20/04/2019


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Marco Bellocchio: "No me interesa la verdad, sino contarla de una forma nueva"

Bellocchio
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Dos años casi después de que se presentara en la Mostra de Venecia, llega a los cines españoles la película del italiano Marco Bellocchio "Buenos días, noche" ("Buongiorno, notte"), un drama intimista sobre el secuestro y muerte de Aldo Moro por parte de las Brigadas Rojas. La acción se desarrolla casi todo el tiempo en el apartamento donde los brigadistas tienen prisionero al político democristiano. El veterano guionista y realizador italiano, de irregular carrera, utiliza a un personaje ficticio, una de las integrantes del comando (interpretada por Maya Sansa), la única que sigue saliendo al exterior, a trabajar, y por tanto sigue las reacciones de la gente, para finalmente ser la única en votar contra la muerte de Moro.

- ¿De dónde viene el título de su película?

"Goodmorning night" es un verso de Emily Dickinson que leí hace algún tiempo. El título exacto del poema es "Goodmorning, midnight". Pensando en ese verso, jugando con las palabras "Goodmorning / Night", llegué a la conclusión de que reflejaba muy bien el espíritu de la película, que era una contradicción y a la vez un contraste. Esta interacción fue la que me interesó, ya que evoca la ansiedad y la oscuridad de los "años de plomo" de los 70.


- Se basa en hechos reales que requirieron cierta investigación por su parte a la hora de escribir el guion...

Por supuesto hice muchas investigaciones, utilicé todo tipo de material para escribir el guion. El libro de Sergio Flamigni, las cartas de Moro y el libro de Anna Laura Braghetti "El prisionero" me fueron muy útiles en todos los aspectos para reflejar el cautiverio. Describe algunos hechos que ignoraba totalmente y otros que adapté libremente. La película refleja un espíritu totalmente diferente del libro. Casi no hablé con los miembros de las Brigadas Rojas pero sí que tuve un encuentro muy corto con Lanfranco Pace cuando murió Maccari y cuando se dijo que fue Maccari el que en realidad mató a Moro porque los otros no pudieron. Gallinari había roto a llorar y el arma de Moretti se había atascado. Después Pace me confirmó lo que la prensa ya había dicho que Maccari no quería matar a Moro pero tenía que obedecer órdenes, seguir la disciplina militar. Después de esto dejó las Brigadas Rojas.


- ¿Cuál fue su aproximación a la historia?

Cuando empecé a trabajar en esto, empecé mirándolo todo desde fuera, como si la tragedia y el secuestro se viera sólo desde los ojos de los indirectamente involucrados en él, una visión muy oblicua. Un ejemplo es la escena en la que el sobrino de Moro está jugando en la guardería y la policía llega para llevárselo. Ves todos los efectos indirectos que conlleva. Pero esto no me satisfacía del todo. Me interesaba más ver como era el día a día de la vida en la cárcel desde fuera. Sabía que esta vida casi familiar, con sus rutinas, sus repeticiones y su normalidad, podía ofrecerme muchas oportunidades para buenas escenas. Pero utilizar la simplicidad, la tragedia y la repetición al contar la historia no era suficiente para lo que necesitaba. Yo buscaba una mujer, una terrorista con fuertes convicciones pero a la vez llena de grandes contradicciones. A través de ella, la película muestra que la relación entre Moro y sus secuestradores es posible sin que necesariamente exprese una simpatía por los terroristas.


- Sin embargo, este personaje lo inventó, no existió en la realidad...

La figura de la mujer terrorista se volvió absolutamente necesaria si quería ilustrar la oposición entre el prisionero y sus secuestradores como algo más complejo y profundo. Como no soy historiador, no me interesaba la verdad, sino contar la historia de una forma nueva y poco convencional. Por supuesto, necesitaba dramatizar ciertos elementos en la película que no existían en la realidad así que me inventé algunas partes de la historia, centrándome en el personaje de la joven mujer y del novio que no pertenece al grupo terrorista. No podía simplemente recrear la historia de forma pasiva, quiero decir la verdad histórica, si las verdades de la tragedia de Moro realmente existieron.


- ¿Y la figura de Moro?

Cuando me imaginaba el personaje de Moro, a menudo pensaba en mi padre que murió cuando yo era un niño. Mi padre tenía algo en común con Moro, al que yo nunca conocí – era un hombre fuerte, conservador, con un gran sentido de la humanidad, cosas que ya había olvidado de él tras su muerte. Siempre me habían dicho que en mis películas no aparecía una figura paterna, lo que no es del todo verdad. En "La Sonrisa de mi Madre" si que la hay, aparece en el personaje de Castellitto. Sin embargo en "Buenos días, noche" es la primera película en la que un padre aparece en relación con una "familia". La figura de mi padre ha entrado en la película, y ha dado vida a un personaje que nunca conocí. Quizás elegí a Roberto Helitzka porque es del Norte de Italia y porque tiene el mismo acento norteño que tenía mi padre.


- ¿Cómo vivió usted la época en que se desarrolla la película y que paralelismos encuentra con la actual?

Había una pasión muy coherente por la política en aquella época. Todas las líneas de razonamiento, incluso las más alocadas, parecían llegar a conclusiones coherentes. Había una especie de coherencia absurda entre el pensamiento de cambiar el mundo y la de coger un arma y matar. Las Brigadas Rojas de hoy en día parecen estar incluso aún más apartadas de la realidad, y no creo que tenga muchas oportunidades de conseguir lo que desean. A la vez, el terrorismo mundial muestra que todo se ha multiplicado y que las pocas victimas se han convertido en miles de víctimas. El 11 de Septiembre ya estaba trabajando en esta película y la tragedia me hizo pensar en buscar formas diferentes de contar la historia. Incluso tuve la idea de encontrar una relación entre todos esos huérfanos, los hijos de los policías, los hijos de todas las personas que estuvieron en las torres gemelas y el sobrino de Moro. Pero después me dejé llevar, me di cuenta que había muchos riesgos al establecer paralelismos.


- ¿Piensa que desde posiciones de izquierda era posible simpatizar con aquel grupo?

Por mi educación y por lo que investigué, no pude simpatizar con las Brigadas Rojas y estaba totalmente horrorizado por la forma en que acababa la historia. Para mi, matar a alguien a sangre fría significa no estar en contacto con la realidad. Pensaba que era una acción de locos. Puedes luchar por alguien o estar totalmente en desacuerdo con él, pero no puedes coger una pistola y matarle.

© Vertigo Films-abc guionistas

18/08/2005 13:29:28

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