. El refugio en la ficción televisiva
Hay que cambiar de medio para que el guionista pueda hacer oír su voz. Al margen de que las series de ficción proporcionan una estabilidad económica mayor que la que proporciona el cine –bueno, tampoco hay que tirar cohetes–. Los guionistas curtidos en la pantalla grande o en la pequeña, lo mismo da, saben que la televisión les presta más atención.

No es que la televisión sea más generosa con el guionista de lo que es el cine; simplemente la verdad ha caído aquí por su propio peso: ¿quién mejor para decidir los designios de la serie que su propio creador? En un primer momento, el hecho de que el guionista se convirtiera en el jefe de todo esto no es algo que calara bien entre los directivos –tradicionalmente los productores ejecutivos de las series venían de la producción pura y dura–, pero al final se ha impuesto el pragmatismo heredado de la HBO: la serie pertenece al creador. Fin de la cita.

Para el guionista de cine, el hecho de haber encontrado acomodo en la televisión no merma su deseo de seguir escribiendo películas. Sin embargo, el cine tiene que ofrecerle el puesto y funciones que le corresponden y, además, pagarle un sueldo razonable atendiendo al presupuesto de la película.

abcguionistas con información de El Confidencial

04/05/2015 23:13:28

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