20/11/2008 - 14 usuarios online


Noticias de guión

Luis Alberto Restrepo, tras el éxito de la telenovela colombiana “El Cartel”

Restrepo
Restrepo

Uno de los principales responsables del éxito de la serie 'El cartel' es su director, Luis Alberto Restrepo. Desde su experiencia y conocimiento habla sobre la polémica desatada por la serie este cineasta y guionista, entrevistado por el diario El Tiempo:

De espaldas sobre la arena de una remota playa del Caribe, sin señales de las cadenas radiales o televisivas y con el celular fuera de cobertura, Luis Alberto Peto Restrepo está completamente ajeno al zaperoco que ha dejado tras él, allá lejos en Bogotá. Los medios de comunicación, un poco debido al afán de salirse del sainete parapolítico y trabajar con noticias diferentes a las de siempre, especulan alrededor de la serie El Cartel, dirigida por Restrepo y que recién se está emitiendo, marcando 45 por ciento promedio en sintonía.

Como suele suceder en Colombia, la playa donde Restrepo aprieta sus párpados bajo la resolana es un remanso de paz, de una paz armada garantizada por paracos de viejo y nuevo cuño que tienen ojos y oídos ocultos detrás de cada palmera.

No obstante, está tranquilo porque como la mayoría de los colombianos no solo se ha acostumbrado a convivir con la violencia sino que, además, la ha estudiado a fondo en su intento de aproximarse a ella desde la narrativa visual.

Menos tranquilo está un sector de la tele audiencia, sacudida por la extraordinaria semejanza entre los personajes de ficción de El Cartel y algunos protagonistas de la historia reciente de un país permeable a la corrupción del narcotráfico. Incluso el general Óscar Naranjo se siente obligado a protestar porque en pantalla han aparecido algunos delincuentes vistiendo el uniforme de la Policía Nacional. Nada que no se haya visto, oído y leído hasta la saciedad en la prensa, pero caramba, en la tele y en horario triple A las cosas parecen mucho más graves de lo que de hecho son.

Si Restrepo escuchara las protestas por la "mala imagen" del país que proyecta la serie, reiría. Tras muchos años de trabajar en cine y televisión ese debate le parece "una estupidez".

Hoy cincuentón, de niño la academia le incomodaba tanto que emprendió carrera desde la puerta del Liceo Francés y no se detuvo hasta recalar en Arboletes, no sin antes cursar tres semestres de filosofía en la Nacional. Allí en Urabá inició una vida hippie que después le llevaría a Juradó, Chocó, donde además de destruir bosques trabajando en un aserradero, vivió también la vida relajada y espartana del pescador artesanal.

Regresó a Bogotá, filmó películas en formato Super 8 con algunos amigos y después fue a parar a Nueva York, donde tomó unos cuantos cursos en NYU, aprendió a filmar cortos y se familiarizó con la estética del cine de bajo presupuesto antes de regresar al país a mediados de los 80, en pleno boom de la era de María Emma Mejía en Focine. Ganó concursos, logró hacer varios cortometrajes y trabajó mucho como editor, pero vino de nuevo la crisis del cine y encontró trabajo como guionista de televisión y trabajó en publicidad con Carlos Duque.

Era la segunda mitad de los años 80 cuando participó en varios proyectos cinematográficos, editó Rodrigo D. de Víctor Gaviria, María Cano de Camila Loboguerrero, Amar y vivir de Carlos Duplat y muchos cortos.

En el 87 dejó de hacer cortos y lo del cine de alguna manera entró en receso, aunque realizó entre diez y doce documentales, algunos institucionales. Luego dirigió Bituima 1780, que formó parte del proyecto histórico de Audiovisuales y García Márquez.

De hito en hito, fue director de edición del Noticiero de las 7, estuvo a cargo de la realización de Expediente y empezó a entrar poco a poco en la televisión, "hasta que trabajé como director asistente de Jorge Alí Triana en Crónicas de una generación trágica, que fue cuando de verdad hice dramatizados".

Después vino La dama del pantano, un seriado ambicioso con mucha inversión que "fue una apuesta muy extraña que resultó un desastre, un fracaso". El desquite llegaría con Me llaman Lolita, su primera telenovela, aunque antes de eso había culminado varios proyectos que Jorge Alí Triana empezaba, como Pecado santo.
Hizo La costeña y el cachaco y hace dos años Sin tetas no hay paraíso, emitida también en medio de polémicas pero con un éxito de sintonía innegable, igual que El cartel. Su experiencia en el gremio se traduce
en el éxito de las dos últimas series que ha dirigido.

