22/08/2008 - 9 usuarios online

"Paraíso, Infierno y Purgatorio", tres guiones escritos por Krzysztof Piesiewitcz a partir de una idea suya y de Krzysztof Kieslowski, quedaron disponibles a finales de los años 90 cuando falleció el famoso cineasta polaco. Cuando Danis Tanovic los leyó por primera vez -mientras preparaba su opera prima "En tierra de nadie"- se decantó por "Purgatorio". "Paraíso", fue dirigida por el alemán Tom Tykwer, en inglés, con Cate Blanchett y Giovanni Ribisi, sin demasiado éxito, por lo que los derechos de los otros dos libretos cambiaron de mano y cinco años después, ya instalado en París, el cineasta bosnio eligió "Infierno", ambientada en París y que se iba a rodar en francés. Este film, rodado en 2005, se estrena el próximo 4 de mayo en España.
- Poco antes de su muerte en 1996, Krzysztof Kieslowski finalizó, junto con su guionista Krzysztof Piesiewicz el proyecto de una trilogía, "El paraíso", "El Infierno", "El purgatorio". ¿Qué le llevó a elegir una de las partes de esta trilogía, sin duda la más ardiente?
Después de una primera lectura, antes del rodaje de "En tierra de nadie", me tentaba más una adaptación de "Purgatorio", ya que trataba sobre la guerra y me tocaba más de cerca en ese momento. Luego, el éxito de En Tierra de Nadie me arrastró en una vorágine de promociones por todo el mundo durante algo más de un año. A la vuelta, me embarqué en otro proyecto que tuve que aplazar porque la actriz principal estaba embarazada. Mi productor, Cedomir Kolar, empezó a animarme para que retomara el guión de "El Infierno", el más interesante en su opinión. Lo volví a leer, me pasé una noche entera sin dormir pensando, preguntándome ¿cómo puede ser que hace cuatro años no hubiera visto todo lo que he visto ahora? Es verdad que, entre tanto, me he casado, he sido padre… El tema se me presentaba bajo otro prisma, descubría nuevos puntos de interés. Lo que más me seducía era esta visión tan íntima de los personajes femeninos, hasta entonces, todas mis películas giraban en torno a personajes masculinos implicados en conflictos bélicos.
- El deseo, la falta de amor, la familia, la ausencia, la fraternidad, la paternidad, la mentira, el suicidio… "El Infierno" aborda una gran cantidad de temas contundentes, fundamentales.
Esta historia toca todas las cuestiones esenciales a las que todos nos vemos enfrentados permanentemente, en mayor o menor medida. Cuestiones filosóficas que Kieslowski y Piesiewicz abordaron de manera sencilla, partiendo de tres historias banales. El infierno puede formar parte de nuestra vida cotidiana. No hay que ir a Afganistán para adentrarse en él. En ese país sacudido por la guerra he encontrado a personas mucho más felices que en París. Quise apropiarme de todos estos elementos para hacer mi propia película.
- Tres hermanas, una madre, un drama familiar… ¿Cómo resumir lo que une y separa a estas cuatro mujeres?
El drama viene del silencio que se instaura entre ellas, de lo que se calla. Esta forma de silencio en su relación con la memoria del propio cuerpo me interesa sobremanera. Un día, un astrólogo que estaba analizando mi carta astral, me preguntó: "Usted perdió a un hermano o una hermana, ¿cómo vivió ese drama?" Le contesté que no tenía hermanos. Me dejó un poco impresionado, llamé a mi madre para comentárselo y me confesó que había perdido un hijo. A los 34 años, descubría este secreto familiar… y el asunto me dejó un tanto perplejo, es cierto. Estas cuatro mujeres vuelven a acercarse retomando un diálogo interrumpido. Ser adulto es asumirse, enfrentarse a los propios interrogantes y a la verdad de cada uno.
- Hasta ese momento, cada una de ellas se había acostumbrado, a su manera, a esta ruptura de las relaciones familiares.
Una vez leí en un libro una idea que me gustaba, "es poco frecuente ver a los miembros de una familia vivir bajo el mismo techo". Las cuatro mujeres son muy distintas. La madre es dura y fría. Céline es un poco el "Jesucristo" de la familia, carga con su dolor tratando de salvar todo lo salvable. Sophie, a pesar de su belleza, de su éxito social, es una mujer completamente perdida, un dolor ambulante. Anne es muy representativa de las chicas de su generación, rebelde con el mundo, se deja llevar por sus deseos hasta las máximas consecuencias, sin preocuparse del daño que pueda provocar con ello.
