13/11/2018


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Víctor Gaviria: "Necesitamos películas colombianas que cuestionen lo que está pasando en el país"

Víctor Gaviria
Víctor Gaviria

El guionista y realizador colombiano Víctor Gaviria se convirtió en pocos años de completo desconocido en uno de los autores latinoamericanos más apreciado en el exterior, gracias sobre todo a la selección y acogida de sus dos primeros largos, "Rodrigo D. - No futuro" y "La vendedora de rosas" en el Festival de Cannes. Ahora, estrena en España el tercero, "Sumas y restas", su inmersión en un tema que hasta ahora había sido protagonista secundario en sus películas, la droga y el narcotráfico. Junto con Hugo Restrepo como coguionista, Gaviria nos cuenta una historia con inspiración más o menos real, la de un ingeniero que se ve seducido por el dinero fácil del negocio de la coca, en la época de apogeo del cartel de Medellín.

Usted era estudiante de sicología cuando empezó en el cine, ¿cómo ocurrió ese acercamiento a la cámara?

Mi llegada al cine fue bastante casual. Cuando estaba estudiando sicología y escribiendo poesía en una revista especializada de Medellín, “Acuarimántima”, recibí de regalo una camarita que mi hermana me envió de Chicago, era una super-ocho milímetros; y como era barato filmar comencé a buscar imágenes en las esquinas, en los baldíos de barrio, en donde crecían hierbas y arbustos sorprendentes, desde los vagones del tren, captaba sólo imágenes porque la cámara no tenía sonido. Un día fui con un amigo, también poeta, a una institución oficial donde se educaban los niños y los jóvenes ciegos. Era una casa tan amplia y tan llena de luz, que producía admiración ver a estos niños aprender a orientarse a través de los corredores, a subir y bajar las escaleras, a vestirse y tender la cama, en suma, era sorprendente verles aprender ser niños como se debe. Hice entonces algunas imágenes, a la par que sonidos ambientes, voces, risas, gritos, y con esto edité manualmente un pequeño corto documental de ocho minutos que titulé "Buscando tréboles" (con el que obtuvo su primer premio en el Festival de Cine subterráneo de Medellín). A partir de ahí, cuando se lo mostré a mis amigos y vi la gratuita magia de la imágenes, me afiebré por el cine.


La temática social ha marcado su temática desde sus comienzos...

La temática social ha sido una consecuencia de mi trabajo. Mis primeros cortos estuvieron inspirados en recuerdos de infancia, que eran las vivencias de un chico de clase media, que es de donde provengo. Me servía de niños espontáneos que no habían tenido ninguna experiencia como actores, porque los actores de teatro me asustaban con su interpretación pomposa y sobre actuada. Además, era imposible contratar a los actores profesionales, porque todos vivían en Bogotá trabajando para la televisión, esta carencia fue la que me obligó a experimentar con actores naturales, es decir, con personas que conseguía casualmente y que no tenían preparación como actores, esa era la gente que yo iba vinculando a mis cortometrajes. Los resultados eran desiguales, pero la imposibilidad de trabajar con otros actores, me hizo investigar en la dramaturgia de los actores naturales, que no es otra que una profunda dramaturgia social, colectiva. De aquí no hay sino un paso para llegar a lo que se llama "temática social". Cuando me enfrenté a la idea de hacer una película sobre las comunas populares de Medellín, en "Rodrigo D.- No futuro", pude hacerlo porque ya sabía cómo transformar a aquellos jóvenes llamados "pistolocos" en repentinos actores naturales. Lo que llamamos "temática social" tal vez no sea sino la búsqueda de los elementos de una dramaturgia colectiva.


¿Qué le aporta el trabajo con actores naturales?

Trabajar con actores naturales ha sido para mí la solución a muchos problemas. No sólo problemas de actuación, sino, por ejemplo, de diálogos que tratan de escapar a la "teatralidad", o a la función "informativa" de los diálogos de televisión. En general es una oportunidad de escapar a las convenciones dramaturgicas, que uno lleva dentro de uno sin darse cuenta. Pero sobre todo ha sido el puente que he utilizado para llegar a una información que no está en los libros, a una información impalpable que a veces los guiones no logran apresar. En otras palabras, para quien, como yo, tiene la ambición de hacer películas parecidas a la vida misma, los actores naturales han sido la mejor manera de "copiar" el estilo de la misma: dispersión y desconcentración aparentes, para llegar a la "verdad" de la secuencia en forma indirecta, como sucede en la vida.


¿Cómo escoge a sus actores? ¿Qué tipo de relación mantiene con ellos?

El actor natural es para el director una persona que se puede conocer de la manera más profunda. Todo lo que se manifiesta a través de él es tu material de trabajo, es como un libro que debes aprender a leer. Inevitablemente esta relación de trabajo se transforma en una profunda amistad. Como he trabajado con muchachos díscolos y "atravesados", y con niños que tienen las vidas rotas, estas amistades han sido de compañía plena, sin prejuicios, sin distancias, compartiendo juntos un largo tiempo de espera, que es el tiempo de los que están esperando que el cielo se llene de luces, y que la noche se vuelva día por fin...


