19/08/2017


Noticias de guion

La radio del guionista

Que este planeta es como una radio, salta a la luz. Las muy distintas formas posibles de vivir en este mundo, se asemejan a las distintas frecuencias de las emisoras radiofónicas. Experiencias absolutamente distintas, a pesar de formar parte de la misma radio. Nosotros sintonizamos y "gastamos" nuestra existencia escuchando la música clásica, los sucesos o el fútbol de la vida, ya sea que compaginemos con otros diales o seamos indiferentes a ellos. Unas veces porque así lo elegimos, y otras porque al universo en el que estamos inmersos no le llega más que un limitado número de frecuencias. Pero el poder de elegir sintonías vitales es nuestro, dentro de las posibilidades que se nos ofrecen. Y con la creación de guiones o historias, sucede gran parte de lo mismo. Por consiguiente, la pregunta clave es... ¿con qué clase de vida y de historias sintonizas tú?

Llama la atención la facilidad con la que el ser humano tiende a derivar la responsabilidad a terceros, cuando gran parte de la vida que le acontece depende de él mismo. Por supuesto, esto es mucho más fácil de ver en las sociedades en las que tenemos una gran capacidad de elección que si estamos inmersos en una vida-infierno, como la que experimentan los que son azotados por macro eventos como una guerra o un cataclismo de la naturaleza. Pero, aun así, llama la atención la diferente actitud que frente a los mismos hechos adoptan unos u otros.

DEL SAHARA A MADRID,... PASANDO POR MACEDONIA

Esta observación me fraguó en Tinduff. En 2005 fui a visitar los campamentos saharauis en compañía de la Asociación de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género, por invitación de mi gran amiga y cofundadora de Abcguionistas Amparo Climent. Entre el conjunto, otras amigas y colegas como Cristina del Valle, Natalia Dicenta, Pilar Ordóñez, Rosanna Pastor, Mónica Randall, Gemma Cuervo... y muchas otras figuras del artisteo español.  Allí viví una experiencia inolvidable, que compartí junto con una de esas personas excepcionales con las que en ocasiones te cruza efímeramente la vida, la periodista de zonas conflictivas Mónica García Prieto.

Nuestro jeep se adelantó a la caravana donde viajaba el resto, así que fuimos los primeros en llegar a uno de los poblados saharauis planificados en la ruta. Allí, esperándonos, cientos de caras infantiles alegres esgrimían banderas y sonrisas, vitoreando como si fuéramos héroes. Alguien podría pensar que se debía a que querían ver en nosotros a quienes pudieran devolverles la tierra perdida o el pasaporte a una vida mejor. Pero, más allá de las razones lógicas, residían las verdaderas: pura generosidad. La felicidad que rebosaban era contagiosa.
Mónica y yo nos apeamos, sacamos nuestras cámaras y, a pesar de la embriaguez sensorial, dejamos constancia de todo aquello. Fue uno de los momentos donde tener una cámara se me hizo más pesaroso. Cada instante que apretaba el clic, dejaba de estar atento al sentimiento integral de lo que estábamos viviendo. Es el precio a pagar cuando elegimos el rol de observador o espectador, en lugar rebozarnos en el campo de juego. Al cabo de unos segundos, no pudimos más y abandonamos las máquinas para contagiarnos de esa alegría y vivirla en su plenitud.

Ese pedazo de vida me golpeó y me dijo a voces que mucha gente, sin tener nada, incluso siendo azotada por las circunstacias, experimenta su tiempo con un estado emocional más alegre y humano, que muchos de los que estamos acomodados en las privilegiadas sociedades de los países occidentales.  No cabe duda que sintonizan con una mejor frecuencia de la radio de la vida, pese a sus limitaciones.

La misma sensación de Tinduff, me la trajo de nuevo Amparo (Climent) hace unos días, en un pase privado de su segundo documental, "Los sueños de Idomeni", firmado junto con su hijo, el también actor y director Héctor Melgares. Si en "Las lágrimas de África" daba visibilidad al drama de la frontera con África, en este abordaba la ilusión rota de centenares de sirios frente a la frontera de Macedonia. Un testimonio que no solo conmueve, sino que despierta las ganas de actuar para impedir que la barbarie siga sucediendo mientras miramos hacia otro lado sin hacer nada, o esperando a que otros resuelvan la situación. ¡Cuánto cuesta salir de las zonas de confort! Pero Amparo y Héctor no solo nos fuerzan la mirada hacia afuera, sino también hacia dentro, para desnudar lo que no estamos haciendo.
En menos de una semana, la sensación se volvía a repetir. En esta ocasión en el Festival de Cine de Madrid, organizado por la Plataforma de Nuevos Realizadores. Me dejé caer en su inauguración y tuve la grata sorpresa de encontrarme con "Piensa, observa y respira", un documental de la energética actriz y directora Cristina Alcázar, que "cuenta el proceso de ensayos y puesta en marcha de un musical muy peculiar: está integrado por actores de capacidad limitada (usualmente llamados "discapacitados" - ¡qué etiqueta más horrible!) y actores profesionales, todos mezclados y trabajando mano a mano". No solo una historia de superación y de integración sino también un cuestionamiento al verdadero significado de la etiqueta "discapacidad".

