21/07/2008 - 14 usuarios online


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Larry David, el guionista que se burla cruelmente... de sí mismo

David
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Ya lleva cuatro temporadas en la antena del canal de cable y satélite norteamericano HBO -el mismo de las míticas series "A dos metros bajo tierra" o "Los Sopranos"- la telecomedia "Curb your entusiasm", que a diferencia de las anteriores se acoge claramente a la definición de "sitcom". Tras ella está -como actor y sobre todo como guionista- Larry David, un autor capaz de saltarse con acidez e inteligencia las normas de lo politicamente correcto. A su sarcasmo en la línea del clásico humor judío no escapa ni su propia familia.

David fue humorista de "stand up comedy", guionista de "Saturday Night Live" y de la telecomedia "Seinfeld", y ocasional actor. Desde hace cuatro temporadas, posee en "Curb your Enthusiasm" su primera serie propia.

Dicen que una de las claves del éxito del producto es su frescura, consecuencia del método de trabajo como guionista de David. Así lo explica en Pagina 12 Moira Soto: "Todo con un aire de lo más casual, sorprendentemente fresco, logrado mediante las improvisaciones de un elenco fijo muy afinado, al que se suman –según la necesidades del relato– actores y estrellas que aceptan aparecer porque son adictas al show. (El año pasado estuvieron Martin Scorsese, Alanis Morisette y Ted Danson.) Larry David escribe unas siete páginas para contar muy detalladamente el argumento de cada capítulo, pero no los diálogos, que siempre quedan a cargo de los intérpretes. El director (casi siempre Robert Weide) hace distintas tomas de cada escena y el material obtenido se trabaja después en edición. El resultado es una serie de formato imprevisible, de extraña fluidez y compleja simplicidad, que en su absoluta incorrección, su mala leche y su irreverencia sin remilgos va más lejos que cualquier otra producción humorística televisiva que haya llegado a estos confines".

Larry David, actor ocasional y secundario en el pasado en films independientes como los de Woody Allen alcanzaba su éxito como guionista de humor en televisión. En 1993, obtuvo el Emmy por "Seinfeld". En su actual "sitcom", el elemento principal es sin embargo autobiográfico, un terreno en el que el escritor no duda en exhibir sus contradicciones, en un estilo que la crítica ha calificado de "subversivo y a la vez liberador".

Pero el que se vitupere a sí mismo no excluye que David sea capaz de reirse de todos, incluídos seres poco afortunados o tradicionalmente respetados: niños, discapacitados, gays, obesos, animales o instituciones. En uno de los capítulos más transgresores del año pasado -recuerda Página 12- hizo chistes sobre el cadáver todavía tibio de su propia madre.

La cosa fue así: Larry está filmando en Nueva York una de mafiosos a las órdenes de Scorsese y se extraña porque nadie lo llama para informarle sobre su madre enferma. De regreso a Los Angeles se encuentra con su padre. “¿Cómo está mamá?”, quiere saber. “Bueno, ya sabes cómo es la gente...”, se evade el hombre. Larry sigue preguntando y el viejo accede: “Te diré todo sobre tu madre. La trajimos de vuelta... Ella no quiso molestarte mientras estabas en Nueva York. Pero ya no está en el hospital”. “¿Así que está mejor?”, se ilusiona Larry. “En cierta forma... Nadie vive para siempre...” Ahí a Larry le cae la ficha: “¿Está muerta?”. El padre trata de confortarlo y le dice que el funeral resultó buenísimo: una belleza. Una vez en casa, junto a su mujer, descubre las ventajas de estar de duelo: con el pretexto de la muerte de su madre cancela encantado los compromisos que lo fastidian. Todo bien, hasta que se entera de que el cuerpo de su madre fue a parar a una sección especial, no consagrada, del cementerio.

Larry va y protesta, pero el director le dice que los shamis encontraron un tatuaje en la nalga derecha de su madre, y según el Levítico ninguna persona que se haya hecho marcas en la piel puede ser enterrada en lugar sagrado. Larry planifica y lleva a cabo por la noche el traslado del cadáver y después, aunque su esposa está muy cansada, se las arregla para hacer el amor con la excusa de que “lo estoy pasando tan mal...”. En el brillante cierre, la policía viene a buscarlo porque el dinero con que le tapó la boca al sepulturero era falso, de utilería: le había quedado del rodaje con Scorsese.

© abc guionistas

05/04/2005 11:33:36