- ¿Nunca se descorazonó hasta el punto de pensar en cambiar de oficio y dejar el cine?
Jamás pensé en poner un puesto de empanadas, aunque sí una bomba de gasolina, pero terminé vinculado a la televisión porque de alguna manera me permitía ejercer la profesión.

- Dicen que usted trabaja en televisión para financiar la filmación de sus películas. El año pasado estrenó 'La primera noche' y está a punto de finalizar 'La pasión de Gabriel'. En la era digital, ¿hay alguna diferencia entre hacer cine y hacer televisión?
Por supuesto. La manera de ver televisión es bastante distinta a la del cine y por consiguiente tiene necesidades narrativas muy diferentes. El cine se ve en una especie de concentración ritual y la televisión puede verse mientras se habla por teléfono, o haciendo las tareas con los hijos, o comiendo, o conversando con los amigos... por eso el cine puede ser más sutil, más profundo, en el sentido narrativo puede darse el lujo de ser más difícil porque se cuenta con la atención del espectador. En cambio en la televisión hay que ser más claro, más repetitivo. Si no eres repetitivo en la televisión las cosas no funcionan porque la gente no tiene cómo seguir programas que duran meses, incluso años. Mientras en el cine hay más tiempo para hacer las cosas, y una actitud más creativa por parte del equipo, en la televisión hay una actitud compartida de que se trata del día a día todos los días, lo cual resulta en un trabajo un tanto más mecánico. En Colombia la televisión es mucho más industrial, lo que deriva en que el director o el guionista no conservan tanto el control del producto.

- ¿Le ha tocado alargar alguna serie porque, digamos, el 'rating' está alto y la empresa productora ve en ello la oportunidad de obtener más ganancias?
Me ha tocado varias veces y es muy complicado porque mientras por un lado se trata de una mala noticia en términos creativos, se trata también de una buena noticia en términos laborales y la gente se entusiasma mucho. Generalmente es una decisión que no se toma con el suficiente tiempo de anticipación sino a las carreras, y eso vuelve todo muy complicado, pero eso forma parte de la industria y uno debe respetar esas cosas, saber en qué trabaja. En países donde está más desarrollada la industria, cuando a un producto le va bien se planea con tiempo una segunda temporada, y una tercera y hasta una cuarta.

- 'El Cartel' se grabó en el Eje Cafetero. Ocasionalmente en los mismos lugares donde ocurrieron sucesos que narra la historia original. ¿Usted sentía que los mirones que se acercaban a ver la grabación estaban recordando vivencias de su historia reciente?
En esas zonas, donde ha habido tanto movimiento de grupos ilegales, existe toda una 'mitología', un conocimiento compartido. Al vernos trabajar algunos se emocionaban y se acercaban para decir si les parecía o no les parecía, llegaban incluso a criticarnos en el mismo set, porque tienen un conocimiento muy profundo del tema. Había momentos en que nos dábamos cuenta de que muchos de los extras sabían del proyecto bastante más que nosotros porque de alguna manera habían tenido conexión con ese mundo. Todos tenían un conocido, un primo, un amigo relacionado con el tema.

- La cultura 'traqueta', que llaman...
Sí, claro. Una cultura que es mucho más fuerte y marcada en esas zonas pequeñas, aunque en las grandes ciudades también es muy marcado.

- ¿En Colombia hay conciencia del lindero entre ficción y realidad? En E.U. un guionista hace del presidente un asesino y la Casa Blanca no emite un comunicado. Aquí sale al aire un policía corrupto y hay protestas por la mala imagen de la Policía como institución.
El Cartel está basado en un libro escrito por alguien que estuvo metido en el narcotráfico y que da su versión de su vida en ese mundo durante diez o quince años, y eso hace que tenga un ingrediente testimonial valioso que acerca la historia a la realidad. Por otro lado, es muy extraña la manera en que alguna gente se relaciona con lo que ve 'ficcionado' en televisión o en cine, porque le ocurre aquello de la historia de García Márquez en que el público se disgustaba cuando veían en una película a un actor que había muerto en un filme anterior. El libro está escrito con cierta distancia respecto a los sucesos que narra, pero a la hora de volverlo televisión hay que introducirle ingredientes de otros libros, de la realidad y de la ficción, de manera tal que funcione la tensión dramática.