- En la película, los hombres brillan un poco por su ausencia… Y los que hay, llevan todos una doble vida.
Nunca he tenido una opinión demasiado buena de los hombres… Sin duda, porque soy uno de ellos. Los hombres y las mujeres viven en dos planetas distintos, siempre me ha parecido imposible que podamos coexistir. En la película, el padre, en el fondo, es el único tío legal, aunque siempre se le haya tenido por un mal padre. Kieslowski no da ninguna explicación sobre el personaje, pero se trata de un hombre que no ha querido denunciar a un chico para evitarle el drama de una vida tirada por la borda. Acepta asumir la culpabilidad ajena y, por ello, va a la cárcel, pierde a su familia y se suicida. Por querer hacer el bien, este hombre ha terminado destruyéndose y destruyendo a su familia. Esta cuestión de la noción del bien y del mal me parece muy interesante.
- De ahí esa metáfora con las imágenes del nacimiento de un cuclillo al principio de la película.
El cuclillo se cuela en un nido ajeno para poner su huevo. Cuando la cría nace, tira los otros huevos fuera del nido. ¿La naturaleza es cruel? Somos nosotros los humanos los que hemos inventado esta noción. Al salir de la cárcel, el padre descubre a la cría de cuclillo en el suelo y la devuelve al nido. Piensa que está haciendo una buena acción y, sin embargo, le dará la oportunidad de matar a la última cría legítima. La historia es cruel pero, ¿qué es la crueldad? ¿qué es lo justo, lo injusto? ¿qué está bien? ¿y mal? ¿la madre tiene razón… o no?
- El hecho de poner la verdad en tela de juicio es algo recurrente en su trabajo como cineasta.
Un día, filmando en el frente bajo intensos bombardeos, tuve que correr a refugiarme a casa de un amigo. Me lo encontré tranquilamente instalado con su caballete pintando un cuadro de Sarajevo bajo la nieve. Me sentó fatal, no entendía su actitud. "Y ¿qué quieres que haga? –me dijo–. Soy pintor, pues pinto". Su reacción me dio mucho que pensar y me inspiró el guión de "Portraits d’artistes pendant la guerre", que cuenta la historia de cuatro personajes. El primero, un pintor dice, siguiendo el ejemplo de mi amigo: "Durante la guerra, la función de los artistas es proteger la cultura". El segundo, un fotógrafo, le responde: "el arte ha desaparecido con Sarajevo, la muerte se ha adueñado de todo". Y enseña fotos de cuerpos despedazados. El tercero, un escultor enrolado en el ejército, vuelve todas las noches a trabajar a su taller porque, para él "el soldado destruye, el artista crea". El cuarto personaje, también soldado, le responde: "Vuelve a coger el fusil y defiende la ciudad. Si sobrevivimos, ya veremos en qué ha quedado el arte". Cada uno de esos personajes defiende su propia verdad, todos pueden tener razón. Ocurre lo mismo con los personajes de "El Infierno".
- La película se construye mediante situaciones que se corresponden. Pierre (J. Gamblin) engaña a su mujer y será abandonado por su amante; Frédéric (J. Perrin) engaña a su mujer, pero será él el que deje a su amante que espera un hijo suyo. Otras escenas se repiten, tanto Pierre como el padre (M. Manojlovic) perderán la razón cuando sus respectivas mujeres les prohíban acercarse a sus hijos.
Pero cuando la situación se reproduce, veinte años después, se consigue evitar la tragedia. El guión abre una puerta a la esperanza, la nueva generación no acabará cometiendo, quizá, los mismos errores que sus padres. Sí cabe un poco de optimismo en "El Infierno".
- Sophie (E. Béart) y Anne (M. Gillain) viven el abandono como una destrucción de sí mismas.
El amor es egoísta, destructor. Es increíble la enorme cantidad de chicas guapas que viven tragedias por falta de amor, o por un amor que se rompe. La película también muestra que la sociedad occidental europea ha perdido la noción de la familia. El egoísmo individual terminará por destruirnos. Después de haber conocido la guerra me deja perplejo ver, como en un contexto en el que todo podría contribuir a la felicidad, la gente vive y se crea su propio infierno. Nos vemos arrastrados por un materialismo desenfrenado que, al final, nos destroza la vida. Corremos para acumular bienes secundarios y no nos damos cuenta de que lo que realmente necesitamos es amor.