¿Qué tipo de relación se establece con los actores naturales que en sus películas suele ser gente con una vida tan inestable?

Después de terminar "La Vendedora de rosas" los niños de la calle que trabajaron durante año y medio con nosotros se sumergieron de nuevo en su vida cotidiana, pero sin poder olvidar que fuimos un grupo de personas diversas que trataron de tener un objetivo común. Luego, cuando vieron la película editada, algunas de las niñas se asustaron y se avergonzaron, porque de golpe se dieron cuenta de lo que de verdad estaban haciendo. La autoconciencia es lo que menos posee un niño de la calle. Van tropezando por ahí, excitados, exaltados, hiperactivos, sin tener tiempo para reflexionar y crear ese personaje frágil que se llama "sí mismo". Creo que esa fue siempre la propuesta que les hicimos cuando se convirtieron en actores repentinos. Luego el “éxito” de la "Vendedora..." les creó ilusiones y expectativas, que no se pudieron cumplir por dos motivos principales: el primero de ellos es porque se trataba en verdad de una película "documental"; ellos eran de verdad niños de la calle, con toda la dispersión de sangre y vida que ello significa; y la segunda, porque en Colombia la indiferencia no es sólo un sentimiento pasivo (de ser testigo del fracaso de los demás), sino que es una necesidad del orden mismo, que castiga a los demás cuando no puede hacerlos desaparecer.


¿Cómo surgió el proyecto de "Sumas y restas"?

"Sumas y restas" surge del deseo de entrecruzar el cine con esa otra "película" social que hemos vivido a la fuerza desde mediados de los setenta, el narcotráfico. La película nace de una historia real vivida por un amigo, uno de tantos de los que se involucraron en el negocio de la droga. Este comienzo nos permitió establecer la relación que hubo entre la ciudad formal y la ciudad emergente, pero no a partir de los legendarios capos y bandidos del Cartel de Medellín, sino que de personajes de bajo perfil, que nos permiten profundizar más aún en el fenómeno del narcotráfico como un hecho cultural. Las preguntas que se planteaban eran: qué ocurrió de verdad con nosotros mismos, por qué cambiamos el código de nuestros valores anteriores por un tormentoso río de dinero ilegal?


¿Cuánto tiempo duró el proyecto?

El proyecto de "Sumas y restas" fue escrito por Hugo Restrepo y por mí durante el año de 1999, con él ganamos el premio "Opera Mayor" del Ministerio de Cultura. Durante el 2000 conseguimos el apoyo de Ibermedia y de la OIM, y se hizo un extenso casting de actores naturales. Después buscamos enriquecer la historia inicial con cientos de testimonios de personas que habían vivido la dura experiencia del narcotráfico, para en agosto de 2001 iniciar el rodaje, que se extendió por 15 semanas. Durante la edición y la postproducción, atravesamos innumerables problemas económicos, pero pudimos concluirla en agosto de 2004.


Es fiel a un equipo técnico y artístico que siempre le acompaña.

Si. Desde el largometraje "Rodrigo D.-No futuro" he trabajado con un equipo básico de técnicos y artistas, con quienes comparto ideas afines sobre el cine colombiano y sobre el cine en general. Cine de atmósferas, de universos culturales que investigamos largamente hasta convertirlos en texturas concretas. Destaco especialmente a Rodrigo Lalinde, director de fotografía, y a Ricardo Duque, director de arte, a quienes las películas que he dirigido hasta ahora les deben tanto como a mí.


Medellín es el escenario de todas sus películas, ¿es una ciudad que le proporciona muchas historias?

Mi familia es de Medellín, vengo de una clásica familia antioqueña de clase media, con ocho hijos, con un padre que era médico cirujano, especializado en Radioterapia. La literatura de la casa eran las historias pueblerinas de mi padre, vividas cuando niño en un municipio olvidado de Medellín, Liborina, en donde compartía sus aventuras con duendes y brujas que todavía siguen volando hasta hoy en nuestra imaginación. Medellín siempre está en presente en mis películas porque creo que el ciudadano de esta ciudad tiene casi siempre la capacidad para exteriorizar sus experiencias personales de una manera muy completa, lo que lo convierte fácilmente en actor natural. No sé de dónde proviene esta cualidad, pero es gratificante ver la forma cómo rompe la soledad a su alrededor. Además desde niño la ciudad de Medellín me hace preguntas que quisiera responder alguna vez: ¿por qué tanta decencia y tanto bandidaje al mismo tiempo? ¿Por qué tanta legalidad y tanta ilegalidad mezcladas? ¿Por qué tanta delicadeza y tanta violencia al mismo tiempo? Esos son los enigmas de Medellín que quisiera responder con mis películas.


¿Como ve el aumento de las producciones del cine colombiano?

Es algo positivo, el cine colombiano debe transformarse en un oficio, una práctica. Necesitamos lograr que surjan películas colombianas con más frecuencia y mejor calidad, que cuestionen sobre lo que está pasando en el país. Hay jóvenes como Trompetero, Dago García y Ricardo Coral que me entusiasman , y también veteranos como Luis Ospina.

© Wandavisión-abc guionistas

07/04/2006 10:48:36

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