- ¿Pero la institucionalidad de este país sí tiene claro esos límites entre ficción y realidad? Se lo pregunto por la protesta del general Naranjo.
Siento que él está un tanto equivocado porque este tipo de programas, en los que se intenta narrar las cosas tal y como sucedieron, son vitales y positivas para la institucionalidad, para el país, para la sociedad. Porque es ese cáncer de la corrupción lo que está destruyendo nuestra sociedad, el Estado, y en el caso concreto de la Policía, pues le ha hecho mucho daño, como a tantas otras instituciones y a la cotidianidad misma, porque aquí terminamos por aceptar aquello de que el fin justifica los medios... Lo que ocurre con los dramatizados es que la gente se impacta al ver a un coronel de la Policía saludándose con unos narcotraficantes.

- ¿Está hablando de doble moral?
Estoy hablando de que la gente lee en un periódico que la Fiscalía acaba de aprehender a seis oficiales de la Policía o del Ejército por vínculos con el narcotráfico y dice 'uy, qué corrupción'; pero lo ve en televisión y piensa 'huy, ¿y esos tipos se saludan así?'. Y pregunta uno entonces: ¿y cómo más se van a saludar si están haciendo negocios juntos? Me parece que El Cartel, y en eso disiento del general Naranjo, es un aporte a un proceso de limpieza y de higiene en el país. Es positivo para la Policía que la gente vea que ha habido policías así porque esos miembros corruptos son los culpables de todos los mártires que ha puesto la misma institución policial. Y en últimas, el problema no es que en una serie aparezcan oficiales sobornados. El problema es que haya policías corruptos.

- ¿Por qué cambiaron los nombres de los protagonistas, que en el libro salen con nombres y apellidos propios? Supongo que en Caracol Televisión hubo un debate alrededor de eso...
Claro. Se cambiaron porque esta es una versión de la historia y la realidad es mucho más amplia que la visión de una sola persona. Muchas de las experiencias que Andrés López cuenta no las vivió sino que eran cosas que se hablaban en el mundo en que él se movía. De todas maneras no se trata de exactitud sino de ficción, de entender cómo fluyen los mecanismos de corrupción generados por el narcotráfico y cómo afectan a una sociedad.

- Se han hecho muchas comparaciones entre los personajes de la serie y los de la vida real...
Sí, pero realmente no casan del todo. Hay personajes de la historia construidos con rasgos de uno y de otro, por lo que no son exactamente como fueron las personas que los inspiraron. El otro día me preguntaron por qué en la serie a Pablo Escobar lo mata el cartel de Cali y no la Policía. Pienso que no es importante saber si los primeros que llegaron fueron los sicarios de los Rodríguez Orejuela, o los agentes de la DEA, como lo han dicho los gringos en más de un documental, o si fue la Policía, como dice nuestra historia oficial. Lo que realmente importa es que hubo una alianza entre esos tres grupos, lo cual es una cosa vergonzosa que afectó este país de tal manera que aún estamos viviendo las consecuencias. De esa alianza salieron fortalecidos los Pepes, origen de alguna de nuestras actuales pesadillas.

- El éxito de la serie descansa en buena parte sobre la elección de los actores. ¿Quién hizo el 'casting'?
La persona más importante de la serie es Cristina Palacio, la productora y gestora del proyecto. Entre ella y yo, que soy el director general, y otros dos directores que son Gabriel Casilimas y Felipe Niño, más otras personas de la parte ejecutiva de Caracol, trabajamos cinco meses en la escogencia, teniendo en cuenta que se parecieran, su capacidad actoral, sus capacidades de cartel. Están varios de los mejores actores de este país y en eso radica buena parte del éxito.

- ¿Cuántos libros se leyó para trabajar en este proyecto?
La verdad yo siempre he sido muy aficionado a esos temas y he leído mucho al respecto porque el mundo delincuencial me apasiona, en la medida en que en este país ha tenido tanto protagonismo y ha traído tantas consecuencias. Para este proyecto, empezamos a grabar sin que yo hubiera leído siquiera el libro, que apenas salió cuando estábamos en la mitad del proceso.

- ¿Cuándo será que el cine y la televisión colombianos se salgan de los temas de narcotráfico y la violencia para explorar otros campos?
El cine tiene que hablar de las cosas que más afectan a un país. Y violencia y narcotráfico han marcado tanto a Colombia que es imposible eludirlos como tema, al igual que los gringos tuvieron su largo período de películas de bandidos, y luego Vietnam, y los alemanes hacen cine sobre el nazismo... y por más que vuelvan a decir que se afecta la imagen del país, que dicho sea de paso es un planteamiento ridículo, es el público mismo el que pide esos temas, como lo prueban las cifras de taquilla y de rating. Y la explicación no es otra que el hecho de que son temas que están afectándonos a todos.

© E. T. / abc guionistas

31/07/2008 17:18:46