23/04/2019


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Denys Granier-Deferre habla de "El pastel de boda"

Granier-Deferre
Granier-Deferre

Hijo de un prestigioso realizador, Pierre Granier-Deferre, Denys Granier-Deferre tuvo hace más de dos décadas un fracaso tan radical con su tercer largometraje, "Blanc de Chine", que decidió replantear su carrera, dejar el cine y centrarse en la realización televisiva. La comedia "El pastel de bodas" ("Pièce montée"), que este viernes se estrena en España, ha sido para él un renacer cinematográfica y una vuelta a sus orígenes. Narra la historia del enlace entre Bérengère y Vincent, quienes se casan según dicta la tradición burguesa. Las familias respectivas y los amigos se encuentran en el campo en un bonito día de primavera. Un día alegre para algunos, doloroso para otros... pero, en cualquier caso, trascendental e inolvidable para todos. Sin embargo, los vínculos de sangre no corresponden siempre a los del corazón, y este día pronto se convierte en la "hora de la verdad", dejando confusas a todas las generaciones...

- ¿Qué le llevó a adaptar la novela de Blandine Le Callet "Une pièce montée"?
"El pastel de boda" es una película que nació de la coincidencia de un deseo y un encuentro. El deseo era volver al cine con un tema que estuviera en sintonía con mi estado de ánimo de aquel momento, es decir, con algo que estuviera en la línea de "Que les gros salaires lèvent le doigt", mi primera película. Esto es, un film de grupo, irreverente, pero tierno. En cuanto al encuentro, es el que tuvo lugar con los productores Marc-Antoine Robert y Xavier Rigault, que son unos incondicionales de "Que les gros salaires lèvent le doigt" y vinieron a proponerme la adaptación de la novela de Blandine Le Callet. ¡Además, Jean-Marc Roberts, el editor de la novela, es también el autor de "Bêtes curieuses", el relato que inspiró mi primera película! Me pareció que todo esto tenía una coherencia increíble.

- Unos veinte años separan "Blanc de Chine", su última película para cine, y "El pastel de boda". ¿Resulta fácil volver a la gran pantalla después de tanto tiempo?
La respuesta del público ante "Blanc de Chine" me resultó difícil de asimilar. Lo viví como un rechazo como autor y me planteé una reconversión profesional. Entonces la televisión me recibió con los brazos abiertos. ¿Cómo resistirse a un productor de telefilms que te considera un director, es decir, alguien que ha aprendido a rodar historias escritas por otras personas y sabe hacerlo? El oficio era el mismo; para la pequeña pantalla y con menos tiempo de rodaje, pero con los mismos actores y con historias tan bien estructuradas como las que se rodaban para el cine. Con la llegada del éxito, que en el mundo televisivo se llama audiencia, fui encadenando rodajes de guiones escritos por autores de gran talento, pero siempre con medios modestos. Se podría considerar que fue una escuela de dirección, aunque, con una escolaridad un poco larga, eso sí… A decir verdad, el regreso al cine no resulta fácil, pero el hecho de que el director y los productores compartan un deseo y un sueño facilita mucho las cosas. La televisión y el cine funcionan de un modo radicalmente distinto. Con demasiada frecuencia, la televisión, como la publicidad, se basa en numerosos estudios de mercado, en estudios prospectivos de los deseos del telespectador lambda, y propone e incluso indica a los directores que busquen el mayor consenso posible en torno a un proyecto. En cambio, en el cine siempre se propone concebir un proyecto, madurarlo y reunir a una serie de individuos singulares cuya suma se cree que va a propiciar la mayor afluencia de espectadores. No obstante, satisfacer a la audiencia más amplia posible e invertir en el individuo más creativo, ¿no es éste acaso el verdadero dilema al que se enfrentan en última instancia los que toman las decisiones? En esto sí que coinciden el cine y la televisión…

- El pastel de boda es una comedia que mezcla distintos tipos de humor: el humor agrio, el humor tierno, el humor poético e incluso el humor burlesco. ¿A qué se debe?
Al principio quería mantener la misma causticidad que en Que les gros salaires lèvent le doigt, pero luego fui añadiendo otros tipos de humor. Por ejemplo, el personaje que interpreta Christophe Alévêque me permitió introducir el aspecto burlesco. Si pude trabajar con estos distintos tipos de humor fue, en primer lugar, gracias a los actores; esto fue así desde la elección del reparto. Lo que me interesa es jugar con los contrastes que provoca la mezcla de actores difíciles de concebir en una misma película, porque proceden de familias cinematográficas distintas. Uno no asocia espontáneamente a Hélène Fillières con Charlotte de Turckheim, ni a Dominique Lavanant con Aurore Clément... Deseaba que, yendo a los extremos de este modo, combinando «ingredientes» excesivamente distintos, surgiera una mezcla que resultara cómica y desconcertante, pero sin estridencias.

- No obstante, ¿hay algún humor que predomine en "El pastel de boda"?
Yo creo que es el humor tierno, sin duda. Porque establece un vínculo entre el humor negro y el sentimiento de amor. Me gusta, por ejemplo, la unión de idiotez y de maldad del personaje interpretado por Christophe Alévêque (que también resulta conmovedor, porque no entiende nada de lo que le ocurre), como también la humanidad de mirada perdida del personaje que encarna Jean-Pierre Marielle, con el que me identifico personalmente. Interpreta el papel de un hombre cuya vida da un vuelco repentino. A raíz de esto, ve como todas sus convicciones se hacen añicos, se desvanecen. Y a su edad, esto resulta todavía más impactante y conmovedor. En general me gusta la idea de que todas las convicciones pueden y deben cuestionarse para dejar espacio a la duda.

- ¿Ha querido exponer con esta película un punto de vista particular sobre el matrimonio?
Como la mayoría de hijos de divorciados, el matrimonio (civil) es algo que respeto mucho. Al igual que los compromisos en general. La pareja y el compromiso entre dos personas son cosas que me interesan muchísimo. Lo que también me fascina es que, al contraer matrimonio, uno no sólo se casa con una persona, sino con toda una familia. Y tengo tendencia a pensar que, en ocasiones, uno prefiere la familia que se elige a la de sangre, a pesar que éste no es en realidad mi caso.

- ¿Se podría decir que los temas del compromiso y de la familia elegida o impuesta permiten tratar el tema de la libertad?
Así es. Por ejemplo, el personaje de Julie Depardieu, que no encaja en su familia a causa de su excentricidad (o gracias a ella), consigue reivindicar su libertad. Pero también está la libertad que adquiere la pareja de recién casados: paradójicamente, al unirse el uno al otro se liberan de la autoridad de sus padres. Pero la libertad no es el único tema de la película, están también el de la herencia y el de la transmisión de un secreto. El secreto familiar. En suma, una boda siempre constituye un buen pretexto para el cine. Me permitió mostrar a un grupo de hombres y mujeres obligados a convivir, a soportarse, a amarse o a enfrentarse.

© A Contracorriente Films-abc guionistas

18/05/2010 22:37:13

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