09/02/2012 - 30 usuarios online

Presentaba 'Visionarios' (2001), una de sus «mejores películas pero menos entendidas». Y reflexionaba en voz alta sobre su última y reciente mirada 'Todos estamos invitados'(2008) en Santander. Dos creaciones separadas siete años en el tiempo - una abría la última década de su cine y la otra se estrenaba esta pasada primavera-, ambas unidas por un discurso de denuncia del fanatismo y la intolerancia. En este contexto, el cineasta cántabro Manuel Gutiérrez Aragón se salió del previsible guion académico que le condujo a la Universidad Internacional y dejó caer sin rotundidad, pero con convencimiento, todo un fundido en negro creativo sobre su trayectoria: el autor de 'La mitad del cielo' confesaba en La Magdalena «estar considerando» la posibilidad de no volver a dirigir, informó el Diario Montañés.
Manuel Gutiérrez Aragón expresó, en el transcurso de una comparecencia ante los medios, su intención de retirarse de la dirección cinematográfica, porque cree que «más vale poner uno punto y final a que te lo pongan otros». No obstante, admitió que le quedan «muchas cosas por contar».
Aunque, por supuesto, no había ninguna intención de convertir su declaración de intenciones en un juramento grabado en piedra, el cineasta de 'Demonios en el jardín' dejó entrever que la decisión de poner fin a su carrera como director no era precisamente una ocurrencia endeble e inconsistente y que se trataba más bien del fruto serio de un planteamiento personal muy meditado.
El director y guionista, ante la obligada pregunta sobre si manejaba nuevos proyectos, respondió sopresivamente con el planteamiento de su posible abandono de la dirección, eso sí sin urgencias ni plazos premeditados ni ansiedades especiales. Gutiérrez Aragón, que participó en el campus de Las Llamas en el ciclo 'Cine español entre dos siglos', reflexionó de manera más elocuente y significativa que aunque el cine le ha dado «mucho» cree que «esto se acabó».
Aunque sin llegar a justificar del todo su probable decisión, fundamentó su deseo en sólidas experiencias de su ya larga y fecunda trayectoria: «nunca he hecho películas por encargo; me las he inventado yo y las he hecho como he querido». Sin embargo, quiso precisar: «esto no dura para siempre y puede ocurrir que no puedas hacer cine o que tengas que hacer películas que no te gustan». Ante esa perspectiva «espantosa» su declaración adquirió un sentido más revelador.
El director de 'Habla, mudita' , su ópera prima rodada hace 35 años, añadió a sus comentarios: «mi vida cinematográfica debe llegar a su fin»; e insistió en tratar de evitar la perspectiva de tener que embaucarse en un proyecto que, en realidad, no le gusta. Se confesó «agradecido» al cine y resaltó que «aunque hasta ahora he realizado las películas que quería y en las semanas que quería, no podría pactar enfrentarse a otra clase de películas que no está «dispuesto a hacer».
Gutiérrez Aragón, aunque confesó «haber dudado mucho» si anunciar o no tal intención, reiteró de nuevo: «sin que lo diga de una manera dramática pero, más o menos, yo pienso que esto se acabó». En cualquier caso, opinó, «se debe poner punto final en algún momento, pero como no es un juramento que hago delante de la Biblia, si luego me arrepiento, pues me arrepentí».
Documental
El cineasta, que tiene pendiente de estreno una serie documental sobre la música en Cuba, dijo sentirse más cómodo en la ficción por su «visión transversal», y apuntó que «cualquier película tiene un documental en su interior». El director de 'La vida que te espera', con cierta amargura, recordó la desilusión que le produjo que 'Visionarios' «no fuera entendida ni acogida con demasiado interés»; se refirió a que le causa «congoja entrar en una sala de cine, hoy en día, casi siempre vacía», y contó como anécdota que se encontró su última película en el top-manta al día siguiente de estrenarla.
Respecto al presente y futuro del cine y lo audiovisual, el guionista explicó que «gran parte de la narrativa fílmica se ha trasladado a las series de televisión, sobre todo a las norteamericanas, que poseen la libertad y el interés que tenían antes las películas, y están dirigidas a un público interesado, más culto y más adulto». A su juicio, «tener que hacer películas para todo el mundo, para todos los países, para todas las religiones y sensibilidades cada vez neutraliza más el cine», y concluyó de manera firme que «el modelo de cine está cambiando, pero el nunca va a desaparecer». El director de 'Cosas que dejé en La Habana', a quien le hubiera gustado rodar en Cantabria todas sus películas, «pero no siempre es posible», consideró que en la actualidad se hacen o grandes producciones con actores famosos y caros o películas muy pequeñas». Ante ambos extremos, defendió haber realizado «siempre un cine intermedio». Resulta «espantoso que de pronto tenga que hacer una película que no me gusta»
© E.D.M. / abc guionistas
12/08/2008 17:56:00