23/09/2019


Noticias de guion

Saverio Costanzo escribe sobre "La soledad de los números primos"


"La soledad..."

Por Saverio Costanzo *

En una primera fase respetamos la estructura narrativa de la novela, pero en una segunda fase sentimos que teníamos que ir un paso más allá: apartarnos del texto y recrear una nueva historia que permitiera al lector/espectador sentirse perdido por un instante, que experimentara la sensación de desorientación que es necesaria para el cine, sobre todo si la historia es muy conocida. En una semana, hicimos cortes sustanciales. Derribamos la estructura original y dejamos solo aquello que nos parecía que funcionaba en un nivel emocional y sacrificamos todo lo demás. Pienso que fue en esa fase durante la que en realidad el guion empezó a despegar. Desde el principio quise trabajar junto a Paolo Giordano porque era su historia y yo no quería abusar. Pero era necesario despojar a los lectores de sus puntos de referencia, contar la misma historia pero de una forma totalmente distinta. Cruzar los distintos planos era la única forma de ofrecer a los lectores una nueva “lectura” de la historia.

Les pedí a Luca Marinelli y a Alba Rohrwacher en primer lugar, y luego también a otros actores, que trabajaran sobre sus cuerpos por dos razones. La primera es de naturaleza política-filosófica, en el sentido de que el cuerpo es el único elemento político-ideológico en el mundo de hoy y que la “destrucción” de su propio cuerpo es una pequeña revolución que una persona es capaz de hacer a nivel personal. La segunda razón es exquisitamente concreta: para que fuera creíble en la pantalla el paso del tiempo, necesitaba que hubiera cambios en los cuerpos. Yo no soy un director que tienda a hacer una narración convencional, no soy partidario de recurrir al maquillaje y a las pelucas. Y además la metamorfosis de los personajes principales permitía que los actores se mantuvieran conectados con la película durante todo el rodaje y pasaran un proceso personal ahondando en sus personajes.

Quería encontrar dos nuevas caras para la pantalla, pero aunque estuve buscando algún tiempo me di cuenta de que no podía prescindir de Alba Rohrwacher. En mi opinión, no es una actriz sino una artista. Para mí, un actor debe “poner en riesgo su vida”. Los actores que más admiro son aquellos que se entregan por completo y ponen en riesgo su propio equilibrio físico y mental. Alba tiene un enorme fuego artístico en su interior, es un “gigante” que anima a todos los que la rodean. Sin ella, nuestra película no existiría o no sería como es.

En cuanto a Luca Marinelli, fue un amor a primera vista. Me habló de él un amigo que le había visto actuar en su graduación en la Academia de Arte Dramático Silvio D’Amico. Me reuní con él e hizo una audición que me divirtió mucho porque Luca posee el fenomenal sentido de la ironía que necesitaba para la película. En el libro, el personaje de Mattia tiene un carácter muy interiorizado. Giordano usa la literatura para expresar sus pensamientos, pero yo tenía que retratar sus acciones. No sé matemáticas y no me convencen las interpretaciones de genios. Así que nos centramos en imaginárnoslo como un héroe de Dostoievski, interesado en el sentimiento de culpa, que lo mueve y determina sus acciones. La ironía sutil de Luca permitía iluminar el sentido trágico de su carácter. Además, Marinelli tiene una presencia fenomenal, con una cara que no se cansa uno de ver. Se lanzó a esta metamorfosis con gran valor para descubrir lo que hay en su interior, “arriesgando su vida”, como todo buen actor debería hacer. Es un hombre muy valiente.

Con la música, he intentado diferenciar los distintos periodos en que transcurre la historia. Para los años ochenta, el sonido de un sintetizador analógico, la música de las películas de terror, de las películas de Carpenter y De Palma. Para los noventa, he incluido un tema de Ennio Morricone de la película "L’uccello dalle piume di cristallo" ("El pájaro de las plumas de cristal", 1970), de Dario Argento, que acompaña el estado emocional de un frío, distante y misterioso adolescente.

Para la parte de la historia que discurre en 2001, me he inspirado en la clásica historia de amor en la que él se va y ella se queda atrás. Elegí pequeños valses y algunos temas pop conocidos y explícitamente románticos como comentario musical.

Para el final, la música es simplemente silencio: dos cuerpos desnudos y silencio, porque llegados a ese punto no queda nada que decir ni música que tocar, solo dos cuerpos desnudos en silencio.

(*): Pese a la implicación del autor del "best seller" literario en el que se basa, Paolo Giordano, en el guion, la película de su compatriota Saverio Costanzo, tuvo una mala acogida en la última Mostra de Venecia de 2010, entre otros motivos por la propia reformulación de la obra original, que la hace casi irreconocible para sus lectores. Casi tres años después llega a las carteleras españolas este melodrama del también director de "Private" y "In memoria di me".

ALTA FILMS / Noticine

27/03/2013 20:54:24

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