31/10/2020


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En el centenario de Graham Greene: El escritor y su cine

Greene y
Greene y "El tercer hombre"

Si Graham Greene, nacido el 2 de octubre de 1904 en Berkhamsted (Gran Bretaña) y fallecido el 3 de abril de 1991 en Corseaux-sur-Vevey en Suiza, hubiera podido celebrar ahora sus 100 años, seguiría activo y polémico, católico y cínico, preocupado por Latinoamérica, obsesionado con los derechos humanos, autor de esos libros estupendos que profundizan, como pocos, en esos nidos de serpientes que en ocasiones sirven de asidero a muchos, especialmente los que como sus personajes cargan con la culpa y buscan la redención, como sea. También seguiría demandado en varios tribunales de la Costa Azul porque en sus libros se atrevía a atacar a los mafiosos que dominaban Niza en algún tiempo.

Pocos autores ha sido llevados tanto al cine como Greene. La fuerza de sus historias, el drama interior de sus personajes, la violencia de las situaciones compartidas por hombres y mujeres en las condiciones más adversas han sido atractivos para directores y guionistas que, en algunos, casos, han logrado obras maestras como "El tercer hombre", "El factor humano" y "El americano impasible".

Una de las mejores descripciones del humor negro, la imaginación, la irreverencia y sobre todo sus ganas de estar al lado de los amigos, la logra Gabriel García Márquez en varios textos que describen la llegada a Washington del presidente Omar Torrijos acompañado por un hombre alto, flaco y colorado, listo a firmar el tratado del canal de Panamá con el presidente Jimmy Carter, al lado del propio escritor colombiano. Es que éste como Greene tenían vetada su entrada a Estados Unidos y solo con pasaportes diplomáticos panameños expedidos para una ocasión tan especial en 1978, hizo posible esa broma que el mismo Carter celebraría después.

Si alguien quiere conocer mejor a Greene, además de leer sus novelas, reportajes y cuentos basta que busque los textos de prensa de García Márquez quien siempre tuvo en el autor inglés a uno de sus grandes ídolos y mejores amigos. Estas son algunas muestras:

"Greene fue siempre a buscar sus fuentes de inspiración en lugares distantes y arriesgados. En cierta ocasión, muy joven, jugó a la ruleta rusa. El episodio está contado sin dramatismos en el primer volumen de sus memorias, que llegan hasta cuando cumplió veintisiete años. Desde antes de había hablado de eso con cierta frecuencia, como una extravagancia de la juventud. Pero, si se piensa con más cuidado, Graham Greene no ha dejado nunca de jugar a la ruleta rusa: la mortal ruleta rusa de la literatura con los pies sobre la tierra. El último episodio es, sin duda, el libro sobre la cara oculta de Niza".

Y más adelante el autor colombiano se refiere a los lazos latinoamericanos de su amigo inglés: "En "El poder y la gloria" dejó plasmada una visión fragmentaria, pero muy conmovedora, de toda una época de México. "Comediantes" es una exploración en el infierno de Haití bajo la tiranía vitalicia del doctor Duvalier. "Nuestro hombre en La Habana" es una mirada fugaz, pero de una ironía amarga, sobre el burdel turístico del general Fulgencio Batista. "El cónsul honorario" fue una de las pocas noticias que la literatura nos ha dado sobre el despotismo oscuro del general Stroessner en el Paraguay. Por todo esto alguna vez le pregunté si no se consideraba un escritor de América Latina. No me contestó, pero se quedó mirándome con una especie de estupor muy británico que nunca he logrado descifrar" (Fue el 2 de febrero de 1982).

"Al cabo de tantos años me encontré (en La Habana) con un Graham Greene rejuvenecido, cuya lucidez sigue siendo su virtud más sorprendente e inalterable. Hablamos, como siempre, un poco de todo. Pero lo que más me llamó la atención fue el sentido del humor con que evocaba los cuatro juicios que debe enfrentar en distintos tribunales de Francia, como consecuencia del folleto acusatorio que publicó contra la mafia de Niza. Para muchos conocedores de los bajos fondos de la Costa Azul, las revelaciones de Greene no decían nada nuevo. Pero los amigos del escritor temíamos por su vida. El no se inmutó, sino que siguió adelante con su denuncia. "Para morir de un cáncer en la próstata", dijo, "prefiero morir de un tiro en la cabeza". (19 de enero de 1983).

Un hombre así, con ese sentido estremecedor de la vida; un escritor que sabía describir todas las miserias humanas que miraba a su alrededor, un creador de esta talla tenía que provocar admiración y obsesión en guionistas y directores, originando algunas de las películas y series de televisión más singulares con títulos, entre otros, como "El americano impasible" que fue adaptada suavemente en 1958 por Joseph L. Mankiewicz, con Audrey Murphy, y en 2002 por Philip Noyce, con un Michael Caine crecido, en uno de los mejores papeles de su carrera; "El fin del romance", con Julianne Moore, con ese peso del catolicismo en la decisión de una mujer enamorada, y llevada al cine en dos ocasiones (la primera se llamó "Vivir un gran amor"); "Monseñor Quijote" y "Doctor Fischer de Ginebra" adaptadas en 1985 a la televisión; "El cónsul honorario", 1983; "Viajes con mi tía", 1972, con una Maggie Smith divertida y sarcástica; "El poder y la gloria", adaptada varias veces al cine y la televisión, entre otras en 1961 y 1959; "Los Comediantes", por supuesto, con Richard Burton y Elizabeth Taylor, y la apoteosis de su carrera como guionista de Hollywood, "El tercer hombre" que se ha convertido en la gran película sobre la condición humana y los espías, con Carol Reed como director y Orson Welles y Joseph Cotten en el reparto, en una Viena llena de sombras en las paredes, pasos que irrumpen en la madrugada y la sensación de ese miedo que comienza cuando el tema musical se escucha y la voz de Welles nos recuerda que asistimos a uno de los grandes momentos del cine, de todos los tiempos… y así infinitamente, sin olvidar "El agente confidencial", "El factor humano" y "El ministerio del miedo".

Los personajes de Greene siempre apostaban contra su destino y su fe, en la mayorìa de las ocasiones católica, les imponía ciertas reglas ominosas que trataban de saltar, en ocasiones empujados por la belleza de una mujer o por una deuda de honor que los aplastaba. Son hombres solitarios, derrotados a veces, triunfadores otras que asumen sus roles en la vida con una dignidad prestada por el mismo escritor, uno de los hombres más valientes, honestos y limpios que han dado la literatura, el periodismo y el cine.

© abc guionistas

06/10/2004 09:53:51

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