- En la guerra, los actos de amor están más presentes.
Hay mucho amor en la guerra. Amor es cuando mi madre va a buscar veinte litros de agua bajo la amenaza de los francotiradores para que su familia pueda beber y lavarse. Amor es cuando tienes hambre y compartes el único trozo de pan que has podido encontrar. En la película, la familia se ha desintegrado. Al menos, si estuvieran en guerra, podrían resolver sus problemas, el conflicto es una cierta forma de relación y puede conducir a una resolución. Pero la ausencia de comunicación, el silencio, destruye cualquier tipo de relación y hace que se repitan los errores.
- El personaje de la madre (Carole Bouquet) ha sido comparado con Medea. Al prohibirlas que vean a su padre, la madre "mata" a sus tres hijas.
Es una Medea vista a través de un caleidoscopio. La madre no mata físicamente a sus hijas y, sin embargo, las destruye y destruye la familia. Como dice Anne en su conferencia, "en la actualidad, ya no es posible la tragedia". Este texto, como el monólogo de Jacques Perrin en la Sorbona, lo he sacado de las clases de mi profesor de dramaturgia en Sarajevo. En toda la cinematografía de Kieslowski, encontramos este tipo de reflexiones sobre el destino y las coincidencias.
- La historia no se narra simplemente como si se tratara de un drama burgués sobre parejas e infidelidades. Al internarse en los conflictos internos, usted confiere una dimensión trágica a los personajes.
No procedo de una familia burguesa, con lo que veo las cosas de distinta manera. "La tragedia tiene como fin cuestionar la naturaleza del hombre", dice Anne en su conferencia sobre Medea. La sociedad griega conocía la tragedia porque los griegos creían en muchos dioses y pensaban que éstos estaban implicados en su destino. Había una oposición entre lo mortal y lo divino. Actualmente, en nuestra sociedad que ha desertado de Dios, en este mundo material en el que Dios ha muerto, la tragedia ya no tiene cabida. Sólo nos queda el drama. No está mal, el drama puede ser trágico, pero no es una tragedia.
- Al principio de la historia, ¿las tres mujeres no asumen la culpabilidad de su padre como un destino?
Sí, y al mismo tiempo, otros pensarían que se trata de una coincidencia. Al romper el silencio, las hermanas se reúnen de nuevo y pueden vivir la vida de manera más libre. Creo que no hay respuesta a la cuestión de si se trata de coincidencias o de destino. Actualmente, queremos una explicación para cada cosa y para saberlo todo, controlarlo todo, lo simplificamos todo. Es la "instant generation", la generación del instante que exige respuestas cortas e inmediatas. Mi padre llevaba el reloj de su padre, que lo había recibido, a su vez, de su padre. Ahora, consumimos, compramos y tiramos sin parar. Dejamos a nuestra mujer, a la madre de nuestros hijos, para probar fortuna con otra. La noción de la familia ha saltado por los aires. Sólo cuenta el dinero. Es la sociedad del vacío. No queremos darnos cuenta de que esta vida no nos gusta y, al mismo tiempo, somos depresivos, desgraciados, nos sentimos abrumados por problemas que realmente no existen… Pero sólo depende de nosotros. He tenido mucha suerte en la vida. Después de una infancia feliz, he vivido momentos difíciles durante la guerra de Bosnia, pero estaba rodeado de mi familia, luego llegué aquí como refugiado, y vi la otra cara del espejo. Con esta película, sólo pretendo hablar de cosas complicadas. Mis películas no son pesimistas, ni negativas, sólo muestran situaciones difíciles que pueden parecernos duras. Me gusta mucho Kieslowski porque se define como un artesano del cine. Yo no soy un artista, no doy respuestas. Limitémonos a plantear las preguntas y busquemos las respuestas entre todos.
- La película está salpicada de símbolos, de metáforas, el insecto salvado de morir ahogado en un vaso, el plano de Marie Gillain plantada sobre un infernáculo o rayuela, entre infierno y paraíso.
