22/10/2020


Noticias de guion

Guionistas renacentistas

Siempre hemos admirado y defendido la figura del guionista puro, aquel que no se fusiona con otros ámbitos del sector audiovisual, ni literario, ni teatral, ni ningún otro, porque su vocación consiste solo en escribir guiones audiovisuales. Representa a poco más del 20% de guionistas profesionales. Sin embargo, no podemos obviar al restante 80%. Son muchos los que se ven obligados a compartir la actividad de escribir guiones con alguna otra que no es de su gusto, por pura supervivencia. Un tercer grupo elige compartirla con otras actividades profesionales por placer, porque por sus venas corre cierta sangre que no es roja ni azul, sino multicolor; la sangre renacentista. Exploremos el ADN.

Partiendo de la premisa ideal de que todo ser humano debería tener la oportunidad de desarrollarse y trabajar en su campo vocacional, el primer deber de un colectivo sería favorecer las posibilidades de sus profesionales -y de aquellos que aspiran a serlo- respecto a ganar lo suficiente para satisfacer los parámetros básicos de supervivencia, lo que, a su vez, permitiría el progreso de la profesión en lugar de su merma.

En un contexto social donde encontrar cualquier trabajo para vivir es ya un problema, si focalizáramos en los guionistas profesionales que son descartados del sector, nos alarmaríamos. Pero mucho más elevado es el número de los que, deseándolo, ni siquiera llegan a entrar en él. Y lo peor, muchos de uno y otro grupo son buenos guionistas.

Si bien sería muy insensato afirmar que todo lo que es desechado es gloria, podemos dar por sentado que la industria audiovisual pierde buenos talentos porque el sistema no es lo suficientemente eficiente, lo mismo que sucede en el campo de la música o de la pintura.

En consecuencia, la cuestión para todos los que desean entrar y para todos aquellos que habiendo entrado se les invita, ahora, al desagüe hacia el océano de la vida profesional no audiovisual, es: ¿qué es lo que puedo hacer para "estar"?

La respuesta no habita en una fórmula mágica, sin embargo, mirar hacia los hechos, siempre puede generar inspiraciones esporádicas que lleven a un posible cambio a mejor.

Uno de los caminos, el seguido por ese poco más del 20%, consiste en consagrar las artes de la escritura audiovisual al guion para televisión. A día de hoy, existe un número significativo de guionistas que puede vivir de escribir para el medio televisivo, lo compagine o no con la escritura de guiones cinematográficos u otros. Por consiguiente, existe una opción, posiblemente la única valida para los guionistas "puros".

Muchos otros profesionales que no forman parte de ese 20% han optado por la vía de abrazar otros roles, bien sea expandiendo la escritura a otros medios, o ampliando las funciones en el sector audiovisual. Se trata del guionista que no es solo guionista. Un guionista que además de escribir guiones, escribe profesionalmente novelas, teatro, ensayos, comics... O que dirige, actúa, produce... Es el guionista renacentista.

En Abcguionistas, tradicionalmente hemos marcado e intentado abrir las vías de acceso que el guionista tiene en el sector audiovisual, formando e iluminando las rendijas de entrada. El cine y la televisión han sido y siguen siendo las avenidas principales.

No obstante, dada la configuración actual del mundo audiovisual, dada la tendencia universal, dada la evolución que está teniendo Internet y el impacto que ha causado en el sistema tradicional (se quiera ver o no),... sería ilógico cerrar los ojos al nuevo escenario, donde la supervivencia de la mayoría se halla asociada a la asunción de ese rol renacentista.

El guionista renacentista está dejando de existir solo por vocación y se está convirtiendo en la nueva marca de los tiempos.

Sin embargo, no olvidemos que no hay nada nuevo bajo el sol, y que si muchos han sido los escritores de otras esferas que se han pasado al guion y viceversa, la historia del cine está plagada de guionistas-directores, guionistas-productores e incluso guionistas-directores-productores, aunque a veces solo seamos conscientes de los más destacados del primer grupo.

En este sentido, convendría recordar el nombre de aquellos  guionistas-directores-productores que bien podrían ser considerados los "siete magníficos", ya que con un mismo título hicieron triplete en los Oscars, ganando el premio al mejor guion, mejor dirección y mejor película. El pionero fue Leo McCarey por "Siguiendo mi camino" (1944). Tuvieron que pasar dieciséis años hasta que el gran Billy Wilder le siguiera los pasos con "El apartamento" (1960). Catorce años más tarde, Francis Ford Coppola lo conseguiría con "El padrino. Parte II" (1974). El siguiente fue James L. Brooks, con La fuerza del cariño (1983), mucho antes de su triple rol en éxitos como Los Simpson, "Mejor...Imposible" o "Al filo de la noticia". Peter Jackson entraría a ser el quinto nombre con "El señor de los anillos: el retorno del rey" (2003),  Y en 2007, dos hermanos lograrían alzarse con la hazaña una vez más: Joel Coen y Ethan Coen por "No es país para viejos".

Muchos otros sin esa hazaña en los Oscars, forman parte de la gran familia de guionistas-directores-productores. Entre ellos, valga recordar a Michael Cimino, Wes Craven, Jonathan Demme, Jean-Jacques Beineix, Lasse Hallström, Werner Herzog, Neil Jordan, Lawrence Kasdan, George Lucas, Joseph L. Mankiewicz,... O a los que además de escribir, dirigir y producir tambien se han puesto delante de las cámaras, como el gran Kenneth Branagh, el ingenioso Mel Brooks, el clásico Maximilian Schell, Paul Mazursky (a partir de su debut con Kubrick), Garry Marshall, Rob Reiner, Harold Ramis, David y Jerry Zucker, y tantos otros.

Si nos centramos en cine más nacional podríamos citar a figuras como Alejandro Amenábar, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Fernando León de Aranoa, Montxo Armendáriz, Santiago Segura... Y decenas de otros nombres conocidos y menos conocidos.

En muchas ocasiones, la elección del triple rol atiende a un deseo de controlar al máximo el resultado final de la obra, pero en muchas otras se asocia a realidades más pragmáticas y terrenales. Fernando Trueba, por ejemplo, es explícito al respecto: "Me hice productor por obligación. Rodé mi primera película 'Opera prima', y tras un arrollador éxito de crítica y de público pensé que me iban a llover las llamadas de productores, guionistas... ofreciéndome proyectos. Pasó un año y nadie me ofreció hacer una segunda película, así que decidimos hacernos productores."

El fenómeno de la asunción de múltiples roles ocurre en todas las partes del mundo: Argentina, Chile, México, Colombia...  Y no solo en las producciones cinematográficas. El saco de obras donde, además de crear la partitura, el guionista asume otros roles es cada vez mayor: largometrajes, cortometrajes, documentales, proyectos transmedia, web series...

Las reglas han cambiado. El terreno que establecieron los pioneros como una atractiva rareza se hace común, y con él, la necesidad de aprender nuevas funciones por las que deslizarnos con un pequeño nudo en el plexo solar, ya sea por vocación o como imperativo de mercado. Si queremos formar parte del juego, debemos acostumbrarnos a un nivel de exigencia cada vez mayor.

Ante esta innegable realidad del tiempo presente, aquellos que asumimos la responsabilidad de facilitar el acceso o de visibilizar a quienes creemos que no deben pasar desapercibidos, tenemos que ser conscientes, como lo debe ser el propio guionista.

Para algunos será una maldición. Para los de sangre renacentista,... un apasionante reto tan impredecible como gozoso de abrazar.

Valentín Fernández-Tubau

16/02/2015 18:31:36

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