25/06/2019


Noticias de guion

Ventura Pons escribe sobre "Animales heridos"

Ventura Pons
Ventura Pons

Por Ventura Pons (*)

Hace tres o cuatro veranos leí, o más bien devoré, un libro de relatos que me pareció maravilloso: "Piel de Armadillo" (Editorial Proa, 1998). El nombre de su autor, Jordi Puntí, me era desconocido, pero no el cosmos del que hablaba. Encontré un mundo terriblemente identificable, con una visión introspectiva, desmenuzadora de emociones. La pluma de Puntí era un bisturí penetrante que me resultaba muy cercano. Más allá de la contemporaneidad à la mode, sus criaturas escondían unas verdades, sinsabores, carencias, más que reconocibles. Era como si ya supiera algo de sus vidas, como si hubieran tenido algo que ver con otras que habían vivido en anteriores películas mías. Me sorprendió a la vez el cosmopolitismo de su autor, aún más al conocer que era un licenciado en filología románica originario de Manlleu, lo que llamamos la Cataluña profunda.

Traductor de autores contemporáneos y asiduo colaborador de radio y prensa, en particular de El País, también agradó a muchos más y fue galardonado con el Premio de la Crítica de Serra d’Or y traducido posteriormente al castellano. En 2002, cuatro años después de haber publicado ese primer libro de relatos, aparece, publicado en catalán por Empúries, "Animales Tristes", otra sofisticada disección humana compuesta de seis relatos, algunos de ellos con personajes comunicables. Rápidamente se traduce al castellano ya que su prestigio empieza a extenderse entre los connaisseurs; sin embargo, y muy curiosamente, su publicación me pasó desapercibida. Supongo que fue por mi carácter –voy por la vida bastante por libre, ajeno a las modas– o simplemente porque andaba metido en otras andaduras.

Cuando al cabo de un tiempo leo los relatos de "Animales tristes", me pasa algo parecido a lo que me ocurrió hace años al leer "El perquè de tot plegat" (El porqué de las cosas) de Quim Monzó, autor con el que me parece que Puntí tiene miradas cercanas, rasgos identificativos, mundos ciertamente paralelos. De repente me encuentro seducido, en primer lugar por su capacidad fabuladora, pero sobretodo por la extraordinaria complejidad de esos personajes llenos de heridas de la vida y del amor, que todos ellos, relato tras relato, nos van enseñando sin pudor. Me fijo enseguida en "Iconos rusos" y "Burbujas", dos historias que configuran un mundo explicado desde dos posiciones opuestas pero complementarias, donde intuyo la base del armazón para edificar una película. Más adelante encuentro en una parte de otro relato, "Perro que se lame las heridas", unos personajes que pueden encajar y cruzarse dentro del ambiente y de la moral de los otros dos ya seleccionados. Aparte de que, juntando el título del libro y el de este último relato, intuyo un primer título, "Animales que se lamen las heridas", que finalmente se transformará, en una sesión de ensayos en casa de Jose Coronado con Aitana Sánchez Gijón y por sugerencia de Cecila Rossetto, en "Animales heridos".

Ya tengo las historias. Me pongo en la construcción del guion, en la apasionante búsqueda de unificar su narración. Curiosamente, una vez acabada mi película he revisado, por azar, varias películas estructuradas también a base de tres historias – pienso muy en particular en dos de los lejanos y añorados tiempos del gran cine americano: Carta a tres esposas de Mankiewicz y Cautivos del Mal de Minnelli– donde asistimos a juegos narrativos basados en la utilización de elementos varios -voz en off, diversificación de varios puntos de vista, etc...– que siempre me han sido muy cercanos y a los que he vuelto a recurrir en esta película. Mi guion ha pasado por varias fases de redacción, desde una primera estructuración en base a tres monólogos interiores de los protagonistas masculinos, hasta una redistribución de los tiempos interiores de cada una de las historias en función de tempos musicales, para sugerir no únicamente un juego narrativo, sino el estado anímico de sus protagonistas, guiados por una omnipresente voz en off con la que intento unificar su comprensión.

Así, estas historias de soledades compartidas de nuestros tiempos, de gente incapaz de relacionarse positivamente con quienes quieren, de seres que se lamen las heridas del amor que ellos mismos son incapaces de evitar, no importa su edad, procedencia o clase social, las he dividido finalmente en tres tiempos musicales: Allegro assai, Moderato tempo giusto y Andante affettuoso, para finalizarlos en un Finale Rondo donde me gusta juntar sus vivencias. Soy consciente de mi placer por las formas diversas, por la deconstrucción narrativa, por romper en muchas ocasiones la narrativa tradicional, pero ante todo siempre me ha preocupado algo tan sencillo como es que mis historias se entiendan bien. En "Animales heridos" la propuesta intencionada es la tragicomedia, un género que me es altamente querido y donde el juego consiste en acompañar al espectador en un viaje que va de la risa al llanto –y por eso ese punto de atención a partir de la musicalidad– donde se reconozca algo tan consustancial como la afectividad que todos necesitamos. Ése vuelve a ser el tema central, como en tantas otras películas mías. Sean comedias o dramas, vuelve a mí la necesidad de mostrar el desespero por la comunicación y por el afecto en nuestra sociedad, que aquí, gracias a las estupendas historias de Puntí, puedo generalizar en ambientes y procedencias diversas, inmersas en este mundo multiétnico en que se está convirtiendo nuestra Europa occidental.