Había una imagen parecida a la del insecto en El decálogo, este plano es uno de los homenajes que rindo a Kieslowski en la película. Considero al espectador como un adulto, no le doy una serie de respuestas masticadas. Trato de situarle en un estado emocional que pueda ayudarle a encontrar sus propias respuestas. A veces, le ayudo con pequeños detalles, visualmente, un objeto puede representar el estado interior de un personaje o una situación. Por ejemplo, dos días antes del rodaje, descubrí en el despacho de la directora de casting una planta cuyas hojas se retraían en cuanto las rozabas. Introduje la planta en una escena con Céline, porque se cierra en cuanto nos acercamos a ella y la tocamos. Asímismo, en la escena del café, cuando Sébastien le está leyendo un poema a Céline, añadí el ruido de un ventilador que rozaba en cada vuelta. Cada vez que da una vuelta oímos un ligero crin, crin, crin… Este sonido, inconscientemente percibido, refuerza la idea de que hay algo que choca entre ellos. La vida está llena de pequeños detalles. Mi padre siempre me decía, "El hombre cree que choca contra una montaña, pero, en realidad, sólo se tropieza con una piedra".
- Al encontrarse con Céline, Sébastien le dice: "Cuando nosotros matamos civiles inocentes, es un daño colateral. Cuando ellos hacen lo mismo, son terroristas".
En el guión original, para provocar el encuentro, Sébastien le decía: "qué locura, este ataque terrorista". Modifiqué el texto a mi manera y, lógicamente, expreso mi opinión sobre la guerra de Irak y sobre el mundo actual. A menudo nos olvidamos de analizar los dos lados de la moneda. No soy capaz, como Sébastien, de callarme durante 20 años, tengo una cierta tendencia a decir lo que pienso.
- Sébastien también cita un texto de Mesa Selimovic, uno de los más grandes escritores bosnios, "Me perdí buscando". Una frase que podría aplicarse a cada uno de los personajes de la película.
Y a cada uno de nosotros. Cuanto más aprendo, menos sé… La vida es demasiado corta para aprender todo lo que habría que saber. Me gusta mucho ese poema de Mesa Selimovic y La Fortaleza es mi libro de cabecera. El guión original proponía elegir un extracto de un texto de Brodsky, sin precisar cuál. Al apropiarme de esta historia, he preferido a Selimovic, que habla de manera más íntima. Pensé que a Céline, esta joven que lleva en sí misma una cierta poesía, la emocionaría también. Gracias al poema, se enamora de Sébastien.
- A menudo, en los momentos de tensión, se introducen elementos de humor inesperados. La historia del pollo que sobrevivió 18 meses con la cabeza cortada, o la original manera en que un revisor de tren entrega cartas de amor.
Es mi manera de hacer frente a la dureza de la vida, siempre nos queda la risa. Un amigo judío me contaba que en el gueto de Varsovia, la gente seguía conservando, a pesar de todo, el sentido del humor. En el guión original, en la escena en que Céline va a visitar a su madre enferma, no ocurría prácticamente nada, se sentaban juntas y ya está. En esta situación un tanto bergmaniana, me pareció divertido que Céline le leyera a su madre esas historias sin sentido de canibalismo o de pollos sin cabeza. Después de tantos años visitando a su madre sin poder hablar, Céline tiene que haber probado de todo, entonces, ¿por qué no leer el Guinness de los Récords? Es una manera de tomar cierta distancia en las situaciones difíciles. No me gusta torturar al espectador, prefiero desestabilizarlo, obligarle a pensar y provocar que le entren ganas de llegar hasta el final de la historia.
- A Kieslowski seguro que le hubiera gustado su película, aunque Bergman y Antonioni también podrían verse reflejados.
Se trata de directores que están muy presentes en mi cultura cinematográfica. Me siento cercano a Kieslowski, no en vano la sangre eslava corre por mis venas, pero no quería hacer una película "a la manera de". Cuando leo un guión, trato de saber qué tiene de esencial cada escena y lo que aporta a la globalidad del tema. Luego, me imagino la película. Trabajo tumbado en el sofá, como en una sesión de psicoanálisis. Danis, el paciente, cuenta su historia al psiquiatra Tanovic. Veo las imágenes con tal precisión que luego puedo rodar y montar muy rápido. Tardamos sólo diez días en montar "El Infierno".
- Los colores y los decorados participan de la singularidad de la película. Nos adentramos en laberintos de pasillos, puertas y ventanas entreabiertas… Y esta singularidad se subraya con una música que cuenta también con su firma.
Como músico, el cine me parece más cercano a la escritura musical que a la literatura. Me gusta que los actores ensayen escuchando los leitmotivs de sus escenas. Algunas escenas tenían que rodarse en estudio. Junto con Aline Bonetto, hemos reconstruido al milímetro un piso del Hotel en Saint Germain de Près, en el que rodamos los planos generales de esa increíble escalera en espiral que me recuerda el sexo de una mujer. La arquitectura de este lugar ayuda a Emmanuel Béart a ponerse en situación, se siente tan perdida como su personaje.
