24/08/2019


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Abdellatif Kechiche: "He querido desmitificar la agresividad verbal de los suburbios"

Kechiche
Kechiche

El cineasta francés de origen magrebí Abdellatif Kechiche ha logrado con "La escurridiza" (L'esquive) un notable éxito en su país tanto en las salas como en la última edición de los premios César (equivalentes a los Goya), donde acaparó por sorpresa varios galardones, entre ellos los de mejor película y mejor guion, escrito por el propio Kechiche utilizando pasajes de una obre de Marivaux. Situada en el universo vital de un suburbio de París, en una urbanización de viviendas de protección oficial, "La escurridiza" se introduce –y llega a ser uno más- entre un grupo de chicos a los que acompaña por las batallas típicas de la edad. Abdel Kechiche ha querido ofrecer una nueva y fresca mirada de los suburbios franceses hablando de amor y teatro en la vida de un grupo de adolescentes. En definitiva, se trata de una visión insólita de los suburbios que han protagonizado recientemente el conflicto que ha mantenido en jaque a la sociedad francesa. La película se estrena en España el 16 de diciembre.

- Tardó siete años en llevar a la pantalla su guion "La faute à Voltaire". ¿Le abrió este primer largometraje el camino para preparar "L’Esquive"?

¡En absoluto! "L’Esquive" se ha realizado sin ninguna subvención ni ayuda financiera; ha sido gracias a una serie de circunstancias bastante inesperadas. Después de "La faute à Voltaire", quería hacer otra película, la historia de una familia árabe en la región francesa de Midi. Era un proyecto que me hacía ilusión, pero no encontraba financiación para llevarlo a cabo. En realidad, "L’Esquive" era un proyecto que tenía ganas de hacer ya en 1993-94, mucho antes que "La faute à Voltaire", pero por aquel entonces ningún canal de televisión, ningún productor creyó en ese guion. Yo diría que, paradójicamente, el guion se ha visto alterado por aquello mismo que yo proponía: una mirada nueva a la vida en los barrios. Los barrios humildes del extrarradio se han estigmatizado hasta tal punto que es casi un acto revolucionario situar en ellos una acción cualquiera que no trate de agresiones, drogas, mujeres violadas ni matrimonios forzados. Yo tenía ganas de oír hablar de amor y de teatro, para variar. Y fue precisamente eso lo que, años más tarde, suscitó el interés de Jacques Ouaniche, el productor, que buscaba un proyecto que pudiera ser llevado a cabo con pocos medios. "L’Esquive" se ajustaba bien a lo que él buscaba, y le convenció mi voluntad de aportar una visión más personal de los barrios de la que suele ofrecerse.


- ¿Qué aspectos del texto de Marivaux han inspirado el guion?

Por un lado, la agudeza con que trata los sentimientos humanos, en toda su complejidad y universalidad y, por el otro, el lugar que concede a la gente sencilla. En la obra de Marivaux, los pajes, las criadas, los campesinos, los huérfanos no sólo participan plenamente en la intriga, sino que además poseen una vida privada, un mundo interior, sentimientos sutiles. No cumplen meramente una función social, sino que son hombres y mujeres de verdad, con derecho a una psicología compleja. Adquieren humanidad. Su función no basta por sí sola para definirlos. Esto es lo que, para mí, constituye la modernidad de su punto de vista, incluso diría que su lado subversivo. Había más audacia en su enfoque que en la forma en que hoy día se refleja a las minorías. La representación simplista que se hace siempre de ellas demuestra una especie de pereza. Se les deniega ese mismo derecho a la diversidad y a la complejidad del que hablábamos. En el caso de las personas que proceden de la inmigración, por ejemplo, el único rasgo que se les concede es el de su integración o ausencia de ella. Es una visión limitadísima. La representación de las minorías en el panorama audiovisual francés sufre una verdadera falta de curiosidad y de apertura al otro.


- Usted ha llevado a cabo en su texto un esfuerzo de autenticidad en el lenguaje urbano marginal, que aparece tanto en su dimensión violenta como en su función comunicativa, de intercambio normal al fin y al cabo bajo un barniz agresivo.

Efectivamente, he querido desmitificar esta agresividad verbal y presentarla en su verdadera vertiente de código de comunicación. Más que una violencia propiamente dicha, es una especie de agresividad de boquilla que muy a menudo esconde cierto pudor, e incluso una auténtica fragilidad.


- ¿Cómo acogió el rodaje la gente del barrio?

