28/10/2020


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Guionistas argentinos analizan la ausencia de la clase media en la ficción televisiva

Lorenzón
Lorenzón

Hay historias de ricos y pobres en las teleseries argentinas Ambiciones, Amor en custodia, Los Roldán, Mujeres asesinas y ¿Quién es el jefe? A diferencia de otros años, la clase media no protagoniza ninguna ficción, en un país de polaridades cada vez más bruscas. Los guionistas explican por qué se polariza la extracción social y cómo fue languideciendo el costumbrismo que caracterizó en otras épocas a tiras como Gasoleros. El diario argentino Pagina 12 ha entrevistado a varios de los autores de esas series.

Sobran conflictos de clase: en el 2005 pueden verse novelas de muy ricos y muy pobres matizadas por el sarcasmo en Los Roldán (Canal 9), revisitando la trampa y la transa como en una Dinastía devaluada en Ambiciones (Telefé) o desplegando la pasión amorosa entre la patrona y el chongo en Amor en custodia (Telefé). Acaba de decretarse la expulsión de la clase media de las tramas: el mundo se ha dividido en castas antagónicas, en grupos que devuelven a la pantalla la mansión art déco del culebrón clásico, sus escaleras y mesas largas donde siempre estalla una discusión a la hora de la cena, con un contrapunto de choferes y mucamas. Si hubo un tiempo en que el costumbrismo llenó la tele de casas chorizo y clubes barriales (Campeones, Gasoleros y compañía), ¡eso se terminó!

“Falta una identidad de clase”, decreta la socióloga que no puede definir una identidad común para universitarios o empleados de oficina. “Los extremos dignifican”, dice la guionista que se deja endulzar por los modelos clásicos. El consenso es absoluto: los guionistas asumen que sí... es verdad... los tiempos han cambiado. ¿Por qué se polariza la extracción social?

Las chicas pobres de Mujeres asesinas expresan su rencor de maltratadas y sometidas como lo hacían las mucamas de La ceremonia (de Claude Chabrol), sacándose de encima no sólo su causa personal sino también el signo de una dominación que abarca a muchas. Los nuevos ricos de Los Roldán viven su revancha a través de una inversión: cada vez más ricos aún amando el barrio, aposentados en la mansión tomando mate con facturas, hechos suyos los rituales de una burguesía superficial, pero más para ridiculizarlos con el griterío de la sobremesa. La ricachona de Amor en custodia (Soledad Silveyra) concreta la fantasía clasista de encamarse con el subordinado, sin que se tematice la categoría de acoso sexual. Y, mientras, los de Ambiciones adaptan la rosca de la acumulación a la complejidad de una mente neurótica como sólo podría haber ideado la dupla Belatti/Segade. “Si la TV va mutando de acuerdo con ciclos –explica Marcela Citterio, guionista de Amor en custodia–, éste claramente no corresponde al de las novelas costumbristas: hay una preferencia manifiesta por ir a los extremos. También en Se dice amor (desde fines de noviembre, por Telefé) vamos a contar historias de muy ricos y muy pobres (atracción entre el polista de Juan Darthés y la motoquera de Eugenia Tobal): eso permite ser más pasional en la escritura, trabajar el amor-odio, ir a situaciones más jugadas que las de la cotidianidad. Si escribo de ricos y pobres, puedo fantasear, soñar, sin tratar de buscar una bajada de línea de la realidad.”

Un paso más allá del diagnóstico, el guionista tratará de pensar: ¿cómo se define la identidad del rico de la tele? Si el modelo que dominó en los años ‘90 era el retrato del tipo revista Caras, reflejando el derroche como valor aspiracional, estimulando el deseo de tener lo que se niega, lo nuevo –dirá Adriana Lorenzón, guionista de Los Roldán y de la próxima tira de Pablo Echarri, El conde de Montecristo– es la burla implícita ante el derroche o el despilfarro: se despliega una mirada sarcástica sobre la ostentación. “Los ricos de la tele de hoy no son los del cine argentino de la época de oro –dice Lorenzón–, cuando sabían de arte y viajaban por Europa. Hoy tienen una 4x4, gustos caros inmotivados como el de los cigarros. Andan en una Ferrari, o en un Porsche, tienen negocios y hacen plata. Pero a la hora de contar a un rico, no alcanza la mansión: tiene que ser un poco trucho. Si no, no genera interés. Para narrarlo hay que poner en juego la misma vuelta de tuerca que hemos tenido como sociedad.”

–¿Qué rasgos definen al rico televisivo del 2005?

Adriana Lorenzón: –Son ricos que se vinieron abajo o que están a punto de caerse. Para acercar ese mundo al público común, tenemos que encontrar la identificación y contar que no es tan imposible terminar en ese lugar. Seacabó el barrio; se necesita algo más grotesco que luego se pueda ir puliendo.

Marcela Citterio: –Los de Amor en custodia son poderosos por contexto, viviendo en una buena mansión, pero sin que se tematice la plata. No hay un reflejo de marco real argentino: lo único que se ve claramente es la inseguridad que aparece en el país en los últimos años. Se busca que la gente pueda pasar un buen momento, sin un paralelo hiperrealista.

Jorge Leyes (guionista de Se dice amor): –Los ricos de la tele son: a) los perversos que usan su riqueza para someter, como en todo culebrón; b) los que quieren modificar el aislamiento en el que viven e integrarse a la vida en telecomedias del tipo Los Roldán. Los pobres, en cambio, se dividen en: a) los ambiciosos (siempre hay uno en toda ficción); b) otros que quieren sobrellevar la pobreza desde la dignidad (salvo excepciones, todas las heroínas tienen ese componente).

