18/07/2019


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Jean Becker, autor de "Mis tardes con Margueritte": "Los mejores momentos del proceso de realización son la escritura y el montaje"


"Mis tardes con Margueritte"

El cine francés regresa este fin de semana a las salas españolas con la emotiva cinta de Jean Becker "Mis tardes con Margueritte", en el que Gérard Depardieu interpreta a un hombre de apariencia tosca y casi iletrado cuya vida se cruza en un parque con una frágil anciana apasionada por la literatura. Cuarenta años y cien kilos los separan. La dama, Margueritte, empieza a leerle extractos de novelas, haciéndole descubrir la magia de los libros, de la que él se creía excluido. Becker escribió el guion junto a Jean-Loup Dabadie, a partir de una novela de Marie-Sabine Roger, según nos explica:

- ¿Cómo descubrió la novela de Roger y por qué le entraron ganas de adaptarla para la gran pantalla?
Alguien de mi confianza se dedica a buscar temas y me hizo descubrir la novela Tardes con Margueritte, de Marie-Sabine Roger. Nada más leerla, me cautivó. Enseguida me atrajo el personaje de este buen hombre sin pulir, que sufre con su falta de cultura y que podría tacharse de simplón, aunque no lo sea para nada. Gracias al encuentro fortuito con una anciana muy erudita que le revelará la riqueza de la lectura, evoluciona. Ella le “desbrozará”… (Nota: el título original es La tête en friche, traducido literalmente, “La cabeza yerma”).

- ¿Por qué propuso a Jean-Loup Dabadie que la adaptara con usted?
Hacía tiempo que teníamos ganas de trabajar juntos. Le di a leer Tardes con Margueritte, le gustó mucho. Era la ocasión perfecta.

- ¿Le gusta el proceso de escritura?
Para mí, los mejores momentos del proceso de realización son la escritura y el montaje. El rodaje es un periodo angustioso porque siempre tengo la impresión de estar por debajo del guion y me obligo a ser lo más riguroso posible para no alejarme de la página escrita.

- ¿Siempre le ha pasado lo mismo durante los rodajes?
Es muy agradable encontrarse cada día durante seis semanas seguidas con los miembros de la pandilla. Pero le voy a ser sincero, también puede ser muy aburrido tener que contestar siempre a la misma pregunta: “¿Qué hacemos?” Siempre pienso en lo que contestaba Sébastien Japrisot: “No lo sé, pero que salga bien”. (Ríe) Reconozco que soy un hombre difícil durante el rodaje. Grito mucho, pero porque sé que cada error me aleja del objetivo: ser fiel a lo que está escrito. Para mí, cualquier detalle es esencial. Basta un pequeño fallo para hacer peligrar un rodaje. Por eso preparo cada escena con antelación, y así evitar los fallos”.

- ¿Cuándo pensó en Gérard Depardieu, con el que había trabajado en Elisa, para el papel de Germain Chazes?
Enseguida. Incluso antes de empezar a escribir el guion. Di la novela de Marie-Sabine Roger a Bertrand de Labbey, mi amigo y mi agente. Él sugirió el nombre de Depardieu y me preguntó si podía darle el libro. Gérard me llamó al cabo de tres días y me habló de la historia y del personaje durante más de una hora, profundizando muchísimo. Me parece que conoce el libro tan bien o incluso mejor que yo; eso explica la fluidez de su interpretación. El profundo amor que sintió por la historia hizo que aumentaran mis ganas de hacer la película. Y luego está la alegría que supuso reunirle con esa anciana, una actriz extraordinaria de 95 años, Gisèle Casadesus. Después de una proyección, alguien me dijo: “Esos dos estaban hechos para encontrarse”. El comentario me gustó mucho porque refleja exactamente la película.

- La había dirigido en La fortuna de vivir. ¿Por qué le propuso este nuevo papel?
A pesar de una apariencia frágil, Gisèle tiene mucho carácter, algo que encajaba a la perfección con el personaje. No creo que sea necesario que hable de su talento.

- ¿Le es fácil encontrar a los actores que corresponden a su idea de los personajes?
Me fío mucho de la selección de la directora de casting.

- ¿Cómo dirige a los actores en el plató?
No se dirige a un actor. No me gusta esa expresión. Les doy rienda suelta. De vez en cuando hablamos sobre un pequeño malentendido.

- Hábleme de la dirección.
Me gusta hacer un cine simple. Mi padre me repetía a menudo que una realización es la que no se nota. Si sobresale, va en detrimento de la historia porque el espectador se fija en algo que no es esencial. Para mí, la puesta en escena consiste en acompañar la evolución de los personajes durante el transcurso de la intriga, y siempre con el mismo objetivo: para que el espectador no salga de la sala exactamente igual que entró.

- Todas sus películas tienen un punto en común: son nostálgicas sin echar de menos el pasado. ¿Cómo consigue un resultado tan delicado?
No lo sé. Los temas me conmueven. La mayoría procede de novelas. Utilizo la creación de terceros para contar historias.

- Se sale de ver "Mis tardes con Margueritte" totalmente conmovido, sin la sensación de haber cedido a un chantaje lacrimógeno. ¿Qué método utiliza para alcanzar este resultado?
No busco arrancar lágrimas del público, aunque algunos afirman lo contrario, y tampoco creo haber tirado de la cuerda de la sensiblería. Simplemente intento contar lo mejor posible lo que me conmueve y trasladar esta emoción a la pantalla.

- ¿Cree que con cada película aprende a contar mejor las historias que le conmueven?
Claro que mejoro. (Ríe) No, es broma. Pero es verdad que se aprende algo con cada película y siempre me esfuerzo en no repetir mis errores. A veces, la experiencia es útil…

- ¿Ha cambiado muchas cosas en la sala de montaje?
He intentado suprimir los momentos en que el espectador podría anticipar la escena siguiente. Nunca dudo a la hora de cortar. Es más difícil en las primeras películas que uno hace porque se quiere a las imágenes. Pero un realizador no debe enamorarse de sus imágenes. He aprendido a no hacerlo y a concentrarme en el ritmo.

- ¿Le angustia el estreno de una película suya?
Suele decirse que una vez acabado el montaje, la película ya no pertenece al director. En lo que a mí respecta, no es verdad. Me implico totalmente hasta el estreno. Si tardo tres años en hacer una película, no quiero que un detalle de nada arruine todos nuestros esfuerzos en la recta final, durante la promoción de la película. Luego, cuando se entrega la película al público, puede funcionar bien, medianamente o mal. En cualquier caso, solo queda arremangarse y pensar en la siguiente.

© Golem-NOTICINE.com

17/08/2010 02:26:46

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