21/07/2019


Noticias de guion

Entrevista con Margarethe Von Trotta: "Me interesan las mujeres con debilidades, no las heroínas"


"Visión"

La veterana cineasta germana Margarethe Von Trotta regresa el próximo viernes a las pantallas españolas con "Visión, la historia de Hildegard von Bingen", retrato de una monja clave en la historia de su nación europea, científica, artista y vidente. Barbara Sukowa recrea a esta mujer de múltiples talentos que contrasta por su vitalismo y luminosidad con otras místicas de su época. La directora de "Rosenstrasse", "Rosa Luxemburg", "Locura de mujer", "Las hermanas alemanas" y "El honor perdido de Katharina Blum" rechaza la idea de que sus protagonistas sean heroínas de la condición femenina, y piensa también que esta monja, entre todas sus virtudes, tenía la imperfección humana.

- ¿Cuándo y dónde fue la primera vez que escuchó el nombre de Hildegard de Bingen?
En la década de 1970, las mujeres involucradas en el Movimiento de Mujeres buscaban modelos a seguir en la Historia. En ese momento había pocos modelos de rol femenino. La Historia fue escrita por hombres y hecha por los hombres. La historia de las mujeres no fue contada, y las mujeres estaban marginadas, como si nunca ellas nunca hubiesen jugado ningún papel. En esta búsqueda de mujeres olvidadas, nos encontramos con Hildegard de Bingen. Algún tiempo después, un montón de gente se involucró con la medicina alternativa, y buscando la efectividad de las plantas medicinales. Fue entonces cuando el nombre de Hildegard resurgió de nuevo. Yo ya me había interesado en ella antes de escribir el guion de "Rosa Luxemburgo" (en 1983), y poco después me pregunté si su vida no sería un buen material para una película. Incluso escribí algunas escenas, pero pensé que no habría un productor que estuviese preparado para hacer esta película. Así que archivé la idea por un tiempo.

- ¿Qué le movió personalmente a hacer una película sobre esta monja medieval?
Bueno, lo primero de todo, fue que ella forma parte de nuestra historia, y fue como se diría hoy en día, una mujer con muchos talentos. Era una visionaria, pero al mismo tiempo plenamente conectada a tierra. Era una mujer muy inteligente que, sin embargo, tuvo que ocultar su luz bajo el hábito de monja, porque, como mujer y como religiosa, ella no podía expresarse públicamente. La única posibilidad para ella de hacerlo era como una visionaria reconocida por el Papa, pero incluso en esto, ella fue una excepción. Había en aquel momento muchas mujeres excéntricas que decían experimentar el éxtasis religioso, y que vivían la comunión con Cristo en este estado de éxtasis, pero Hildegard de Bingen experimentaba sus visiones conscientemente, y con la plena presencia de su raciocinio. Ella debió haber tenido un subconsciente muy fuerte que le enseñó a imponerse a sí misma. Por supuesto, ella cría en Dios y que Dios le envió estas visiones. Todo el mundo cree en Dios, el Diablo, el Cielo y el Infierno. Lo que es interesante para mí es como Hildegard de Bingen usó sus visiones. Como mujer y una monja, ella era en realidad desconocida y subordinada -tenía que permanecer invisible- y, además, estaba encerrada en un convento, del que no se le permitía salir después de pronunciar sus votos. Ella "utiliza" las visiones para llegar a ser conocida como una vidente. Este paso también suponía un riesgo enorme para ella, podía muy bien haber sido excomulgada si no se le hubiese creído o podría había sido juzgada como una poseída por el diablo.

- ¿Cómo llegaron los hombres a prestar atención a sus creencias?
Usando sus habilidades diplomáticas, porque comprendía a los hombres y sus vanidades, se presentó a Bernardo de Claraval como una mujer "humilde y sierva". De este modo, primero se le permitió dar a conocer sus visiones y, a continuación -este es el paso más revolucionario- se las arregló, por medio de estas visiones, para poder fundar su propio convento. Dejó Disibodenberg -la provincia, como se la conoce hoy- y se trasladó a Bingen en el Rhin, un lugar de cruce de caminos cerca del importante arzobispado de Maguncia. Los peregrinos y comerciantes tenían que atravesar esta zona y visitaban el convento. Ella estaba más cerca del mundo, le llegó la noticia de los últimos avances en la medicina, y se encontró con el conocimiento de su tiempo.

