12/03/2010 - 22 usuarios online

Senel Paz es a partir de su gran éxito “Fresa y chocolate” un retratista de la sociedad cubana. Ya sea desde el exilio en “Cosas que dejé en La Habana” o desde la propia isla en “Lista de espera”, el guionista y novelista proyecta su obra desde un ángulo sencillo y cercano en la forma pero rico en contenido. Algo tímido y amante de la vida, Paz nos muestra que la barrera entre cine y literatura se puede cruzar sin traumas. A principios de abril el escritor cubano estará en Madrid para dictar un seminario organizado por abc guionistas (ver información en portada).
¿Suele pasearse por los rodajes para controlar que no maltraten su obra?
A mí particularmente nunca me ha gustado mucho ni me ha interesado ir al rodaje. Voy un día para cumplir con el director y que no piense que no me interesa la película. Al igual que a uno le puede molestar que le controlen cuando está escribiendo, hay directores a los que le pone nervioso que esté el guionista. Eso no significa que otros quieran que estés con ellos.
¿Entonces no hay colaboración con el director?
Las primeras películas que hice en Cuba siempre eran de directores que hacían su Opera Prima y a uno le hubiera encantado que después de darles el guión hubieran dado un viaje y se hubiera caído el avión. Otros querían que yo estuviera ahí siempre. La tercera que hice fue con Gutiérrez Alea. Era un hombre que trabajaba mucho con el equipo, en colaboración. No por separado, porque siempre se dice mucho que el cine es un arte colectivo pero la mayoría de los directores te compartimentan y nunca ponen al guionista a hablar con el músico, con el de sonido... Alea trabajaba de otra manera. Los directores que están seguros son los que más te permiten colaborar.
¿Relaciona su labor en el cine con la de novelista?
Los personajes que escribo en las películas los retomo en la literatura y los he prestado a veces. Son personajes que están viviendo su vida y de pronto dejan de vivir en la literatura y viven un trozo en la película. Tengo esa relación de poder retomar los personajes en la literatura. El hecho de filmar la película, el tema de cámaras y todo eso no me atrae. Lo que me gusta mucho es el trabajo con los actores.
Cuando se pone a escribir, ¿tiene clara toda la historia de principio a fin o crea unos personajes y deja que ellos le vayan guiando a lo largo de la historia?
Nunca ocurre de la misma forma. Hay gente que antes de empezar con el guión necesitan tenerlo todo trazado, conocer todos los personajes. Esto es un buen plan, cuando empiezas a escribir saber a dónde vas y poder tener todo ese tipo de cosas atadas. Pero depende mucho del director. A mi personalmente, quizá como vicio de la literatura, me gusta ir escribiendo con sorpresas y a veces me voy por un camino y se me enciende una luz roja y se que lo voy a acabar quitando pero termina siendo un placer de búsqueda. A veces explorando algo entiendes mejor otra cosa que sí acabarás poniendo en el guión. Al igual que en la novela, en el guión tienes que tener claro todo el entorno de los personajes, pero en el cine es una escritura muy fragmentada, no se llega a la profundidad de la novela.
¿El poder del cine norteamericano afecta especialmente al cine cubano?
A veces no, precisamente porque Cuba es un bicho raro en el mundo a veces llama la atención. Aquí en España hubo un “boom” cubano que no supimos aprovechar porque no teníamos producción. Había un interés en el público porque Cuba es una referencia más viva en España o Francia que Ecuador o Colombia. Ahora nos ha desplazado el cine argentino. Van y vienen. Nuestras películas lo que demuestran es que sí podemos ser recibidos con gusto por el público pero la producción no nos mantiene.
© R.M. – abc guionistas
29/03/2004 12:22:09