24/04/2019


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Más sobre la polémica Iñárritu-Arriaga: Interesante artículo de Hidalgo Nieto

Otros tiempos
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El periodista mexicano Alfredo Hidalgo Nieto ha publicado en el diario Hoy Tamaulipas un interesante análisis reflexivo sobre el desencuentro entre el guionista Guillermo Arriaga y el cineasta Alejandro González Iñárritu, quienes colaboraron en tres films claves, "Amores perros", "21 gramos" y "Babel". Por su notable interés, reproducimos íntegramente este texto, titulado "Amor de canes ó la defensa canija del autor de cine":

Aunque para muchos, la caldeada relación trozada entre los dos mexicanos más conocidos del limbo festivalero, Iñárritu-Arriaga, se debió a un asunto de afrentas del embriago post-oscariano, -después de la resaca triunfal y el haber obtenido 7 nominaciones de la Academia-, la verdad es que dicha refriega en la cima de las grandes ligas del séptimo arte, es un debate crónico del reclamo genuino de los escritores sobre sus derechos de autor. En realidad es un pleito de índole legal que ya en el mundo está siendo regulado por las diversas asociaciones que protegen al guionista de cine. En el caso latinoamericano, se contempla en la “Fedala” o Federación de Escritores y Directores Audiovisuales de Latinoamérica (www.fedala.org/profesion/sondeocreame41.pdf). Y como antecedente en los Estados Unidos se reporta, según la revista “Chilango” (Nº41/Marzo), que en 1995 el director de “Smoke”, Wayne Wang, echó mano del novelista-guionista Paul Auster para ceñirlo a su rodaje en todas las decisiones más técnicas e importantes.

La reyerta azteca del dominio público sólo se resume así: Iñárritu conoce a Arriaga por recomendación de un amigo ya que éste escribía muy buenas novelas y textos para cine. Alejandro un día le pide un guion a Guillermo y pactan de palabra para que la ópera prima de ambos sea de créditos compartidos, así nace “Amores perros”. Sin embargo, “El cazador” Arriaga, empieza a discrepar de los cambios en el texto hechos por “El Negro” Iñárritu, pero éste último comienza a relegar el nombre del primero para obtener los mejores bonos, cosa que logró con el segundo filme de los dos: “ 21 gramos”, y que para la tercer cinta consolidó en “supremacía” al lograr opacar casi de manera total el trabajo elucubrado en el guion de “Babel”, comenzando por el título que debió llamarse “El último día”. Según el guionista (quien no acepta el rango porque dice “que no hace guías”), el nominado a dos Óscares, le traicionó al violar el pacto que había de colaboración al fifty-fifty, amén de quedar muy insatisfecho con los resultados de la historia alterada del escrito original.

Si partimos de la hipótesis de que el director de una película es el responsable primordial de la misma, entonces nos enfrentamos al problema legal de derechos de autor. Si Alejandro González Iñarritu, la novel maravilla de Hollywood, es el autor de la famosa trilogía concebida por Guillermo Arriaga (“Amores perros”, “ 21 gramos” y “Babel”), entonces se podría decir que la cinta de “Romeo y Julieta” (Estados Unidos, 1996, filmada en la Ciudad de México) donde actúa Leonardo Di Caprio es original de Baz Luhrman, y no de William Shakespeare, el dramaturgo clásico adaptado en decenas de remades-refritos, desde que el cinematógrafo lo inventaron los hermanos Lumiere.

Y no se trata de satanizar al excelente creativo, productor, ex-locutor y por supuesto director de cine originario del DF, por aquella carta que publicó con el respaldo de toda su plantilla de actores -entre ellos Gael García-, en la revista “Chilango” de este mes de marzo. Simplemente a las cosas hay que llamarlas por su nombre, y a los hombres hay que darles el crédito que se merecen. Claro que Iñárritu argumentaría que una empresa tan rimbombante e industrial como lo es el rodaje de una película, es un proyecto colectivo, que le pertenece a todos y cada uno de los que participan en ella, desde los utileros o técnicos hasta los actores protagonistas, pasando por el guionista y director. Pero el problema es que Alejandro –y no sólo él, sino muchos otros- se anuncia como el demiurgo o creador de tal o cual trabajo cinematográfico. Efectivamente hay menciones hacia todos los demás en las líneas, pero quien se lleva todas las palmas a “ojos vista” es González Iñárritu, siendo que por lo menos deberían ser compartidas entre los dos. Algo parecido a los hermanos Cohen, o los hermanos Cuarón, donde uno es más al guion y el otro al manejo de actores, lo que en música equivaldría a los genios musicales de todos los tiempos Lennon y McCartney, donde siempre aparecían como la uña y la carne en el grupo The Beatles. Y de hecho, ese fue el pacto original que Arriaga –también aficionado a la cacería- había realizado con el también dueño de Z film, la casa de publicidad.