El proyecto visibiliza el trabajo de la Asociación Alfa, que ayuda a las personas de capacidades limitadas a través de viviendas tuteladas, un trato altamente afectivo, y actividades artísticas. La transformación que vive Consuelo, su protagonista, y otras cinco personas con capacidades limitadas, nos hacen estallar las paredes cardiacas y nos tiñen de rosa el córtex cuando vemos cómo les emociona ser parte del musical o cómo cobran conciencia de que pueden crear vida y de que son algo muy distinto al estorbo humano que un entorno no asertivo les podría llegar a hacer sentir.

Queriéndolo o no, Cristina (Alcázar) susurra al corazón de los creadores que formar ocasionalmente parte de un trabajo trivial al que nos conduce muchas veces la necesidad profesional, no excluye la posibilidad de crear otros proyectos que permeabilicen nuestra verdadera esencia y colmen las razones por las que nos decidimos a ser creadores en primera instancia.  Su apuesta le valió el premio del público en la clausura del Festival que tuvo lugar el 23 de octubre.

MÁS FESTIVAL DE CINE DE MADRID

El Festival de Cine de Madrid ha crecido, indudablemente. Más de 1500 inscripciones, con centenar y medio de cortos seleccionados y más de 30 largometrajes. En su clausura, muchas caras conocidas. Llegué media hora tarde y me perdí el cóctel. Los presentes, acomodados ya en la Sala Berlanga, esperaban el inicio, retrasado. Eso me "salvó". Me deslicé escaleras arriba, intentando pasar desapercibido, mirando el suelo. Varias personas me llamaron por el nombre para saludarme y hicieron sonar el despertador general de los alrededores. Mi disimulo quedo expuesto impunemente. Alcé la vista e intercambié una llovizna de saludos con el cineasta César Roldán y su atractiva acompañante argentina, Verónica, con mi polifacética amiga Isabel de Ocampo (debería escribir el libro "De script a directora" y sería un superventas), con el guionista Miguel Ángel Sánchez... Unos asientos más allá, el también guionista Eduardo Zaramella, los actores María Barranco y Roberto Álvarez... y el cofundador de la Plataforma de Nuevos Realizadores, Juan Vicente Córdoba y su pareja, la actriz María Reyes, amigos míos desde hace más de un cuarto de siglo. Rememoramos el primer Festival, que tuvo lugar hace 25 años (eran las bodas de plata) en el Ateneo de Madrid, con históricos como Antonio Conesa o Juan Pulgar, todos ellos creadores de esa gran iniciativa que sigue más viva que nunca tras el paso del tiempo.
El acto empezó y dejó caer la ráfaga de premios. Entre ellos, el homenaje al gran Gonzalo Suárez, prueba viviente de los saludables acueductos entre literatura y cine. Sam Peckinpah le adaptó una novela y Max Aub le calificó como el referente más próximo al "boom" americano, lo que provocó un torrente de interés hacia él de plumas tan notorias como las de Vargas Llosa, García Márquez o Cortázar. Más de una veintena de películas a sus espaldas, entre ellas los "Ditirambo" y "Remando al viento", esa inolvidable conjugación de Byron y Shelley. Desde 2007 no hace cine y sueña con hacer "El manuscrito de Sichuan", sobre una niña y Cervantes. Que le dejen.