- ¿Cómo la ve de significativa o relevante en el día de hoy?
La película aborda dos temas que son importantes para nosotros en la actualidad. Uno es el enfoque holístico de la medicina. Una vez dijo: "Primero el alma debe sanar, a continuación, el cuerpo seguirá". El otro fue la advertencia de que los elementos podrían volverse contra nosotros. En el momento la gente hablaba de los elementos, hoy se habla de la naturaleza que se vuelve contra nosotros y destruye, si no la cuidamos. Ambos puntos la convierten en relevante. Luego, por supuesto, tenemos su increíble obra como compositora, que escribió más de 90 canciones.

- ¿Puede explicar la escena del drama lírico que se sale del, por lo general oscuro, contexto monástico del resto de la película?
Esta escena, que es un extracto de su drama lírico "Ordo Virtutum", es original, y la encontré en los relatos históricos. En ciertos días festivos, a las monjas de Hildegard se les permitía que se envolviesen en batas de seda blanca, se pusieran joyas, se soltaban el pelo, y se arreglaban con guirnaldas. Debe haber sido una hermandad muy feliz e inocente. Hildegard de Bingen, dijo que el Cielo no conocía la fealdad, y que, como vírgenes, porque pertenecían al cielo, también deberían alegrarse de su propia belleza. Había dos direcciones dentro de la Orden benedictina: una, que era muy severa y ascética, hasta el punto del auto-castigo, al que Hildegard se negó, y el que abrazó la vida, que también quería llamar a la felicidad de la religión. Intenté mostrar esto a través de su "Ordo Virtutum”.

- Su película se niega a adoptar la idea de que uno se acerca más a Dios a través del sufrimiento, en una escena con Jutta von Sponheim, que llevaba un cilicio de espinas, que Hildegard de Bingen descubre después de su muerte.
Exactamente. En una breve escena de antemano, se muestra a Hildegard, ya como un niña, descubriendo que Jutta Von Sponheim se flagela con la esperanza de acercarse a Dios a través de su dolor. El descubrimiento de este auto-castigo sacudió tremendamente a Hildegard de Bingen. Jamás se flageló, y nunca se lo ordenó a nadie. Ella también se opuso al ayuno severo. Para ella, la fe se entrelaza con la felicidad y el amor de la humanidad.

- ¿Cuál es la razón de su interés continuo en retratar fuertes figuras femeninas vanguardistas?
Las figuras que me interesan son siempre mujeres que también tienen momentos de debilidad, por lo tanto nunca trato de hacer heroínas de ellas. Al contrario, muestro como luchan para encontrar su propio camino, cómo llegan ahí, y lo mucho que tienen que tragar con el fin de encontrarse a sí mismas. Estoy fascinada de cómo han superado estos obstáculos para alcanzar sus metas. Hildegard de Bingen tuvo el sueño de fundar su propia abadía, y sufrió una gran cantidad de reveses en el proceso. Uno de sus momentos de mayor debilidad es cuando la monja Richardis debe ajejarse de ella. En esta situación, ella se comporta como una niña pequeña, abandonada y furiosa. Esta conducta está toda plasmada en sus cartas. Y son precisamente estos momentos de extremo abandono de sí misma en que me parece tan hermosa, sorprendente y contradictoria. Hildegard de Bingen exige por sí misma lo que suele dar a los demás. De ninguna manera quería retrala como una santa.

- ¿Qué escritos o documentación ha utilizado?
Entre otras cosas, hay una biografía escrita durante su vida, no por ella, pero en parte dictada por ella, que documenta el viaje de su vida desde su nacimiento hasta la vejez. También usé sus escritos como documentación: por ejemplo, el "Scivias", su primer libro de visiones, y otros dos de la naturaleza y la curación. También hice uso de su correspondencia con el emperador Barbarossa, y diversos Papas, abades y abadesas de otros conventos. También existe la "Regla de San Benito", que contiene una gran cantidad de información acerca de la vida monástica de la época. Un amigo mío, que es un medievalista, me dijo que las personas se besaban en la boca cuando llegaban a un acuerdo, y para celebrar otras reuniones, así que he incluido este detalle. No eran tan puritanas como nosotros pensamos, sino que tenían una relación mucho más desinhibida con sus cuerpos y con el mundo físico.


25/08/2010 07:16:24

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