Al principio eran muy desconfiados. El barrio de Franc-Moisin, donde hemos hecho el rodaje, ya había sido visitado por otros equipos para hacer diversos reportajes, y la gente se sintió traicionada por el resultado. Muchos vinieron a decirnos hasta qué punto se sintieron insultados por la imagen que se había dado de ellos, y yo les comprendo. Pero en cuanto comprendieron lo que pretendíamos hacer con la película, se formó una auténtica relación de amistad y confianza. El rodaje acabó formando parte de su universo cotidiano y, de hecho, muchos de ellos participaron directamente en él. Por nuestro lado, nunca tuvimos el menor temor a agresiones, a pesar de las preconcepciones alarmistas. En cualquier caso, esta reacción de desconfianza me pareció muy sana. A fin de cuentas, temían ser mal representados. El derecho a una imagen justa es muy importante. Durante la selección de actores, en la que conocí a un gran número de jóvenes, me chocó la deformación que provocaban en ellos las representaciones caricaturescas habituales del cosmos urbano. Al llegar a la enésima improvisación sobre el tema de la violación colectiva o del matrimonio acordado, vi necesario explicar a los adolescentes que venían a las pruebas que no esperaba que se ciñeran necesariamente a las películas ni a los reportajes que hubieran visto. En su elección de los temas había algo que sonaba a falso. Cuando descubrían que la película trataba de un chico que se enamoraba, y una vez pasado el momento de sorpresa, todo terminaba siendo mucho más natural. Empezaban a hablar del amor con sus propias palabras. Como ocurre con todos los jóvenes de su edad, sus mayores inquietudes eran las mismas: superar el miedo a entrarle a una chica o a un chico, seducirle, asegurarse de ser correspondidos, de no ser traicionados. Eso era lo que a mí me interesaba: su juego amoroso, sus propias palabras de amor.


- ¿Cómo se encuentra el equilibrio justo entre el romance y la realidad de los problemas vividos por los habitantes de un barrio?

Es una cuestión de elección. Lo que he hecho ha sido dirigir mi atención a un aspecto en concreto de la vida urbana. Mi objetivo principal era realizar una ficción sin traicionar por ello la realidad. Es posible que no recalque demasiado mi compromiso, aunque yo creo que está presente en el sentido de que otorgo sentimientos y emociones, a estos jóvenes franceses surgidos de la inmigración. Reivindico para ellos la misma "banalidad" en su vida que pueda tener cualquiera, más allá de los estereotipos insultantes de la víctima o el delincuente. Casi se puede decir que esta película es un alegato en favor del derecho a la justa representación. Hace veinte años ya oía decir que no hay suficiente presencia de artistas procedentes de los barrios. Hace cinco años, un informe del Consejo Superior de los Medios Audiovisuales consideraba el sector audiovisual francés discriminatorio, incapaz de reflejar el carácter multicultural y multirracial de la sociedad. Y la cosa sigue sin cambiar de verdad. Por mi parte, intento siempre anteponer al discurso en sí el placer de contar una historia y retratar a los personajes.


- Sin embargo, el "mensaje" de "L'Esquive" resulta fresco y saludable gracias precisamente a que no es una película militante.

Y es así como me gustaría que se percibiera. Del mismo modo que me gustaría que se entendiera como el juego amoroso que es.


- ¿En qué basó su elección de Osman Elkharraz (Krimo), Sara Forestier (Lydia) y los demás actores?

Me resulta complicado explicar ahora mis elecciones; se basan en una seducción mutua. Ciertos actores tienen un carisma, una presencia, que despejan cualquier duda que tengas. Sin embargo, al principio la cantidad de adolescentes con los que quería trabajar era mucho mayor, y a veces fue muy duro tener que elegir. En muchos casos primaron aspectos prácticos como la disponibilidad a quedarse en verano para ensayar o las autorizaciones de la Dirección Departamental de Asuntos Sanitarios y Sociales. Lo más curioso es que los que tenían una personalidad más alejada de su papel son los que han terminado interpretándolo. Por ejemplo, Osman no es reservado e inseguro como Krimo sino todo lo contrario, pero tenía una comprensión instintiva muy buena del personaje y sus dudas. Lo mismo vale para Sabrina Ouazani, que interpreta a Frida: ¡es cualquier cosa menos una bocazas! En cualquier caso, no hemos mantenido largas reuniones con cada uno para analizar a fondo su personaje, esa técnica no va conmigo. Al final seguí el mismo sistema de trabajo que ya había empleado con actores profesionales: tanteamos, nos empapamos del texto, lo hablamos, trabajamos la entonación, buscamos la dinámica grupal. Incluso a veces los chicos interpretaban los papeles de las chicas y viceversa, todos se intercambiaban los personajes. He querido poner por encima de todo la noción del placer en la actuación y el trabajo del actor. En realidad la distribución definitiva de los papeles no se hizo hasta haber llevado a cabo largos ensayos en grupo.


- ¿Ha tenido que canalizar el entusiasmo de los actores para obtener esta autenticidad en la interpretación?

