22/10/2020


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Martin Provost habla de "Violette"

Provost
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El actor, guionista y director francés Martin Provost, autor de cintas como “Seraphine” (2008) y “El vientre de Juliette” (2003), estrena esta semana en España, mientras se proyecta en el Festival de Los Angeles, y el mes próximo en Argentina, el drama biográfico "Violette", que narra la vida de la escritora bisexual Violette Leduc y su relación con la más conocida autora Simone de Beauvoir, en los difíciles momentos de la postguerra europea a mediados del siglo XX. La admiración, el talento, la dificultad de encauzar el talento, de hacer arte en medio de la adversidad, se unen en este film protagonizado por las brillantes Emmanuelle Devos y Sandrine Kiberlain.

- ¿Cómo descubrió a Violette Leduc?
Gracias a René de Ceccaty, al que conocí en 2007. Yo estaba escribiendo el guion de "Séraphine", y René me dijo: “Preparas una película sobre Séraphine, pero ¿sabes algo de Violette Leduc?” No había leído nada suyo, solo sabía quién era, nada más. Me dio un texto inédito que Violette había escrito acerca de Séraphine y que la revista “Les Temps Modernes” no quiso publicar en la época. La belleza y la lucidez del texto me dejaron estupefacto. René también me regaló la biografía que había escrito de Violette. Después de leerla, devoré "La bastarda", "Trésors à prendre" y otros libros suyos. Llamé a René y le dije: “Debemos hacer una película acerca de Violette”. Tengo la impresión de que Séraphine y Violette son hermanas. La proximidad de sus historias las hacen inquietantes.

- En la película nos enseña a una Violette al desnudo, con su verdad más íntima, alejada de los turbios lugares comunes que suelen acompañar la reputación de la novelista.
Cuanto más aprendía de ella, más me conmovía su fragilidad y dolor, mientras que el personaje público, el que se hizo famoso sobre todo en los años sesenta, extravagante y escandaloso, me interesaba mucho menos. Solo era una fachada. Quería acercarme a la auténtica Violette. La mujer que busca el amor y se sumerge en una gran soledad para escribir. La vida no la trató con ternura. Se decía que era cargante, pero eso no me bastaba. Me parecía insegura, solitaria, en constante lucha contra sí misma, siempre buscando. Creo que la inseguridad y la soledad son los dos motores que la impulsaron. No se suele hablar del riesgo que toma el artista, sea pintor, escritor o realizador. Solo se considera el éxito, si se alcanza. Hace falta ser inconsciente, pero también tener valor y perseverancia para emprender ese camino y seguir adelante. Con el tiempo, uno acaba dándose cuenta de que la soledad es muy fecunda, una aliada absolutamente necesaria, como el silencio. Nos dirigen hacia el ser interior que no deja de crecer y desarrollarse, pero a veces hace falta toda una vida para entenderlo.

- ¿Cómo se le ocurrió dividir la película en capítulos, como si se tratara de un libro?
La idea llegó poco a poco. Comprendí que la sucesión de encuentros que salpicaba el recorrido de Violette correspondía a algunos de sus libros o a acontecimientos de gran importancia en su evolución. Todo se hizo aún más claro en la sala de montaje. Solo quedaban los seres que le habían importado, y el penúltimo capítulo se centra en el pueblo de Faucon, en Provenza, donde vivió y falleció.

- Los personajes, el lugar donde compra su casa, el libro que le da el éxito… La película muestra el recorrido de una auténtica heroína hacia su liberación.
Sí, quería que Violette fuese una heroína y también quería incluir a todos los personajes fundamentales en su vida, personajes de los que deberá desprenderse. Para crecer, es indispensable saber liberarse de todo lo que nos ha ayudado a construirnos. Violette, que dependía de su madre y luego de Simone de Beauvoir, se libera de esta dependencia al escribir "La bastarda". Por fin encuentra su sitio al abandonarlas interiormente. Por eso, el capítulo de Berthe, la madre de Violette, llega muy al final de la película, en el momento en que el conflicto ha llegado a su apogeo y puede aclararse.

- Al final de la guerra, Violette Leduc conoce a una madre simbólica, a Simone de Beauvoir, que asume el papel de mentora y de mecenas.
Es el vínculo más potente que Violette ha tenido, a pesar de sus tumultuosas y complejas relaciones amorosas. El segundo capítulo de la película describe su encuentro en París. Violette lleva un pedido de carne a casa de un amigo de Maurice y descubre la novela "La invitada", de Simone de Beauvoir, y le sorprende el grosor del libro. “Es mujer y ha escrito un libro tan grande…”, dice. Lo lee y se queda prendada. Solo tiene una idea: conocer a Simone de Beauvoir para darle su primer manuscrito, "L’Asphyxie". Violette la ve en el Café de Flore, donde Simone escribe cada mañana. La observa, la sigue. Acaba por hablar con ella y darle el manuscrito. Así nace una relación que durará hasta la muerte de Violette.

