24/08/2019


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Valentín Fernández-Tubau escribe sobre "La educación del guionista"

Fernández-Tubau
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¿Cómo debe enfrentarse el guionista ante la creciente oferta formativa? ¿Cómo deben los docentes ponderar la utilidad de sus programas formativos? La calidad en la formación del guionista es esencial para capacitar adecuadamente a las manos que crearán el audiovisual del futuro.  Y esto no son palabras menores.

Cientos de aspirantes a guionista se lanzan cada año a la búsqueda de la formación ideal que les signifique el pasaporte hacia sus sueños.

Otros tantos guionistas ya iniciados buscan la multiplicación de sus facultades para tener mayores probabilidades de éxito en un mercado raquítico. Afortunadamente, lejos quedó la arrogancia de aquellos cineastas que pensaban que tanta era  su genialidad, que no necesitaban  ninguna otra formación.

Pero entre la postura arcaica de quien renegaba de la posibilidad de aprender y la búsqueda desesperada de la panacea en un mar de centros y plataformas de formación racional e irracional, existe un término medio, seguramente, el más cercano a lo conveniente.

Necesidad de mayor formación la tenemos todos, aunque  no sea la misma.  Nadie escapa a esa realidad. Pero ¿cómo diferenciar lo que nos conviene de lo que no?

En casi 20 años de estar apegado al mundo del guion, he sido testigo de  enfoques variados dentro y fuera de nuestras fronteras y, con la humildad de quien reconoce la necesidad de seguir aprendiendo, pero con la convicción de quien ha visto en cientos de alumnos propios lo que mejor funciona, vierto en estas líneas algunas claves de lo que a mi juicio debería contemplar toda formación integral del guionista.

Como cualquier otra disciplina, el arte de escribir guiones debería tener un planteamiento formativo que tuviera en cuenta la necesidad de un aprendizaje teórico y a la vez práctico. Es decir, los conocimientos teóricos que conllevan la apertura a nuevas posibilidades creativas, sumados a la experimentación práctica de esas posibilidades. Sólo así sabremos cómo funciona la teoría una vez la aplicamos a la escritura de guiones.  

De nada sirve el empacho teórico de libros o cursos si después caemos en el síndrome del académico, aquél que todo lo sabe pero nada practica. El guionista, subrayémoslo, no se hace leyendo, se hace escribiendo.

Eso no significa que las inmersiones teóricas tanto en libros como en cursos sean inútiles. Todo lo contrario. Pero es necesario que se lleven al campo de la experimentación si deseamos recolectar su verdadero valor. Y esa experimentación pasa por escribir.

Por otra parte, el arte del guion es ciertamente complejo. El guionista juega con variables que todo aspirante debe preocuparse en conocer: estructura, composición de personajes, composición de relaciones, diálogos, ritmo, construcción de debates temáticos…  Y desengañémonos, no todo el mundo está capacitado para transmitir esos conocimientos; unos porque conociéndolos, no los saben comunicar; otros, porque simplemente no los conocen.

En una sociedad ideal, existirían filtros para separar al profesor apto del pseudoprofesor. En la nuestra, la tarea se deja al alumno.  El avispado no tendrá problema en indagar quién es el protagonista de la oferta que se presenta, qué trayectoria tiene, qué opinan de él los alumnos que han pasado por sus clases.  El ingenuo, omitirá este aspecto y es probable que caiga en las redes de quien debería dedicarse a otra cosa.

Pero el complejo mundo de la formación no sólo encierra las dificultades de saber evaluar al profesor que se propone en la oferta formativa. Es relativamente fácil dar preferencia a un profesor con experiencia profesional práctica y cientos de alumnos que atestiguan los beneficios de su instrucción frente a los del profesor excesivamente teórico que sólo puede citar los bostezos de sus alumnos. Pero, a veces, la situación no es un blanco o negro tan claro y el alumno necesita profundizar más allá de lo evidente.

Para los invasores del guion, no es demasiado complejo colgarse una etiqueta y presentarse con un compendio de refritos de los gurús más en boga, pensando que eso les otorga la entidad suficiente para enseñar al novel. Sería pedirles demasiado que consideraran, por ejemplo, que los gurús del guion son los responsables de implantar un método lineal de construcción de guiones que ningún guionista brillante respeta, porque si lo hiciera, dejaría de ser brillante.

¿Por qué? La respuesta no se encuentra en la teoría dramática sino en la base de la psicología. El proceso creativo – circular- no atiende a las leyes del proceso analítico –lineal- El problema estriba en que ninguna de las vacas sagradas de la teoría del guion escribe guiones; simplemente los analiza. Y los analiza bien. Pero las técnicas que sirven para analizar no se parecen en nada a las que sirven para escribir algo más allá de la mediocridad. ¿El resultado? Cine enlatado. ¿Alguien ha escapado de los efectos tortuosos de las películas en las que , construidas linealmente, podemos adivinar cada giro que nos intenta sorprender?

Si el problema ya lo hereda quien aprende directamente de los gurús del guion, imaginemos qué no heredarán quienes en su ingenuidad caen en manos de los cocineros del refrito.

