21/08/2019


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A la espera del estreno de "La Dalia Negra", la pesadilla del guionista Ellroy

Imagen del film
Imagen del film

Tenía que ser en Venecia, durante la versión 63 de su Mostra Internacional de Cine, a desarrollarse del 30 de agosto al 9 de septiembre. Todos los elementos están dados para que "La Dalia Negra", dirigida por el maestro Brian de Palma sobre la novela policíaca del escritor y guionista James Ellroy, adaptada por Josh Friedman, se convierta en uno de los grandes acontecimientos de este año a partir de la gala de inauguración y sus posteriores exhibiciones en el resto del mundo.

Un director que adora los personajes retorcidos y complejos; un escritor que ha sufrido toda la vida en busca de los asesinos de su joven madre; una novela llena de enigmas y situaciones escabrosas; un reparto joven encabezado por Josh Harnett, Aaron Eckhart, Scarlett Johansson, Mia Kishner y Hilary Swank, y la expectativa alrededor de una película que De Palma preparó durante tantos años. Todo coincide para convertir "La Dalia Negra" en la cinta obligatoria de los próximos meses. Por ello, es conveniente detenerse un poco en los antecedentes, humanos y literarios.

"La Dalia Negra", aparentemente, se basa en un caso real ocurrido el 15 de enero de 1947, cuando el cadáver de una joven de 22 años, Elizabeth Short, fue encontrado en dos partes. Nunca se supo quién la mató. Once años después, el domingo 22 de junio de 1958, a las diez y diez de la mañana, unos jóvenes que regresaban de practicar béisbol al cruzar la zona de King´s Row con Tyler Avenue en la zona de El Monte, junto a Los Ángeles, se toparon con el cuerpo de una mujer, "de raza caucásica, que tenía la piel muy clara y era pelirroja. Debía rondar los cuarenta años. Se hallaba tendida boca arriba en un macizo de hiedra a pocos centímetros del bordillo. El brazo derecho estaba vuelto hacia arriba. La mano descansaba en el suelo, pocos centímetros por encima de la cabeza. El brazo izquierdo estaba doblado por el codo y cruzaba el cuerpo a la altura de la cintura. La mano se veía crispada; las piernas, extendidas y abiertas. Llevaba un vestido azul marino de escote generoso, sin mangas y ligero. Un gabán azul oscuro con forro a juego cubría la mitad inferior de su cuerpo. Los pies y los tobillos quedaban a la vista. El pie derecho estaba descalzo. En tono al tobillo izquierdo tenía enrollada una media de nylon. El vestido estaba ajado y tenía los brazos cubiertos de picaduras de insectos. La lengua asomaba entre los labios y el rostro presentaba varias magulladuras. El sujetador estaba desabrochado y subido por encima de los pechos. Alrededor del cuello tenía una media de nylon y un cordel de algodón, ambos firmemente anudados....".

Luego de examinar el cuerpo, en medio de numerosos policías, periodistas y curiosos, el forense dictaminó que llevaba muerta entre ocho y doce horas, en medio de las perlas de su collar, dispersas en la hierba húmeda. Los investigadores no encontraron las bragas, los zapatos ni el bolso pero descubrieron que tenía una pequeña mancha de sangre seca en la palma de la mano derecha y una escoriación leve cerca del centro de la frente. Además, "Le faltaba el pezón derecho pero el tejido cicatrizal blanquecino que coronaba la aureola daba a entender que se trataba de una antigua amputación quirúrgica".

Como la víctima no tenía documento de identidad alguno, la policía propaló por radio las señas del cuerpo, y una de las primeras llamadas recibidas, provino de una mujer quien informó que las señas facilitadas coincidían con las de su inquilina, Jean Ellroy quien había salido de casa la noche anterior y no había regresado.

Los policías interrogaron pacientemente a la casera, Anna May Krycki y ésta les facilitó un retrato hablado de la occisa. Jean Ellroy se llamaba Geneva Odelia, de apellido de soltera Hilliker, estaba separada, era enfermera diplomada y trabajaba en una fábrica de piezas para aviones en el centro de Los Angeles. Dijo que vivía con su hijo de diez años y que el niño estaba pasando el fin de semana con el padre, en Los Ángeles.

El niño de diez años apareció en un taxi, al caer la tarde de ese domingo. Era regordete, estaba nervioso pero no se le veía perturbado. Los policías no lo dejaron entrar a su casa y le informaron de la muerte de la madre. No reaccionó con histeria, ni con llanto, ni con gritos. Cuando le preguntaron por el padre, dijo que acababa de dejarlo en la estación de buses de El Monte, esperando un vehículo que lo regresara a Los Ángeles. La policía trasladó al padre y al hijo en vehículos separados, y los interrogaron en la comisaría.

Los investigadores se sintieron tristes con la descripción que el ex marido dio de la mujer: "Una mujer reservada que se guardaba las cosas para sí. Mentía cuando le convenía y, en realidad no tenía los treinta y siete años que declaraba, sino cuarenta y tres. Era promiscua y alcohólica. Su hijo la había sorprendido en la cama con desconocidos en varias ocasiones. Su reciente traslado a El Monte solo podía deberse a que huía de algún degenerado con el cual salía, o bien a que iba al encuentro de éste. Jean se mostraba reservada acerca de su vida privada porque sabía que él quería demostrar que era una madre incompetente y conseguir con ello la plena custodia de su hijo".

El chico estaba bastante animado, serio y sereno durante el interrogatorio, coincidió con la declaración del padre, aceptó un caramelo que le dieron y cuando vio a su padre Armand, se abrazaron y según los policías, parecían aliviados y extrañamente felices.

