22/10/2020


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Jean-Christophe Grangé: "No hay que dudar en triturar un libro para hacer buen cine"

Grangé
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El francés Jean-Christophe Grangé llevó al cine a través de la literatura. Ex periodista, luego como escritor especialista en combinar la fantasía más desbordante con el género fantástico y el suspense, aterrizó en el mundo del guion adaptando su novela "Los ríos de color púrpura", uno de los grandes éxitos comerciales del cine francés en este último lustro. Inmediatamente le encargaron un primer libreto original, "Vidocq", y ahora ha estrenado en España "El imperio de los lobos", en la que de nuevo usa una novela propia. Este nuevo año se lanzará en su país "Le concile de Pierre", aunque él se han mantenido al margen de la adaptación de otro de sus libros.

― ¿En qué circunstancias imaginó usted "El imperio de los lobos"?
Generalmente siempre me inspiro en reportajes que datan de mis años de periodista. En este caso tenía en mente mezclar dos temas. Uno era el de las nuevas máquinas, que permiten manipular el cerebro ― o al menos localizar las funciones cerebrales para elaborar una geografía ―, convirtiéndolo de esta forma en el mapa de un país que se pretende bombardear, con la posibilidad de apuntar a la parte que se quiere tocar. En este caso preciso se trata de la memoria. Paralelamente había escrito una serie de temas sobre las mafias. La siciliana, la china, la turca… Y esta última nunca la publiqué, pero me acordaba de una ramificación que me fascinaba, se llamaba "Los Lobos Grises". Mucho más que simples criminales, son ante todo una secta politizada, cuyo credo predica el retorno a la Turquía ancestral. Me gustaba la idea de aquellos tipos, que se consideraban hijos de la loba blanca, llegando a París. Estaba fascinado, y escribí el libro entre 2001 y 2002.

― ¿La historia enseguida interesó a un productor?
Debido a mis anteriores libros y al éxito de éste, sí. Me hicieron muchas propuestas, pero me he quedado con la de Gaumont porque ya los conocía, por haber trabajado con ellos en "Los ríos de color púrpura", y sobre todo porque su proyecto artístico estaba mucho más rematado. Chris Nahon ya estaba implicado. En nuestro primer encuentro, se presentó con un pequeño dossier de investigaciones visuales de las atmósferas de la película. Me mostró calles de París bajo la lluvia, ambientes verdiazules… Ya tenía toda la película en la cabeza desde el punto de vista visual. Eso me impresionó. Sentía que podía entregarle el testigo sin pasar por ese túnel interminable que es el desarrollo. Patrice Ledoux aceptó incluso firmar un contrato que estipulaba que el comienzo sería, a más tardar, un año después de esta firma. Un año para escribir el guion, hacer el casting y prepararlo todo… Es algo impensable en el cine. Y sin embargo, así fue como ocurrió.

― En un principio, usted no debía participar en el guion…
Le propuse a Gaumont no escribirlo, aunque les entregaría un primer tratamiento. Una suerte de columna vertebral, con los puntos fuertes de la historia, que por supuesto conocía bien. La idea interesó a Patrice Ledoux. Pero el mes de junio llegó y el script no estaba acabado y, si queríamos respetar los plazos prometidos y rodar en invierno, había que terminarlo a toda costa. Entonces decidí encerrarme y, durante un mes y medio, me entregué plenamente a ello. Después, intervinieron otras personas para enriquecer el guion y trabajar los diálogos. Hubo un excelente ambiente durante la escritura… Chris, como realizador, fue durante todo el proyecto de escritura un verdadero director de orquesta. Sabía lo que quería contar y, al igual que los demás colaboradores que tuvimos durante la escritura, es un ser racional. Tiene permanentemente la preocupación por la historia, y no la de rodar tal o cual escena por encima de todo.

― Sin embargo, Chris Nahon tiene un sentido visual muy desarrollado…
Sí, y es en esto precisamente en lo que destaca. Además de una gran capacidad de expresión visual, también cuenta con un sentido muy grande de la narración. Lo cual también se expresa mediante una buena dirección de actores.

― ¿Para construir una historia empieza usted, como los cómicos, por el final?
Totalmente. Siempre empiezo por el final. En este caso tenía dos cosas que los libros siempre poseen: un final y peripecias locas. Recuerdo que mi principal dificultad en "El imperio de los lobos" fue orquestar todas estas peripecias, y lograr que el conjunto fuera coherente e interesante.

― ¿Procede usted de forma periodística para llevar a cabo las investigaciones?
Sí. Sobre todo en el caso de los lobos grises. Fui varias veces a Turquía para investigar. Tengo muchísima suerte porque mi editor turco pertenece a un grupo de prensa, de forma que tenía a mano a todos los periodistas necesarios para organizarme citas con los mejores especialistas. Este es un asunto sensible allí. Además, esto se ha notado durante el rodaje… Siempre estábamos en guardia: en cualquier momento podíamos encontrarnos frente a alguien con estas opiniones políticas.

― Con usted, a menudo se roza el límite de lo fantástico…
¡Sí, me encanta!

