21/07/2019


Noticias de guion

Alberto Luberta de vuelta en Alegrías de Sobremesa


 

Cuando Alberto Luberta se retiró, hace cuatro años, tenía planes de escribir una novela, luego dijo que haría una serie policíaca para la radio; "pero no hice nada, estaba echo un vago". Durante 43 años se consagró a Alegrías de sobremesa, que poco a poco se fue convirtiendo en una gran responsabilidad. Era, veámoslo así, el guionista cubano sobre el que descansaban las expectativas de casi todo un pueblo, ya los personajes no eran suyos sino de la gente, que le habría reclamado si cometía un error. Pero supo llevar con energía, y sobre todo con creatividad, su tarea. Ahora comienza de nuevo a escribir para Alegrías…, y sus guiones saldrán a partir del 5 de septiembre; aunque solo por un tiempo; ya tiene un nuevo guionista que lo reemplace…

-¿Cuándo fue la primera vez que se dio cuenta de que Alegría de sobremesase había convertido en algo grande, en un compromiso muy grande para un guionista?

-Estamos acostumbrados a que los programas empiezan, duran un tiempo y se acaban, y así yo empecé Alegría de sobremesa, nunca pensé que aún en esta fecha estaríamos hablando de ella. Me di cuenta de la responsabilidad que tenía con la audiencia por las encuestas. Fue en los primeros años de la década del 70. Durante la zafra de los 10 millones, todos los fines de semanas viajábamos a un campamento de macheteros y hacíamos programa en el medio de un cañaveral y las reacciones del público eran sorprendentes. Cuando Rosillo empezaba a anunciarnos, la gente terminaba sus frases de memoria.

-Y ¿no le asustó una responsabilidad tan grande? ¿No le preocupaba defraudar a tanta gente?

-No, me dio miedo cuando empecé. Pero en ese momento hacía cinco años ya que estábamos haciendo el programa. Estaba haciendo lo que yo podía hacer.

-El humor es su oficio y hay días en que sencillamente los seres humanos no estamos alegres. ¿Cuál ha sido el programa que más trabajo le ha costado escribir?

-No, el humor para mí no es un oficio. Le hecho mano a las mañas del oficio cuando amanezco con la página en blanco, empiezo a mover a mis personajes y ese día la gente dice "no le funcionó". Pero no es la generalidad, yo escribo porque me gusta. Eso sucede con cualquier escritor que, si tiene dominio de sus personajes, un día que no tenga nada que escribir basa su libreto en ellos y no en la situación humorística para que salga al aire.

-Hay actores que han marcado el programa y han muerto, todo el pueblo lo sabe y sin embargo ha tenido que escribir para Alegrías… un guion humorístico. Cuando le pregunté pensaba cuán difícil puede ser para usted escribir ese día precisamente…

-Sin lugar a dudas, te trae trastornos. Los artistas que trabajan conmigo son mis amigos. Por ejemplo, Aurora Basnuevo cumple años el sábado y me dijo: "Tú ve a la hora que te dé la gana". El que más yo sentí fue Idalberto Delgado. Cuando murió, yo pensé que el programa no iba a seguir, porque además su personaje era yo con mis majaderías, mis molestias, yo me reflejaba en su personaje.

-Durante 43 años escribió día tras día los capítulos de Alegría de sobremesa. Se dice fácil, la vida cotidiana está llenas de problemas domésticos, turnos médicos, la familia le pone siempre a uno responsabilidades cuando ve que se tiene horario abierto… ¿Cuán difícil le fue escribir los capítulos del programa sin interrupciones?

-Escribía de lunes a jueves. Al principio no, era día tras día. Pero en la década del 70, grababa dos el lunes, dos el martes, dos el miércoles, dos el jueves, que eran los siete de las semanas más uno que sobraba para las vacaciones. Los viernes, sábados y domingos los dedicaba a esos otros ministerios. Pero de todas formas, te dolía la cabeza y tenías que sentarte. Tienes que tener talento para escribir, tienes que tener imaginación, pero tienes que tener ante todo mucha voluntad, porque la radio es una maquinita de moler inteligencia. Tú terminas un libreto y tienes que empezar a pensar en el otro y tienes que sistematizar tu trabajo. Yo me acostaba y hasta que pensaba lo que iba a ser al otro día no pegaba un ojo, para no levantarme precisamente en blanco. Luego dormía tranquilo, porque sabía lo que iba a hacer.