Ahora que si nos ponemos más rigurosos, aquí sale perdiendo el apodado “Negro”, ya que el también chilango Guillermo Arriaga, quien aparte es novelista reconocido y ganador de la Palma de Oro en Cannes por “Los tres entierros de Melquíades Estrada”, (Tommy Lee Jones, 2005), es quien inició la escritura de la trilogía en discordia. De hecho originalmente se llamó “Perro negro, perro blanco”, se pensó en “Amores canijos” y finalmente quedó en “Amores perros”. No fue un guion por encargo, como suelen establecer los industriales del cine estadunidense, cuando contratan a un escritor para elaborar una historia y sólo usufructúan la maquila del “escribidor”. No, en este caso, el director de “ 21 Gramos” se sometió –por decirlo así- al trabajo del autor de “El búfalo de la noche”. Como cuando Kenneth Brannagh, dirige los clásicos de Shakespeare, siempre sabremos que en primer lugar está el poeta victoriano, ya que los demás son los intérpretes de una obra teatral o texto escrito, independientemente de la calidad o el prestigio de su demiurgo, e independientemente de su habilidad para las relaciones públicas o capacidades mercadológicas para obtener los grandes recursos, el escritor siempre será el dueño de su inspiración y jamás debería ser marginado.

Cuando hablamos de Woody Allen, Jim Jarmusch, Kryzstof Kieslowsky, o Akira Kurosawa, por lo regular hablamos de cine de autor, sin ningún problema porque son los que hicieron un guion y tranquilamente lo dirigieron, pero por ejemplo el otro defeño Alfonso Cuarón cuando dirigió su “Niños del hombre” (EU, 2006), inmediatamente se le deslindó de la autoría y puso énfasis que se basaba en P.D. James, a pesar de ser coguionista el mismo. Finalmente Cuarón quedó registrado como parte de la maquila cinemática-industrial para concebir esa costosa producción también nominada para los Óscares 2007. O para no ir muy lejos, su trabajo anterior, -celebérrimo hasta la saciedad- “Harry Potter y el prisionero de Azkaban” (EU y GB, 2004)”, todo mundo sabe que es una película de J.K. Rowling -la multimillonaria británica bestseleriana- y no de Alfonso Cuarón. La verdad es que la gente acude a reventar las taquillas y jamás recuerda el nombre de quién dirigió o quién fue el director de arte, en dicha saga de filmes. Es el ejemplo más contundente que tenemos, porque como diría el proverbio latín “Vos audita perit; litera scripta manet” (La palabra hablada perece; la palabra escrita perdura).

El rompimiento profesional de estos dos titanes mexicanos, laceraron públicamente la imagen del trabajo colectivo en lugar de motivarlo. Principalmente por una carta que sólo denota incomprensión, y en el fondo, un espíritu de pragmatismo mercenario típico de las figuras que han vivido y aprendido de los medios de comunicación más utilitarios como lo son la radio, la publicidad, la televisión y el cine. Todos los firmantes de tal consigna, es gente que no tiene la sensibilidad teatral, el arte en donde –por lo regular- sí existe la ética creativa, el talento histriónico, el respeto por los dramaturgos, donde a un autor lo respetan como a un verdadero Dios ficticio. Aparte, la confrontación entre estos dos chilangos, sólo sacó los trapos al sol, donde Iñárritu quedará marcado como un hombre arribista y material –claro, como buen villano se lleva las arcas abundantes del Don Dinero- y por el otro lado, Guillermo Arriaga, quien seguirá picando piedra en pro del reconocimiento legítimo de los derechos de los escritores de cine. Ahora sí que, como éste lo menciona, para la próxima no se la volverán a aplicar: será el productor de cada una de sus obras.

De todo esto, lo que el gremio debe reflexionar, es muy simple –atención Alejandro y demás firmantes del email dirigido a la revista “Chilango”-si nos basamos en la experiencia del acontecimiento cinematográfico de todas las épocas y con todas sus letras, si revisamos las grandes producciones, nos damos cuenta que de un buen guion, puede resultar un bodrio, una cinta echada a perder por culpa de algún director timorato o ególatra, pero de un guion chafa jamás podrá generarse una película buena, ni aunque la dirigiera Werner Herzog. Hasta ahora no se ha sabido de alguna.

Dos rutas diametralmente opuestas –seguramente- resguardarán sus caminos. Un Alejandro González Iñárritu, con dificultad hurgando en busca de un guionista que se acople a sus modificaciones, con la pérdida irrevocable de su mejor aliado. Y un Guillermo Arriaga, encontrando a un cineasta respetuoso del texto, que le permita involucrarse, o ¿Por qué no? Quizás halle la manera de dirigir su próximo libro, texto, guion, argumento, -conste que no hace guías- llamado tentativamente “Los sapitos”. Antes deberá estrenarse “El búfalo de la noche”, del debutante director venezolano Jorge Hernández Aldana, que ya se proyectó en el Festival de Sundance el pasado 19 de enero de 2007. En conclusión, esto se vislumbra como la inversión de la tortilla, porque como preconizaba el filósofo nihilista Nietszche: “Un buen escritor posee no sólo su propia inteligencia, sino también la de sus amigos”.

© A. Hidalgo Nieto / Hoy Tamaulipas / abc guionistas

07/03/2007 17:55:48

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