15/09/2019


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"Retorno 201": nuevos cuentos del guionista de “Amores Perros”


"Retorno 201"

Por Alberto Duque López (*)

El escritor y guionista mexicano Guillermo Arriaga tiene 48 años y actualmente, gracias a las películas que escribió para el director Alejandro González, también mexicano, es la mejor referencia cuando alguien quiere afirmar que el cine mexicano y el latinoamericano en general gozan de mejor salud que en otras épocas, en un continente que perdió hace poco, en menos de quince días, a dos de sus mejores directores, el uruguayo Juan Pablo Rebella (el co-realizador de “Whisky”) y el argentino Fabián Bielinsky (“Nueve Reinas” y “El Aura”).

Arriaga escribe historias oscuras, laberínticas, tortuosas, tristes y sus personajes además de adoptar comportamientos rebeldes y salvajes, se dedican a la destrucción de sus vidas y las ajenas, como si respondieran a una consigna, o sintieran que, como en la ranchera, de verdad la vida no vale nada.

Hace algunos meses en el festival de Cannes, luego de la exhibición aplaudida de “Babel”, la tercera película escrita por Arriaga y dirigida por González, éste anunció públicamente que su equipo con el guionista se disolvía a partir de ese momento. No dio explicación alguna, no contó por qué llegaba a su final una de las asociaciones más exitosas del cine contemporáneo, especialmente en Latinoamérica donde los directores, en la mayoría de las ocasiones, escriben sus guiones. En ese mismo certamen, Arriaga ganó el premio al mejor guiòn para “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, dirigida por el actor Tommy Lee Jones.

El crítico colombiano Orlando Mora, testigo de esa dolorosa ocasión, se preguntó ante la navegación solitaria de González de ahora en adelante, hasta dónde pesan el mundo, los personajes, el lenguaje y la mirada de Arriaga en las películas de un director como González que ha gozado del absoluto favor de críticos y espectadores. Es que sus películas están construidas sobre los mismos ejes, fragmentadas con los mismos recursos técnicos que las convierten en rompecabezas que el espectador tiene que ir armando a medida que el tiempo, los lugares, las distancias, las tregedias, los estallidos de violencia y rabia y otros elementos salvajes hacen saltar el universo por los aires: “Amores Perros”, por ejemplo, con los dos hermanos enamorados de la misma muchacha y el perro que gana todas las peleas; la modelo baldada por un accidente, su perro que desaparece bajo el piso de madera y el amante idiota que la sigue a todas partes; el vagabundo que colecciona perros callejeros, mata por contrato, sigue a la hija que no lo conoce y hace justicia por su mano... Todos ellos con el trasfondo salvaje de Ciudad de México, y el punto de encuentro de ese accidente que une esas vidas sucias, destrozadas y tristes. Además de despreciables.

O la metáfora de “21 Gramos” (el peso del alma que el cuerpo pierde durante la muerte), con ese hombre que recibe el corazón de un donante, víctima de un accidente y ayuda a la viuda a encontrar el culpable, mientras se convierten en amantes, y el espectador siente el horror, el asco y el dolor que nacen cuando ese hombre (Sean Penn), con el corazón del otro, acaricia a su viuda (Naomi Watts) que siente los mismos latidos que compartía cuando la vida era más tranquila y menos amarga con el otro.

En “Babel” que algunos desde ahora anticipan como segura ganadora de varios Oscares próximos, Kate Blanchett y Brad Pitt son un matrimonio en crisis por la pérdida de un hijo pequeño, de vacaciones en Marruecos, donde ella recibe un disparo fortuito. Mientras, en EEUU, la inmigrante ilegal que cuida a sus hijos (Adriana Barraza) decide cruzar con los pequeños a México para no perderse la boda de su hijo y es entonces cuando su sobrino (Gael García Bernal) decide evadir un control policial y se pierde en el desierto fronterizo con los pequeños. Entretanto, a miles de kilómetros, el dueño del rifle que disparó al personaje de Blanchett, un viudo japonés, no puede comunicarse con su hija sordomuda que, incapaz de expresar sus sentimientos con palabras, recurre a su cuerpo. O sea, las tres películas se alimentan de tragedias y dolores similares.

Guillermo Arriaga acaba de publicar un libro de cuentos en España (en Páginas de Espuma), “Retorno 201”, ubicada en esa calle rectilínea y larga, en una colonia del sur de la turbulenta de Ciudad de México donde conviven verdugos y víctimas en medio de la peor intolerancia y la violencia más primitiva. Son cuentos breves, escritos a jalonazos, con frases cortas que entremezclan los tiempos y los espacios, que apelan a los monólogos, las contradicciones y las ausencias, que se apoyan en diálogos tan eficaces que recuerdan la mejor narrativa norteamericana de los cincuenta. Es un elogio.

Son 14 cuentos, veloces, amargos, con personajes derrotados que ya no tienen interés en alzar la cabeza. Como en “Lilly”, el nombre de la niña enferma, violada y maltratada y asesinada por los primos que se declaran inocentes en medio del estupor de la familia, mientras la madre sabe que fueron ellos los que tarde a tarde la convirtieron en juguete de sus peores fantasías sexuales. O “La viuda Díaz”, con ese personaje enamorado de una mujer triste, dedicada al marido inválido, convertida en una obsesión sexual que desemboca en una de las escenas amorosas más duras y hermosas. O “En la oscuridad” con las obsesiones amorosas y sexuales de un ciego que intenta reconstruir sus relaciones sentimentales a través de los olores encontrados en los cuerpos de mujeres desconocidas, un relato que mantiene su tono erótico agresivo. O “Nueva Orleans” con los vecinos testigos de la agonía de ese hombre que fue capitán, perdió una hija y todos los días busca la muerte rápida, mientras siembra la zozobra y el dolor en el vecindario. O “La noche azul” que refleja la corrupción policial mientras un médico es investigado por la muerte de una joven a quien le practica un aborto... y así sucesivamente, cuentos escritos varios años atrás, que seguramente aparecerán luego convertidos en películas, amargas y tristes y laberínticas como las tres que escribió con su antiguo socio, Alejandro González. Es que el alma pesa 21 gramos y es vulnerable.

(*): Alberto Duque López es periodista, crítico y escritor colombiano.

© abc guionistas

25/07/2006 21:02:39

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