― Sin embargo, el desenlace de sus libros es siempre racional…
Sí, salvo en "Le concile de Pierre". Y créame que se me ha reprochado. Al público le gusta agarrarse a lo real. Por otra parte, esta es la regla de la novela policíaca. Aunque cuente una historia fantástica, su deber consiste siempre en caer de pie. Que haya una clave racional al final. Que sea posible. Además, este es uno de los placeres del ejercicio: aventurarse en cosas locas y misteriosas, y que al final salgan las cuentas.

― ¿Cómo ha aceptado usted las modificaciones de la novela?
Es paradójico aunque, para ser honrado, con los realizadores suelo tener más bien el problema inverso. A menudo les encantan muchas escenas del libro, que ya han visualizado en el momento de la lectura, y resulta que soy yo quien casi se ve obligado a pedir cambios. De forma general me siento siempre muy libre con relación a mis libros. Más aún cuando, en el momento de trabajar en la película, ya he empezado desde hace tiempo la escritura de otra novela. Sé que no hay que dudar en triturar el libro para hacer buen cine. Y lo que más beneficia mi trabajo de novelista es hacer una buena película, sin intentar a toda costa ser fiel a la obra original. La solución ideal para adaptar un libro ― y este es el método que utilizaba Hitchcock, me parece ― es leerlo una vez y olvidarse de él. Sólo hay que quedarse con la historia y contarla con los medios del cine.

― ¿Las estructuras, bastante personales, de sus libros ayudan a la adaptación?
Esto tiene que ver con mi relación con el séptimo arte. Tengo una forma de secuenciar que se parece a la del cine. Y esto no es debido ― contrariamente a lo que dicen algunos ― a que yo pretenda ver mis libros adaptados. Es porque he visto más películas que libros he leído. Es una estructura narrativa que me ha influenciado en gran medida. En mis libros incluso aparecen efectos puramente cinematográficos.

― El protagonista de la novela, Schiffer, no es exactamente igual que el de la película…
Ha cambiado porque Jean Reno es más joven que el Schiffer del libro, que roza los sesenta años. Después, al hilo de las búsquedas visuales de Chris, nos hemos deslizado hacia un personaje más divertido, más exótico, del que se sospecha que ha vivido en lugares exóticos, en colonias… Esas cosas que sólo se expresan mediante el look, ya que por supuesto no ha habido tiempo para desarrollar su pasado en la pantalla… Resulta agradable asistir al encuentro entre un personaje y su actor; sobre todo cuando no tiene la pinta que yo imaginaba, aunque a su manera también lo traduce. Esto me resultó chocante con Jocelyn. Tiene aire de estudiante ― lo cual no es el caso en mi libro ―, pero a su manera expresa completamente a “mi” Paul Neurtaux. Sin embargo, Anna es exactamente la chica de mi libro. Si hubiera tenido que dibujarla durante la escritura de la novela, habría dibujado a Arly. Es genial. Son milagros que, a pesar de todo, ocurren.

― ¿Qué sensaciones ha sentido al ver la película?
Al igual que ya me pasara con "Los ríos de color púrpura", me ha ocurrido ver en la pantalla una imagen que tenía en mente mientras escribía. Esto sí que me desconcertó. Como si Chris y yo fuésemos dos ordenadores conectados. Por otra parte, y como autor, este fenómeno me ha calado; es la señal de que lo que escribo es percibido por parte del lector exactamente como yo quería que lo percibiera.

― ¿Tenía usted en mente, durante el proceso de escritura, algunos elementos visuales que le haya transmitido a Chris?
El 80 % de los que se ven en la pantalla emanan del libro, en el que siempre me aplico describiendo los decorados. Durante la preparación, Chris había creado un mapa visual para los lugares, los ambientes, los colores, las luces… Estos trabajos estaban en las paredes de su despacho, y cuando se entraba en él, la película saltaba a los ojos. Todo estaba en esos documentos. Sólo intervine para señalar la existencia de ciertos decorados. En la novela sólo describí lugares reales, como el depósito de cadáveres azul que los decoradores han reproducido de forma idéntica.

― ¿Cómo ha encontrado estos lugares? Algunos, como la morgue azul, parecen irreales…
Una vez más, esto se debe a mi pasado de periodista. Recogí mucha información por aquel entonces, durante diez años procesé todas las cosas raras que había en el mundo. Entre ellas se encuentra este depósito de cadáveres, que es una obra de arte contemporáneo. Es azul desde el suelo hasta el techo. Como siempre he sido curioso y siempre alenté el proyecto de escribir novelas, archivé todas estas cosas en un rincón de mi cabeza. Hasta conservaba los documentos cuando eran realmente interesantes. Así lo hice con esta morgue. Los saqué una vez para la escritura de la novela, y después para la película.

― ¿De dónde viene esta fascinación por la esquizofrenia, la doble personalidad? Es un tema recurrente en sus libros y hasta en su único guion original hasta la fecha, "Vidocq".
Es un tema que me encanta porque es muy fuerte desde el punto de vista filosófico. Cada mente es como una casa, en la que no sabemos ciertamente quién habita. Quizá cada uno de nosotros tenga en su mente una habitación con poca luz, con alguien que merodea. ¿No hay en mi otra personalidad peligrosa, sombría, a la que yo acallo? Lo que me parece interesante en la idea es que, al final, la amenaza no sólo viene del exterior… Es uno de los problemas de la vida, aunque en mis libros sea siempre excesivo.

© On Pictures / abc guionistas

02/01/2006 07:56:08

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