No hay más que ver la abundancia de cursos basados en los libros de los gurús y los pocos que profundizan en aquellas materias que éstos ni se atreven a tocar: generación de ideas, diálogos, debates temáticos…

¿Significa eso que las teorías de los Field, McKee, Seger, Vogler y demás figuras deben ser proscritas? Por supuesto que no. Pero sin duda, no son suficiente, ni la panacea. Y mucho menos, sus refritos.

La formación del guionista debe contemplar tanto el proceso creativo circular como el proceso analítico lineal; además, debe contener instrumentos de práctica tanto de uno como de otro y, especialmente, debe implicar escritura.

Pero falta algo todavía. ¿No pensamos acaso que un arquitecto debe estudiar las obras de los grandes o un músico las partituras de los maestros? ¿Cuántos guionistas y aspirantes a guionista leen guiones? Y no digo, “ven películas” sino “leen guiones”.  Parte imperativa de la formación del guionista debería ser la lectura de guiones en el formato empleado por sus autores. Y no sólo cabe aquí la lectura de buenos guiones, sino la de guiones peores también.

Recapitulemos, pues. Un buen programa integraría la enseñanza de los procesos creativos (circulares) y los procesos analíticos (lineales), la teoría sobre las variables clave del guion, la lectura de guiones, y, por supuesto, la escritura. Pero la escritura de guiones no acaba en un primer guion. La reescritura es una parte fundamental en la vida de todo guionista.

Y curiosamente, es en la reescritura del guion donde a veces cobran más sentido algunos de los trabajos de los gurús, que erróneamente se han trasladado al campo de la creación del primer guion, sometiéndolo al encorsetamiento de un proceso lineal de construcción que hace muy difícil sobrepasar la mediocridad.

A la luz de estas reflexiones, recomendaría a guionistas noveles y profesionales, que buscaran su progreso y perfeccionamiento en el arte de escribir guiones teniendo muy en cuenta todos estos puntos.

No nos dejemos impresionar por el nombre de una institución ni por las promesas de una presentación atractiva. Seamos rigurosos en el análisis. Qué programa se propone. Quién lo propone. Qué experiencia tiene el formador. Qué proporción de práctica contiene.

Por supuesto no todas las ofertas formativas deben ser evaluadas por el mismo patrón. Sería absurdo medir lo que puede ofrecer un curso monográfico de uno o dos días contra lo que puede ofrecer un master de dos años.  O lo que puede ofrecer un buen libro contra lo que puede ofrecer un taller de reescritura. Sin embargo, el análisis sobre el interés de la oferta en su contexto debe ser realizado.

Afortunadamente para el alumno, los cursos presenciales conllevan una ventaja adicional que, en mi opinión, a veces es tan valiosa como la propia formación. Y es el tejido de contactos que proporcionan, tan necesario para mantenerse motivado como para entrar en nuestra industria. Cada vez más, el guionista aislado está destinado al autismo intelectual.

De ahí que la oferta formativa integral deba contener además un elemento esencial, muchas veces olvidado: el análisis del mercado y las estrategias más operativas para acceder al mismo. De nada serviría tener escrita una obra de arte si no sabemos qué hacer con ella y acaba en un cajón.

Desafortunadamente, muchas instituciones académicas se ven sobrepasadas por esta exigencia natural del propio alumnado. El aspirante a guionista no se conforma con aprender a escribir guiones, desea también saber cómo venderlos, o al menos, como moverlos.  Y si la institución no proporciona esa parte esencial formativa,  ya sea dentro o fuera de la institución, es lógico que el alumno la busque y encuentre por su cuenta, ya sea a través de su involucración en webs especializadas, en asociaciones gremiales, o asistiendo a jornadas específicas sobre mercado.

El viaje formativo no es sencillo, pero es apasionante. Y ni siquiera una vez que dominamos suficientemente el arte y la técnica de la escritura de guiones y aprendemos a moverlos,  hemos llegado a meta. Los programas de reescritura o los talleres de asesorías pueden elevar nuestra obra y nuestra pericia a mayores alturas.

El guionista que piensa que no le queda nada por aprender, más que un guionista arrogante, es un guionista muerto. El que, por el contrario, disfruta del viaje, intuye que su formación va mucho más allá de la escritura, y, en un momento determinado, se da cuenta de que está aprendiendo y dominando el material del que se compone la propia vida.

Razón de más para que nadie que desee crecer en el arte de escribir guiones  se abandone perezosamente a las propuestas formativas que se le presentan.

Suya es la responsabilidad de evaluarlas. La nuestra, como formadores, es tener la sinceridad, honestidad, dedicación y humildad para reconocer nuestros propios límites y, dentro de ellos, proporcionar al alumno la mejor guía en su intenso viaje, cuidarle, motivarle y darle fuerzas en su búsqueda, y proporcionarle las herramientas adecuadas que le impulsen a perseverar en su meta hasta el día en que se vea convertido en guionista.

Valentín Fernández-Tubau

Director de Técnica y Servicios
abcguionistas
 

Director Académico del Máster de Guion abcguionistas - Ars Media

 

 

 

14/12/2007 10:40:44

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