La nota más internacional la puso la danesa Lone Scherfig directora de “Italiano para principiantes”, “Wilbur se quiere suicidar”, y  “An education”, película sobre una chica londinense que se enamora de un playboy que le dobla la edad, y que, con guion adaptado por Nick Hornby, mereció tres nominaciones al Oscar, y siete a los premios BAFTA, alzándose Carey Mulligan con el premio a la mejor actriz protagonista. Como dice el trailer de la veterana directora: "A veces la educación, se salta las reglas"... afortunadamente.
La máxima la he aplicado a rajatabla en mi vida. Y no me refiero a las historias románticas,... aunque también. Pero hablando de guion, y de creación en general, hay que conocerse al dedillo las teorías para después dinamitarlas. Escuela de Orson Welles. No vale no conocer las reglas y tratar de ser un genio, porque sale un bodrio con peste a egolatría. Las bases hay que adquirirlas. Por eso hemos creado el curso de Fundamentos del Guion, en el que comparto clases con mi buen compañero de andanzas peruanas, Enric Rufas, mi querida amiga Yolanda Barrasa y mi longevo colega Jorge Esteban Blein -a quien conocí en Hollywood hace un cuarto de siglo-, todos ellos excelentes guionistas, asesores y docentes. Pero matizada la necesidad de aprender las reglas, tampoco basta con conocerlas y limitarnos a ellas, porque pavimentaríamos el camino de la mediocridad. Una vez conquistadas las bases, hay que ir más allá y resquebrajar hasta que nuestras neuronas canten en hindú... Quien nada arriesga, nada gana. Dicho queda...
La clausura terminó en el bar Armando, donde tuve tiempo de darle la enhorabuena a Belén Herrera, artífice desde hace años de la fluidez del festival, de felicitar a algunos de los premiados y de afianzar viejos y nuevos encuentros. Entre ellos, con César Roldán que me habló de su próximo nuevo proyecto: el Aguacate Film Festival, en Motril (Granada), para el que estamos contemplando posibles colaboraciones.

MÁS ENCUENTROS...

Y es que los "encuentros" son fundamentales no solo para salpimentar la vida, sino para abrir cauces a posibles e inesperadas creatividades. Ese es el espíritu de los Encuentros de Guion celebrados hasta la fecha en Barcelona y Madrid. Del primero, dimos cuenta y del segundo decir que una veintena de guionistas, cineastas y creadores se dieron cita:  Agustín Olivares, Alejandro Martínez, Andreu Castro, Borja Gamo Soriano, César García Guerra, Carlos Fernández Romero, Carlos Weill, David Armas, Ignacio Muñoz-Delgado, Jaime Esteban, Javier Sandoval, José Javier Jareño  Blasco, José Manuel Cortizo, Mari Carmen Campos, María de la Torre Roses, Mario Venegas, Mikel Zatarain, Pablo García Márquez, Rocío Padilla y Santi San Martín. Muchos de ellos, viejos amigos.  Otros, caras nuevas.  Todos, amigos ya.
Los encuentros son muy potentes no solo para establecer conexiones, sino para deleitarnos al saber cómo fluye la vida por los alrededores. Por ejemplo, al conocer que Andreu Castro ha hecho una meteórica carrera desde nuestro último curso, que con su Opera Prima "Pasaje al amanecer" - protagonizada por Lola Herrera y Elvira Mínguez- ha estado presente en la Seminci (Festival de Valladolid), y que, además, escribe nuevo largo con uno de nuestros "profes" -Daniel Tubau- al que conoció en uno de los monográficos de guion que pusimos en pie; todo un placer.  Como lo es saber de cada nuevo emprendimiento del veterano todoterreno Javier Sandoval, al que muchos reconocen por ser uno de los fundadores de la más mítica discoteca ibicenca, Amnesia, otros por su larga trayectoria como galán de cine, y otros más por su trayectoria como realizador de TVE; incombustible, nos presentó sus nuevos y apasionantes proyectos. Pero eso solo fue una chispa de lo que 22 vidas de distintas y conjuntas sintonías, vivimos en este día de creatividad, conexión y celebración.
Son tan fructíferos estos encuentros, que ya se está fraguando un tercero, en conjunción con el Centro Cultural La Nao de la Universitat de Valencia, en la atractiva ciudad mediterránea,  gracias a la colaboración y el tesón de la productora Sandra Mora.

RESUMEN

El creador y el artista no solo es responsable del impacto positivo o negativo que producen sus creaciones sino también de las emisoras con las que decide experimentar, vivir y transmitir su vida y sus sueños. El verdadero arte no implica la renuncia a gozar la vida, pero el deleite estético y vital tampoco debería ir acompañado de una ceguera ética que prescinda de recordar a los menos favorecidos. Es nuestra responsabilidad echarles una mano, ya sea a través de nuestras creaciones o de otras experiencias vitales.
En el arte y en la vida, solo si rompemos la inercia de las sintonías monocordes y robóticas, si tensamos las fronteras de las zonas de confort hasta hacerlas añicos, si nos atrevemos a desnudarnos de la protectora mediocridad, si nos expandimos y regalamos nuestra energía a los otros sin temer demasiado por lo que vayan a hacer con ella, discurriremos por una senda mucho más gratificante, tanto para nosotros como para los demás.
Feliz escritura...

​​​​​​​Valentín Fernández-Tubau

Cofundador y director de Abcguionistas y Ars-Media

08/11/2016 14:39:43

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