25/04/2019


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Bertrand Bonello habla sobre "Casa de tolerancia"


"Casa de tolerancia"

El cineasta francés Bertrand Bonello estrenó el año pasado en Cannes "Casa de tolerancia", que luego obtuvo 8 nominaciones a los César de este año, consiguiendo el premio al Mejor Vestuario. El film, participante también el año pasado en el Festival de Gijón, narra las vivencias en el interior de una "casa de tolerancia" llamada "L’Apollonide", que vive sus últimos días. En este mundo cerrado, donde algunos hombres se enamoran y otros se vuelven brutalmente peligrosos, las chicas comparten sus secretos, temores, alegrías y penas... Bonello (1968) debutó a los 30 años, y en su trayectoria desde entonces se recuerdo especialmente "Le pornographe" (El pornógrafo), retrato de un realizador de cine porno jubilado interpretado por Jean-Pierre Léaud. "Casa de tolerancia" es la primera de sus cintas que se estrena comercialmente en España, este fin de semana.

- ¿Por qué le interesó hacer una película sobre lo que en un tiempo se llamaron "Casas de tolerancia"?
Hace diez años quise hacer una película sobre la reapertura de burdeles hoy en día. Luego abandoné la idea. Después de rodar "De la guerre" (De la guerra), mi anterior película, realmente quise hacer una película con un grupo de chicas, sobre la dinámica de un grupo. Fue mi socia, Josée Deshaies, quien es también mi directora de fotografía, quien me sugirió que volviera a la idea de los burdeles, pero tratándola desde un punto de vista histórico. Luego empecé a documentarme y me encontré con su libro "La vie quotidienne dans les maisons closes 1830-1930", el primero que leí sobre el tema. Me interesan los mundos cerrados. Todo mundo cerrado puede convertirse en un mundo ficticio, un mundo para el cine. Después decidí trabajar entre el documento y la ficción, entre la crónica y lo novelesco. La prostituta siempre nos ha sido presentada a través de los ojos de los hombres: la mayoría fueron pintores o escritores que iban a los burdeles y volvían a casa para pintar un cuadro o escribir un libro. Es muy difícil encontrar el punto de vista de la propia prostituta.

- ¿Qué le atraía de la prostitución?
Hay algo profundamente misterioso en ellas, razón por la que son un personaje de ficción recurrente en la historia del arte. La primera película en la que aparece una prostituta data de 1900. Apenas se había inventado el cine y la prostituta ya se había convertido en un personaje.

- Usted describe el burdel como un lugar para la sociabilidad, antes de subir a las habitaciones...
Muchos hombres ni siquiera suben, sólo vienen a tomar una copa. Lo que es realmente muy interesante en su película es que, por un lado, está el espacio de arriba y, por otro, el de abajo.

- ¿Qué tipo de influencias reconoce?
Creo que las películas de Cronenberg marcaron mi vida, pues él no habla de otra cosa: de cómo la relación con el cuerpo afecta al espíritu, hasta la locura. Vuelo ahora a este personaje: cuando estaba escribiendo el guion soñé dos o tres veces seguidas con "The Man Who Laughs" (El hombre que ríe), una película de los años veinte, una adaptación de una obra de Victor Hugo. Así que me dije que intentaría inventar a la Mujer que ríe.

- Supongo que no es casualidad que los principales personajes, como la madame de la casa de tolerancia y también los clientes más importantes, estén interpretados por cineastas.
¡Me di cuenta demasiado tarde! Fue un poco por casualidad. De golpe, estábamos en una habitación y nos dimos cuenta de que éramos unos diez. ¿Por qué tantos directores de cine? No lo sé, debía de ser también mi manera de hablar sobre el cine.

- Lo que es apasionante en su película es que las chicas son observadas por la madame, la mujer maestra que observa a sus actrices a sueldo. Finalmente, los hombres son un poco los esclavos de las chicas. Son las chicas quienes vencen a los clientes.
Sí, estoy absolutamente de acuerdo en eso. La mujer maestra es la carcelera. La dureza viene de la propia casa, de la prisión y las condiciones de vida. Con mi directora de fotografía decidí filmar solamente a las chicas. De vez en cuando, los hombres aparecen de espaldas o sus cabezas no aparecen dentro del marco. Por lo tanto, hay pocos contraplanos, nos quedamos con la chica y, si nos damos la vuelta, la chica está también dentro del marco. En cuanto a la relación con los clientes, les dije a las actrices: "Atentas, quiero doce chicas inteligentes". Esto era muy importante para mí: no son ingenuas, sino mujeres fuertes.

- Todas las actrices que aparecen en su película parecen modelos, cuadros de Manet, Monet, Courbet. ¿Es esta la razón por la que ha querido hacerlas salir del espacio de la casa de tolerancia y permitirles respirar en todos los sentidos?
Era importante hacer salir al espectador para hacerle sentir mejor la prisión cuando se vuelve a la casa de tolerancia. Imaginé lo que representaría una salida para una prostituta que iba al campo con la madre, la madame, una vez al mes o cada dos meses.

- ¿Cómo eligió a las chicas?
Fue un proceso un poco largo. Me llevó casi nueve meses. Primero hacía falta encontrar chicas con una modernidad que no acentuara el aspecto de reconstrucción, pero que a la vez permitiera hacernos viajar en el tiempo hasta 1900. Yo insistía en una mezcla de actrices profesionales y no profesionales, así como en una mezcla de diferentes formaciones artísticas. Asimismo, esta mezcla y diversidad debía desembocar en una coherencia colectiva. Era necesario que las chicas funcionaran bien en conjunto, en sinergia. Estaba mucho más obsesionado por la idea de formar un grupo que por conseguir el papel principal. Pero antes que nada, creo que la elección estuvo guiada por el hecho de que cada una de las actrices me interesaba como persona. En ocasiones, sin saber por qué, una chica entra en la habitación y te dices: "Es ella". Incluso antes de los ensayos.

- Consigue usted rodar el deseo de los clientes sin mostrar, sin embargo, una relación sexual. Es una película muy casta.
Muy púdica. Me he dirigido hacia secuencias de alcoba teatrales y fetichistas. Cercanas a Buñuel.

- En la época en la que situa la acción, ese tipo de establecimiento se encuentra en su recta final de existencia.
Se trataba de mostrar cómo, sin salir al exterior, París, Francia o el mundo iban a cambiar. Muy rápidamente comprendemos que la casa va a cerrar, por lo tanto, no hacemos más que asistir a la degradación de las cosas y ver cómo se van estropeando las chicas. Creo que no hay nada más conmovedor que una forma de belleza que se va marchitando lentamente y que jamás volverá a nacer... Una lenta caída de la magnificencia... Una fiesta desesperada. Lo que viven estas mujeres para no derrumbarse.

abcguionistas con información de INTERMEDIO

23/08/2012 21:03:46

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