James Ellroy, una de las figuras más importantes del género de la novela "negra" que cuenta historias de detectives, asesinatos, investigaciones, jueces corruptos, testigos sobornados y otros elementos perversos, violentos y descompuestos, era ese niño de diez años a quien le mataron la madre.

Desde ese 22 de junio de 1958, domingo caluroso en Los Ángeles, cuando supo del hallazgo del cadáver estrangulado y violado de esa mujer que siempre encerró un misterio, Ellroy ha permanecido en el infierno tratando de averiguar quién, por qué, cómo y para qué un desconocido a quien numerosos testigos identificaron de distintas maneras (los vieron entrar y salir de varios bares durante esa noche del sábado), acabó con la vida de una mujer a quien los periodistas también bautizaron como la Dalia Negra. Por el otro crimen.

Para comprender esa tragedia, el hijo escribió delirantes novelas con títulos como "Réquiem por Brown", "La Dalia Negra", "El gran desierto", "Los Angeles Confidencial" (convertida en película protagonizada por Kim Basinger), "Jazz Blanco", "La colina de los suicidios", "A causa de la noche", "Sangre en la luna" y otros libros que han generado una oleada de idolatría entre millones de lectores en muchos idiomas, como "Ola de crímenes", "América", "Seis de los grandes", "Loco por Donna", entre otros.

Además, publicó su amarga, triste, desgarradora, violenta y sangrienta autobiografía con el título significativo de "Mis rincones oscuros", en la que el lector se asusta ante la carga de dolor que este hombre destila en cada palabra y en cada línea porque "una vulgar noche de sábado acabó contigo. Moriste de manera estúpida y violenta, y no tuviste los medios para defender tu vida. Tu huida a la seguridad fue un breve respiro. Me llevaste a tu escondite como un amuleto de la buena suerte. Te fallé como talismán; por eso, ahora me presento como tu testigo. Tu muerte define mi vida. Quiero encontrar el amor que nunca tuvimos y explicarlo en tu nombre. Quiero hacer públicos tus secretos. Quiero borrar la distancia que nos separa. Quiero darte aliento".

Pocas veces se ha conocido una obsesión tan devastadora y profunda como la de Ellroy con su madre muerta. Se fue a vivir con el padre, un hombre tranquilo que trabajó brevemente como contable de Rita Hayworth. Se refugió en la soledad y devoró todas las novelas de detectives que podía conseguir, especialmente las de Dashiell Hammet. Se convirtió en un auténtico problema para vecinos, maestros y autoridades. Se escapaba del colegio, perdía muchas materias y se exhibía con tatuajes y pintas nazis solo por fastidiar a los negros, judíos, extranjeros y otros jóvenes que cada vez lo eludían con asco y terror. Se peleaba con todo el mundo, llegaba a casa cubierto de sangre y mugre mientras el padre se distanciaba más de él.

Vencido por la soledad y muchos conflictos, el padre murió de un ataque cardíaco cuando Ellroy tenía diez y siete años. Se dedicó a beber, consumir drogas, robar comida en los supermercados, asaltar ancianas en los callejones oscuros, romper vitrinas y parabrisas, siendo detenido en varias ocasiones. Dormía en los parques, bajo los puentes, contaba con la complicidad de algunos amigos que le permitían asearse en sus casas de vez en cuando. Vivía con cien dólares que le enviaba la abuela y que gastaba en drogas enseguida. Mientras tanto seguía buscando pistas, detalles y datos sobre el asesinato de la madre. Se dedicó a romper ventanas y entrar en las alcobas de numerosas muchachas con el fin de abrir los cajones y robarse algunas prendas interiores, cada vez con mayor audacia, buscando que los policías lo capturaran.

Con paciencia de sabueso huérfano se dedicó a coleccionar recortes de prensa sobre la criminalidad de Los Ángeles, buscando algún nexo por remoto que fuera, con la mujer a quien consideraba "una ramera alcoholizada, irresponsable y romántica". En medio de ese infierno, siempre supo que quería escribir, que quería convertirse en un autor de novelas policíacas como sus ídolos, como Dashiell Hammet y en medio de los estertores de la droga, el alcohol, las prostitutas y las bragas robadas de los dormitorios, comenzó a escribir y su primera novela, "Réquiem por Brown" asustó a críticos y lectores, impresionados por esa carga demoledora de amargura, veneno, rencor, rabia y desesperación. Fue un buen comienzo. Siguió escribiendo y luego publicó "La Dalia Negra", quizás la más oscura de sus historias porque recrea, con detalles gráficos, el asesinato de esa prostituta que recorría las calles de Los Ángeles y a quien los policías encontraron desnuda, cortada en dos y abandonada en un solar.

En 1993, Ellroy supo que un periodista amigo quería incluir el asesinato de Jean en un artículo sobre algunos casos que no habían sido resueltos por las autoridades. Se sintió animado a redoblar sus investigaciones, pidió la carpeta con las fotos (terribles, asustadoras), y repitió el infierno atravesado cuando tenía solo diez años de edad.

Esa es la historia que solo un maestro como De Palma (conocedor como pocos de todas las lacras y miserias que albergan los seres humanos), podía convertir en una película que nos sacudirá, nos sorprenderá y nos dejará llenos de dolor, soledad y amargura. Habrá que esperar qué otra historia escoge De Palma de un escritor que ha sido adaptado en ocasiones anteriores al cine: "Dark Blue", de Ron Shelton; "Stay Clean", de Mitchel Brian; "Réquiem por Brown", de Jason Freeland; "Cop", de James B. Harris; "The Night Watchman", con Keanu Reeves, en preproducción y, por supuesto, la mítica y perfecta "Los Angeles Confidencial" de Curtis Hanson, entre otras.

© A.D. / abc guionistas

23/08/2006 08:29:52

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