-¿Por qué prefiere las situaciones humorísticas a los chistes?

-Es que el chiste es como un pellizco: te deja un coloradito y ya, dentro de un rato se te va. A ti te hacen un chiste ahora y a lo mejor mañana no te acuerdas, y las situaciones se te quedan grabadas.

-Los personajes de Alegría de sobremesa los sacaba a partir de la personalidad de los actores. ¿Por qué prefiere ajustar los personajes a los actores cuando generalmente sucede que los actores son los que deben adaptarse a un personaje?

-Es un recurso. Por lo regular tenía un personaje en la cabeza, y buscaba al actor que me lo podía dar. Y entonces iba buscándole las aristas a ese actor, a ver hasta dónde lo podía lograr, a ver qué podía hacer y después le adaptaba el personaje a él. Por lo regular se hace al revés, yo lo hacía así.

-Además de Alegrías de sobremesa, ¿recuerda con satisfacción algún programa para el que ha escrito?

-Yo al principio escribía dramáticos, luego fue que me pusieron el cartelito de humorista. Y por necesidades de la radio empecé a escribir humorismo en el año 61, con un programa estelar que había en la antigua CMQ: Fiesta a las 9, y había un sketch en el medio que se llamaba "Tota y Pepe", y al programa le decían así, ahí empecé yo. Hice televisión, pero no me gusta la TV, te empiezo por ahí.

-¿Por qué?

-La radio es una trampa, invito a los jóvenes a que se acerquen nada más, ya lo otro lo hace ella. Escribí mucho en televisión pero no me acababa de atrapar, los directores me decían: "Escribes demasiado". No lograba adaptarme al video, escribía como si fuera para radio, me di cuenta. Y me refugié aquí en ella.

-¿Qué lo llevó a decidir que no debía escribir más Alegrías de sobremesa?

-No estaba cansado. Pero ese trabajo diario parece fácil y no lo es. Siempre decía medio en serio y medio en broma que cuando muriera nadie iba a ir a mi entierro, porque yo no iba al entierro de nadie. Porque a todo el mundo lo entierran por la mañana yo estaba obligado a hacer los libretos a esa hora. Llevaba 60 años trabajando en la radio, además siempre he sido una gente que defiende a la juventud. Entonces empecé a trabajar con este muchacho, con Ahmed Otero, lo traje a Radio Progreso. Me había presentado unos libretos de Alegrías… que me parecieron buenos pero aún muy verdes, y lo coloqué aquí en otros programas hasta que me dije: "ahora me voy a jubilar y le voy a pasar el programa".

-Y en ese tiempo que no lo escribía, ¿no pensó en ningún momento echarlo todo atrás y volver?

-No. Y ya mandé a hacer contacto con un muchacho en Pinar del Río que tiene mucho talento y le gusta escribir humorismo, voy a ver cómo viene para acá. Tengo la suerte de que el director de Radio Progreso es pinareño, y me está ayudando. Yo asumiré un tiempo, pero son 80 años, ahorita me llegan los achaques, que no me han empezado todavía.

-¿En su opinión, cuáles son las características que tiene el cubano que hace que le guste el humor costumbrista?

-Se ve reflejado. Nosotros somos únicos, no es chovinismo de mi parte. Al cubano le gusta que tú le hables de la forma en que él es. Te hago un cuento. Yo tenía dos personajes que se llaman Chacho y Teté, que eran unos peleones. Y yo me encuentro entonces un día a un tal Chacho que era pianista y la mujer se llamaba Teté. Y entonces me dice: "Oye, Luberta, tú me estás buscando unos problemas tremendos, porque tú pones situaciones ahí que me pasan en la casa". Entonces la mujer le decía: "Tú le vas con el cuento a Luberta", y ni nos conocíamos. Porque son situaciones que le pasan a todo el mundo, sencillamente. Están todavía por ahí los dos, Chacho y Teté. El cubano se ríe de sí mismo, es su naturaleza.

27/08/2011 18:17:08

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