Temas que vuelven en las ficciones de extremos son: el romance entre la señora y su mucamo o guardaespaldas (en Amor en custodia y en ¿Quién es el jefe?) y acomodados en riesgo de venirse abajo que tratan de aferrarse a lo poco que queda (en Ambiciones o Casados con hijos). En cualquier caso, la única forma de sublevación muy light fue la planteada por Los Roldán: de cómo el nuevo rico por azar le arrebata su puesto al heredero de apellido patricio. El resto: la aceptación de que el rico (en Floricienta, en Amor en custodia o en Se dice amor) es un imbatible de la seducción: funciona como un pleno de atracción sensual que no compite sino que tiene asegurado el levante sin salir de casa. Le pide a su subordinado un plus de dedicación que se añade al trabajo de mayordomo, niñera o guardaespaldas. “Para sentarse a escribir –asegura Diego Alarcón, guionista de Casados con hijos y La niñera– pensé en los Casados con hijos como seres descendidos a un eslabón bajísimo de la escala social; es más cómodo que haya contrastes gruesos, que esté polarizado: por eso en la telenovela están el malísimo y el buenísimo para que el contraste permita eliminar los grises. En la Argentina se colocó a una clase media al borde del abismo... Y no hay ficciones que lo recojan.”

–¿Ninguna ficción retoma esa realidad?

Diego Alarcón: –No hay retratos fieles de nuestro alrededor: si venís de estar ocho horas en una oficina, no querés llegar y volver a ver la historia de un oficinista... Los ricos que se ven en la TV son gente compleja, acceden a cosas que la media no conoce, al psicoanálisis por ejemplo, a cosas que no son para una mayoría.
–¿Cómo se explica la extinción televisiva de la clase media?

M.C.: –Este año funciona la telenovela de tipo clásico: vuelven el amor, los pobres, los ricos, la diferenciación notoria de clases, los planteos simples de historias de amor. En Amor en custodia hubo alguien ciego, una hermana gemela, un paralítico, pero abordados con una mirada distinta. Si se presenta una ceguera, eso no hará que la pareja se separe sino que será el inicio de su consolidación.

J.L.: –Tal vez la clase media no pasa a ser objeto del guionista por su constante ambigüedad: tiene cierto comportamiento debilucho, se va acomodando hasta donde le llega el agua, coquetea con el rico y con el pobre por igual. Y para contar historias es más atractivo focalizar en los que hacen cosas y definen una identidad.

A.L.: –Así como se pasó de lo policial a lo criminal para recrear el punto de vista del que comete el delito (en Criminal o en Mujeres asesinas), ahora también se abandona la casa chorizo y se nos introduce en mundos distintos. Contar los extremos permite hacer más ficción. Se busca la ficción más pura antes que algo que se parezca a la vida real.
Para un mapa local de la riqueza reciente, se incluyen en cine: la familia burguesa con incesto incluido de Géminis, de Albertina Carri, y el clan de hacendados venidos a menos en La Ciénaga, de Lucrecia Martel, enlazados por el ámbito fétido que alguna vez deslumbró, por el clima de ocaso que los rodea. La estancia volvió también en Resistiré y El Deseo, de la dupla Belatti/Segade, otra vez ligando al millonario al hacendado, nunca al empresario acaudalado, al industrial exitoso. El rico Mauricio Doval (de Resistiré) fue hombre de campo, abonando al imaginario agrícolo-ganadero. Los peones y servidores serán, en todos los casos, el contrapunto ideal. “Cuando enfrentás extremos se generan conflictos: el rico y el pobre, el negro y el blanco, montescos y capuletos. En el medio no hay más que una crónica sin interés dramático –interpreta Marcos Carnevale, de Sin código–. Creo que es una casualidad que se elijan contenidos basados en los opuestos, y no en el medio. Es verdad que Mujeres asesinas focaliza en historias reales de clase baja. Tal vez en las clases medias haya menos asesinatos.”

–¿Otros parecidos con la realidad?

Mario Schajris (coautor de Los Roldán): –En la tele y en la realidad está polarizada la división de clases sociales: la clase media quedó a mitad de camino. Hay mucha gente que está devastada, y mientras no se produzca un reordenamiento de clases, es más fácil hablar de los extremos.

A.L.: –No sé si hoy existe una clase media de acuerdo con el referente que teníamos: está manchada, desdibujada. Hacia un lugar o hacia otro, no se ve claramente. El trabajador de empresa o fábrica hoy está en una villa miseria. Quedó una clase media alta, que no tiene ideología ni identidad propias, que no tiene un sentimiento de pertenencia. El jubilado de clase media en el ’45 hoy es un indigente; la evolución fue involución.

–¿Cómo se evitan estereotipos de ricos simplificados?
M.S.: –Los ricos que interesan son aquellos en los que se lee algo más interesante que su propia clase. Los que sirven como excusa para hablar de pobres saliendo de los tics y clichés: en el culebrón se pone el acento en la ostentación y las mansiones; en la comedia, los tics apuntan a la viveza y la picardía. ¿Sobre los vicios que se usan para pintar a la clase media? Tanta gente ha desaparecido de esa clase que, para retratarla, habrá que reubicarla en la sociedad.

© abc guionistas

17/03/2008 05:46:11

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