- ¿Cómo interpreta su relación con Simone de Beauvoir en la película? Da la impresión de que el comportamiento pasional de Violette exaspera a Beauvoir, a la vez que despierta su admiración. Es la única amiga de Violette; le corrige los manuscritos, la guía, la apoya. Incluso hereda los derechos literarios de Violette a la muerte de esta.
Simone de Beauvoir se siente fascinada por Violette, que rechazaba la idea de ser una intelectual. Siempre decía: “Escribo con los sentidos”. Para ella es una relación ambigua, algo confusa. Violette está enamorada de Simone, pero Simone no lo está de ella; sin embargo, ve en Violette la escritora inspirada que ella no es. Sabrá mantenerla a distancia sin dejar que nunca se vaya. Violette era insoportable. Si se le cerraba la puerta en las narices, entraba por la ventana. Era un auténtico dolor porque sufría mucho, pero también porque hacía sufrir a los demás. Estaba convencida de que era fea, y delante de Simone de Beauvoir llegó a convertirse en una obsesión. Pero Simone siempre consiguió burlar las trampas y seguir apoyándola para que construyera su obra. Creo que la salvó de la autodestrucción.

- Filma a una Simone de Beauvoir desconocida, frágil y sola.
Sí, a la menos conocida, a la Simone de Beauvoir solitaria después de que Sartre se fuera por otros derroteros. No floreció hasta mucho más tarde, cuando conoció a Nelson Algren. La Simone frágil de la película también está inspirada en el que me parece su mejor libro, "Una muerte muy dulce". Es un libro implacable, tierno y lúcido, en el que se siente toda la emotividad, todo el humanismo del que era capaz. Quería dar vida a esta Simone íntima, a la que conocemos poco, la mujer que de pronto se abre a Violette y llora delante de la que no ha dejado de llorar desde que la conoce.

- ¿Cómo escogió a las actrices que interpretan los dos papeles principales?
Hablé con Emmanuelle Devos antes de escribir el guion, como hice con Yolanda Moreau para "Séraphine". Sabía que debía ser ella, no podía ser otra, y quería estar seguro de que aceptaría el papel. Tendría que transformarse físicamente, aceptar teñirse de rubio, afearse con una nariz falsa. Fue más complicado para Simone de Beauvoir. Interpretar a un personaje que todos conocen no es tarea sencilla. Emmanuelle me animó a hablar con Sandrine Kiberlain. No la veía en el papel, pero en cuanto nos conocimos, me sorprendió su gracia, su inteligencia y su determinación. Estaba segura de conseguirlo.

- ¿Qué otras personas que se cruzaron con Violette ha incorporado a la película?
Está Jean Genet, interpretado por Jacques Bonnaffé. Genet siente un gran afecto por Violette, una bastarda como él; son como hermanos, personas marginadas, poetas de su época, malhechores. Le dedicó "Las criadas". Aparece Jacques Guérin (al que da vida Olivier Gourmet), coleccionista de manuscritos, diseñador de perfumes (los perfumes d’Orsay), homosexual, rico y también bastardo. Violette se enamora de él y le persigue asiduamente en vano. En mi opinión, Jacques es el fantasma del padre al que no conoció. Era un esteta que salvó los manuscritos de Proust. También compró los de Violette y los de Genet.

- Las escenas sexuales entre Violette y los hombres se plasman en la pantalla con persecuciones, gestos crispados, una violencia contenida.
No estaba en el guion, surgió durante el rodaje, trabajando en el plató. En una escena en la que Violette vende alimentos de estraperlo, un hombre quiere protegerla y la acerca a él sin mala intención, pero le dije a Emmanuelle: “Recházale, no soportas que un hombre te toque”. Volvió a pasar lo mismo con René, la atrae hacia él tal como indica el guion, pero aquí también dije: “Resiste, defiéndete, no lo soportas”. La imagen habla por sí sola y se basta a sí misma. Vemos su amor y su rechazo.

- Se nota un aspecto casi militante en su voluntad de realizar retratos de mujeres marginales, a las que se ha juzgado erróneamente.
Sí, me preocupa el olvido, la injusticia social. Violette Leduc no es una autora menor. Es una gran artista. Esta mujer de orígenes modestos se bate y se debate en un mundo que la juzga porque no nació en su seno. Sigue siendo un problema actual. Transforma su relación con ese mundo a través de la escritura. Encuentra su sitio. Es una pionera, como lo fue Séraphine.

GOLEM / Noticine

12/06/2014 11:23:21

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