Es verdad que tienen una energía arrolladora; más que yo, seguro (risas). Me han dado muchísimo. No se cansaban nunca, como si les moviera la constante maravilla que les producía estar allí y ser otra persona gracias a su papel. Eso es algo que el artista pierde un poco al pasar los años; encontrar intactos este entusiasmo, esta implicación, es un baño de juventud. Tengo que decir que, dadas las condiciones extremas del rodaje, he tenido mucha suerte. No me gusta hablar de actores natos, pero muchos de ellos han ejercido sobre mí una auténtica fascinación. Me consta que algunos desean continuar en esta profesión. Sara, por ejemplo, ha hecho otra película después, y también Sabrina; Rachid, que hace de Arlequín, escribe guiones; Hafet, que interpreta a Fathi, quiere trabajar en el teatro y se le ha despertado una gran pasión por el sonido... Es extraordinario, porque sólo Sara había actuado anteriormente como extra un par de veces; los demás no tenían experiencia en un plató o en un escenario teatral. Todos ellos se han implicado emocionalmente en esta aventura, ellos mismos se admiraban de lo que hacían, y al final, cuando algo no funcionaba bien en su actuación, lo notaban; eran capaces de juzgarse a sí mismos y pedían otra toma... y solían tener razón en muchos casos.


- Aun sabiendo que la película está escrita y ensayada, cuesta no verla como una sucesión de momentos robados, improvisados…

Ya me lo han dicho, y no me lo tomo como un reproche. Muchas veces me dicen que les parece una película etnográfica, pero mi enfoque es totalmente distinto. No tengo la intención de reproducir bloques de realidad en bruto, sino más bien de reconstruir con mis artesanos, mis actores, un mundo nuestro, ficticio, aunque atravesado por momentos de emoción que le dan vida. Estos instantes de verdad en los que los actores se trascienden a sí mismos son algo raro y bello, es entonces cuando descubrían de verdad que podían ser actores, y efectivamente algunos de ellos han abrazado este oficio con pasión.


- ¿Se considera un realizador cuya puesta en escena se encuentra ante todo al servicio de los actores?

Sí, es verdad, pero intento encontrar cada vez más una armonía entre los planes que tengo en la cabeza y la actuación de los artistas. Cuando, en una escena, noto intuitivamente lo que tiene que hacer la cámara, que el operador de la jirafa comprende el movimiento y que el actor siente la energía, me quedo muy satisfecho. Pero cuando no consigo encontrar esa armonía, decido apoyarme en el actor. Sigo pensando que, si el actor es sincero, lo de menos es si la cámara le encuadra exactamente como yo quería o no. "L'Esquive" es una película en constante movimiento; quería darme libertad para imprimir un ritmo a cada plano hasta llegar a las escenas del ensayo de la obra de teatro, al momento preciso en que la palabra se libera. Y los actores han contribuido mucho a que las escenas vibraran...


- ¿Qué le han comunicado Sara y Osman en concreto con su personalidad?

Me cuesta separarlos de los demás pero digamos que, en el caso de Osman, su trayectoria vital le ha dado a la vez una sensibilidad y una fortaleza de carácter increíbles para su edad (sólo tenía 14 años en el momento del rodaje). Yo temía que interpretar a un chico enamorado le intimidara, pero supo encarnarlo a la perfección, aun siendo alguien seguro de sí mismo, firme. En cuanto a Sara, es una persona de gran generosidad: siempre da, aunque muchas veces sea ella la que tenga las de perder. Fuera del rodaje, tenían sus altos y sus bajos, como todos los adolescentes: a veces congeniaban, a veces se enfadaban, pero a la hora de currar estaban muy sincronizados, muy pendientes el uno del otro. He tenido una auténtica complicidad con ellos, igual que con todos los demás. Siempre he necesitado esta relación de confianza, este componente afectivo; no sabría trabajar en un entorno de hostilidad. En ningún momento he llegado a sentirme como un monitor de colonias, aunque a veces tenía que demostrar un poco de autoridad para terminar la jornada (risas). Cuando grito es para estimular, para poner orden, no para mandar o imponer.


- Hay un estallido de brutalidad en la película cuando la policía arremete contra Krimo, Lydia y sus amigos. Es una escena que puede parecer incómoda, como si fuera un tema que usted se considerara obligado a tocar...

Lo entiendo perfectamente, y estoy seguro de que no faltará quien me lo reproche. Por mi parte, al sumergirme en el día a día del barrio, no me sentía con derecho a no abordar una realidad que he observado. Cuesta trabajo imaginar hasta qué punto los habitantes de los barrios viven sometidos a una presión policial permanente. Durante el propio rodaje asistí a sucesos de este tipo muchísimas veces. Con todo, y pese a la gran violencia de la escena, la considero nada más que como una especie de pedorreta dirigida a esa autoridad abusiva, ya que de hecho no posee un gran peso en el curso de los acontecimientos... Al final el espectáculo puede celebrarse y la vida sigue su curso. Eso es lo importante.


- ¿Qué le gustaría que la película supusiera para estos actores, y en general para los jóvenes espectadores?

Una conciencia de su propio potencial artístico y, por consiguiente, una reivindicación de los medios de expresión. Creo que el valor artístico del trabajo de interpretación que han efectuado evidencia una necesidad cultural en plena ebullición que sólo necesita estructuras adecuadas y medios financieros para expresarse.

© Notro Films / abc guionistas

07/12/2005 21:25:32

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