- Cada una de las hermanas le ha inspirado un color dominante.
Para Sophie, el rojo de la pasión, del amor, de los celos, de su lado carnal y, a veces, de su violencia, como en la escena con el ficus, o la de la cocina, cuando "viola" a su marido. Para Céline, el azul de la tristeza, de la espera, de la melancolía, de su resignación pacífica. Para Anne, la más joven, el verde de la inocencia, de la salida del cascarón y quizá de la resurrección. Los colores no se muestran claramente, sino que se multiplican en diversos matices gracias al buen hacer de Laurent Daillant, el operador jefe. Se encontraba en un estado de simbiosis total con las actrices, lo que reforzaba la confianza que reinaba en el plató. No puedo trabajar si no hay buen ambiente. Es muy importante que los actores estén a gusto, sobre todo cuando nos adentramos en emociones tan intensas.
- ¿Cómo ha conseguido un reparto tan increíble?
No se trata de una elección dictada por la taquilla. Sólo quería rodearme de actores a los que aprecio, por su talento y personalidad. Emmanuelle Béart se entrega al 150%. Es impresionante cómo se mete en un personaje. En este papel proyecta un gran dolor, una tristeza profunda, su mirada parece velada por las lágrimas. Te entran ganas de consolarla pero, al mismo tiempo, te da miedo… Karin Viard es exactamente la actriz que buscaba para interpretar a esta mujer solitaria que se ocupa de su anciana madre y que le encantaría que un hombre la cogiera entre sus brazos, la acariciara, la mirara… Karin tiene un encanto único, y una gama de emociones sorprendente. En la vida real, es todo lo contrario a Céline, es una mujer fuerte, dicharachera, divertida. Marie Gillain posee una extraña belleza. Ha aportado candor e inocencia a su personaje, y la frescura de las jovencitas que se hacen daño amando a la persona equivocada. Carole Bouquet es una actriz valiente. Está dispuesta a envejecerse para poder interpretar un papel secundario, mucho más difícil si tenemos en cuenta que tiene que trasmitir emociones intensas con una interpretación minimalista. Carole está conmovedora en la escena de violencia con su marido. Y cuando cae en el mutismo en la silla de ruedas, sus ojos desprenden una fuerza y una determinación nunca vista. Jacques Perrin. De mayor, me encantaría ser como él. Un gran señor, un caballero con unas dotes de seducción naturales. Sigue teniendo algo infantil en la cara, una dulzura, un cierto encanto y una sensación protectora que hacen totalmente creíble que Anne se sienta atraída por él. A Jacques Gamblin me lo recomendó Emmanuelle Béart. Es importante que una actriz quiera trabajar con un actor específico para que haga de su marido. Jacques es adorable. Al principio, al no conocerse, se mantenían a cierta distancia, pero enseguida cogieron confianza. Jacques siempre ha dado el tono justo y apropiado. Guillaume Canet, al principio me sedujo porque era un tipo simpático, sin complejos, contento consigo mismo. Guillaume ha superado brillantemente los dos retos que planteaba el papel. Tenía que hacer de alguien mayor que él y dar a su interpretación de un homosexual una emoción que nos llegue al corazón y, al mismo tiempo, un toque de tipo duro. Quería evitar los clichés de esos homosexuales refinados, afectados. Guillaume ha sabido darle el tono justo a su papel. Es un gran actor, aunque joven, y sus mejores papeles ya se están abriendo ante él. Jean Rochefort. ¡Qué gran señor! ¡Qué actorazo! ¡Qué sentido del humor! Para un director, es casi indignante trabajar con un actor así, porque no puedes darle prácticamente ninguna indicación, es impecable desde la primera toma. Simpatizamos cuando coincidimos como jurado en Cannes. Jean Rochefort es el único hombre que conozco capaz de llevar un traje blanco sin parecer un mafioso. A mí, me detendrían nada más salir a la calle.
- Después de este exitoso paso por el infierno, ¿cuál sería su visión del paraíso?
No lo sé. Si el infierno ya son tres mujeres, tres hermanas maravillosas, ¿¡cómo será el paraíso!? En realidad, he encontrado mi paraíso en la tierra. Tengo una familia maravillosa, trabajo en lo que siempre he soñado… ¿qué más puedo pedir?
© Vertigo Films / abc guionistas
30/04/2007 09:10:43