20/07/2008 - 10 usuarios online


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Jafar Panahi: "El público debe decidir por sí mismo"

Jafar Panahi
Jafar Panahi

Un año después de presentarse en la Berlinale, llega a las salas comerciales españolas la comedia de Jafar Panahi Offside, una aguda y a la vez tierna crítica a la legislación islámica que prohibía la presencia en los estadios de fútbol de las mujeres. Las protagonistas de la película son un grupo de chicas adolescentes que desean animar al equipo nacional en su carrera hacia el mundial de fútbol, pero que acaban detenidas por los militares que custodian el estadio.

El Festival de Venecia otorgó a Panahi el León de Oro en 2000 por El círculo, un drama sobre el dilema al que se enfrenta la mujer moderna en Irán. Ganadora del Premio Película del Año de FIPRESCI, fue escogida entre las diez mejores del mundo por la crítica internacional. El cineasta iraní había debutado en 1995 con El globo blanco, ganadora de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes. Más adelante, en 1997, su film El espejo ganó el Leopardo de Oro del Festival de Locarno, confirmando al joven director, que escribe y produce sus propias películas.

¿Qué le inspiró este guión?

Hace ocho años, Irán ganó a Australia y se clasificó para el Mundial. Entonces, la entrada a los estadios estaba vetada para las mujeres, sin embargo, esta vez se les dio permiso para recibir a los jugadores. Acudieron cinco mil mujeres, lo que dio pie a un debate muy serio acerca de por qué tenían prohibida la entrada. Recuerdo que leí un artículo en el que el periodista decía que incluso en la Grecia antigua las mujeres tenían el mismo problema. Cuatrocientos años antes de Cristo las mujeres debían disfrazarse para aplaudir a sus hijos. Que sea verdad o no me dio la idea para el proyecto.

¿Tuvo alguna aproximación personal al tema?

Sí- Hace cuatro años vivía al lado del estadio donde se entrena nuestra selección. Quería ir a ver los entrenamientos y mi hija estaba empeñada en acompañarme. Por mucho que le explicara que no era posible, ella estaba dispuesta a intentarlo. Al fin, toda la familia fue hasta el estadio. Así, si no la dejaban entrar, mi esposa podría llevarla a casa. Tal como esperaba, no pudo entrar, pero encontró una forma de colarse y se reunió conmigo dentro del estadio. Eso también me inspiró. Cuando vi que Irán volvía a tener la oportunidad de meterse en el Mundial, decidí que era el momento oportuno para hacer la película.

¿Hay la misma pasión en Irán por el fútbol que en Europa?

Sin duda, al igual que en muchos otros países, el fútbol es muy importante. Como pueden imaginarse, las distracciones no abundan en el país. El fútbol es un deporte y un espectáculo. También es una oportunidad de gritar, de gesticular, de soltar energía reprimida. A veces, cuando un partido de la selección nacional coincide con una manifestación e Irán gana, la manifestación es más intensa.

Algo que sorprende en su historia es como las adolescentes no tienen el menor problema en intentar saltarse la ley islámica.

El problema en Irán es que la frontera entre lo permitido y lo prohibido no siempre está definida claramente. Por ejemplo, si se prohíbe una canción, seguro que la gente la escuchará aún más. Además, los que aplican las leyes las interpretan a su manera. Nunca estamos seguros de si se trata realmente de la ley o de una interpretación personal. El deber de la policía consiste en asegurarse de que se respeta la ley, pero la gente siempre hace lo que quiere. En lo que respecta al fútbol, el ambiente dentro de los estadios es muy viril, muy masculino. Los hombres tienden a gritar, a montar broncas y a insultarse. Por eso el sector conservador piensa que las mujeres no deberían estar expuestas a ese comportamiento.

Se puede interpretar que a través de este guión usted está haciendo una especie de parábola, que finalmente conduce a valores más importantes que ir o no al fútbol, como es el derecho a la libertad individual.

Cualquier restricción es el resultado de otras restricciones. Si estudiamos una en concreto, deberemos considerar varias más. Mis películas funcionan del mismo modo. Escojo temas relativamente simples e intento desarrollar lo que los rodea, todo lo referente a esos pequeños temas que acaban simbolizando un problema más importante a una escala mayor dentro de la sociedad. El Mundial es un acontecimiento internacional. Transcurra en Japón o en Irán, todos aspiramos a lo mismo, por eso debemos erradicar la opresión. Es posible que las chicas iraníes expresen así su deseo de formar parte de una comunidad global. Pero no realicé la película con este mensaje en mente, el público debe decidir por sí mismo.

Su manera de rodar y de dirigir a los actores nos remite a un estilo documental, casi de reportaje...

La película está construida como un documental en el que he insertado personajes. ¿Es un documental o una película de ficción? Quería que la acción reflejara esta ambigüedad. Por eso nos esforzamos en el realismo temporal, para que el espectador sienta que está viendo algo real. Los lugares, los acontecimientos, los personajes y la figuración son reales. Por eso decidí no usar actores profesionales, para evitar la sensación de ficción.

Dado el tema, ¿tuvo problemas para rodar con chicas en un estadio?

Nos enfrentamos a muchos obstáculos para hacer la película. No es especialmente difícil obtener permisos para rodar un partido, pero filmar a chicas en un estadio es otro cantar. También me precedía mi reputación como director y éramos conscientes de que sería un problema. Nos esforzamos en ser discretos y evitar salir en los periódicos, pero cinco días antes del final del rodaje, salió un artículo diciendo que estaba dirigiendo una película. Los militares ordenaron que se interrumpiera el rodaje y les llevásemos lo que habíamos filmado hasta entonces para que lo vieran. Fui a ver al director de Cinematografía de Irán para decirle que no lo haría y que tampoco permitiría la presencia de un solo soldado en el rodaje. Por suerte, faltaban pocas escenas por rodar dentro de un minibús. Salimos de la zona militarizada y acabamos rodando a unos 60 kilómetros de Teherán.

Su cine, premiado en muchos festivales del mundo, no es conocido en Irán al estar ausente de los circuítos comerciales.

Si el Festival de Teherán selecciona una película, es más fácil distribuirla en Irán. Cada año relleno todas las solicitudes, pero de momento no se ha distribuido ninguna película mía en Irán. No me queda más remedio que seguir siendo optimista. Gracias a la dosis de humor que contiene la película, cabe la posibilidad de que se distribuya nacionalmente.

© Golem / abc guionistas

10/01/2007 13:24:40