Estéticamente la puesta en imágenes, la propuesta formal, no tiene nada que ver con mi película anterior, "Amor Idiota", donde la cámara no paraba siguiendo el nervio, la angustia, la desazón del protagonista. Y es que, como he contado muchas veces, siempre procuro buscar la propuesta plástica y el sentido narrativo en la propia historia y, ésta que cuento, con su coralidad y sus tiempos internos, me ha llevado a explicarla de una forma estéticamente más serena, más clásica si se quiere. No hay ninguna renuncia al riesgo que tomo muy a menudo, al contrario, busco mi coherencia en el hecho que los trabajos tengan un sentido propio y ese formalismo, deliberadamente buscado en la composición de las secuencias y en la fotografía de Rafa Lluch, me pareció el más consecuente.

He tenido nuevamente la suerte y la oportunidad de que unos intérpretes magníficos, excepcionales, aceptaran ser la personificación de mis criaturas, sin cuyo talentoso trabajo la película no sería lo que es. Con Jose Coronado ya había disfrutado viéndolo meterse en la piel del hombre de la excavadora en "Anita no pierde el tren", por lo que ha sido un placer contar con su complicidad –y rigor– en la composición de ese burgués cínico pero sensible que sucumbe a los encantos de una ejecutiva agresiva encarnada por una Aitana Sánchez Gijón en estado de gracia. Aitana compone con autoridad y defiende un papel complejo y difícil con una nobleza exquisita, capaz de transitar y expresar cambios radicales con tan solo una mirada. No veo a ninguna otra actriz mejor para mi Claudia, como tampoco veo a otra Marcia, la mujer que convive con la infidelidad y el abandono, una creación espléndida de la gran Cecilia Rossetto que nos deleita en ese juego tragicómico con el que la actriz, cantante y agitadora cultural argentina se meterá en el bolsillo a toda clase de espectadores. La pareja de la historia central está formada por dos actores que admiro hace tiempo: Marc Cartes (repite conmigo después de "Amor Idiota") y Cristina Plazas, que acaba de triunfar como la protagonista de "Fuenteovejuna" pero que ya descubrí, al lado de Carles Alberola, en una deliciosa "Mandíbula afilada". Finalmente, quiero destacar el trabajo delicado de la mexicana, afincada entre nosotros, Patricia Arredondo (también descubierta en el TNC con "Forasters de Belbel") y la adecuación a parámetros muy alejados de sus trabajos habituales de Gerardo Zamora. Gerardo es un actor, que descubrí gracias a Ricardo Ramón en un cásting en Lima, de gran popularidad por sus protagonistas en los culebrones de Perú, su país, y que con su interpretación de Jorge Washington, el inmigrante quechua, debuta en nuestro cine. Finalmente, tuve la suerte que Abel Folk, actor de larga y reconocida carrera, aceptara el difícil reto de ser la voz narradora. Con todos ellos me he lanzado a la composición de este puzzle multilingüístico (que no multicultural) en que finalmente se convierte mi película a modo de mosaico de lo que nos está cayendo en nuestras latitudes. Me gustaría que el espectador disfrutara, como yo, del reflejo de nuestra cotidianidad lingüística, la constatación de la coexistencia, nada traumática, de cuatro idiomas: catalán, castellano, inglés y quéchua, por cierto la quinta lengua más hablada entre nosotros.

Tengo también la suerte de contar desde hace años con un equipo fiel, muy compenetrado, sin el cual mi ritmo de trabajo no se entendería. Son profesionales y creadores de larga trayectoria que se compenetran con mis variadas apuestas y se convierten en mis cómplices imprescindibles. Entre tantos quiero destacar muy especialmente a Aintza Serra en la producción, Bel•lo Torras en la decoración, Pere Abadal como montador y, last but not least, el gran Carles Cases que, con ésta, ya ha compuesto la música de once de mis películas.

(*): El prolífico cineasta calatán Ventura Pons vuelve con "Animales heridos", que se estrena este viernes en España, a las historias entrecruzadas que han caracterizado varias de sus cintas. Con una amplia trayectoria en los festivales internacionales, Pons ha logrado importantes éxitos de la mano de cintas como "El por qué de las cosas", "Anita no pierde el tren" o la reciente "Amor idiota".

© Filmax-abc guionistas

07/02/2006 18:23:07

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