04/03/2021


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Guionistas ecuatorianos polemizan sobre las nuevas telenovelas

Martínez Queirolo
Martínez Queirolo

La chica pobre y bastarda que se enamora apasionadamente del joven rico; la maldad encarnada en un personaje que busca la infelicidad de los protagonistas, y el infaltable bufón de la historia, entre otros clichés, formaban parte de la trama principal de las telenovelas ecuatorianas hace 41 años. Así lo recuerda el actor y también poeta español de la década del sesenta, Antonio Santos, quien interpretó el personaje de un mayordomo en la primera telenovela nacional “Ni al amor, ni al mar”, transmitida por Teletortuga (primer canal ecuatoriano, en 1960), ahora RTS.

Pero ese mundo de bobas soñadoras y galanes virtuosos quedó atrás, para dar paso a una realidad cruda que a veces busca reflejar situaciones cotidianas pero de una manera exagerada y vulgar, opina el diario El Telégrafo de Guayaquil.

El tráfico de prostitutas a España, los políticos corruptos, el lenguaje soez empleado por los personajes y el abuso y maltrato a la mujer son algunos de los recursos que se plasmaron en las escenas de la telenovela “El Cholito” (tomó como referente al periodista José Delgado), que contó con gran aceptación de la audiencia y significó una especie de “boom” para los dramatizados nacionales.

Es por eso que ahora Ecuavisa le apuesta nuevamente a la producción nacional con “El secreto de Toño Palomino”, que el día de su estreno alcanzó un rating de 33.9 puntos, lo que significa un 42% de ganancias en anuncios publicitarios para el canal. La telenovela se transmite en el horario estelar de la noche: Guayaquil 21:40, y Quito 19:00.

Andrea González, productora ejecutiva de la telenovela, señala que el nuevo dramatizado trata de un hombre que lleva una doble vida. Martín Calle interpreta a Toño, quien aparenta ser “gay”, pero en realidad es un mujeriego empedernido que se enamora de Angélica, encarnada por Carolina Jaume.

“El secreto de Toño Palomino” contará con 120 capítulos, que se empezaron a grabar desde marzo y que culminarán en septiembre.

Otra telenovela que se estrenará a finales de este mes es “El Garañón del millón”, que será transmitida por TC Televisión. Este personaje, que se burla del montubio, debutó en un sketch cómico del mismo canal, y por su popularidad se lo adaptó a un guion de telenovela.

¿Pero, por qué los dramatizados ecuatorianos han dado ese giro?

Cecil Stacio, una de las guionistas de “Toño Palomino”, argumenta que la audiencia está cansada de la clásica historia llorona y dramática.

Ahora se apunta hacia la telenovela postmoderna que se originó en el mercado colombiano hace una década, en la que se busca enganchar al televidente por el infaltable tinte cómico.

Es el caso de “Pedrito, el escamoso”, “Betty, la fea”, “Los Reyes”, “Hasta que la plata nos separe”, entre otras, en las que el galán no tiene que ser guapo, alto, ni rubio; más bien puede ser pobre, feo y patucho, aporta Stacio.

A este prototipo de protagonista se lo denomina antigalán (una figura con la que los televidentes se identifican), quien conquista a su amada solo con su encanto y carisma, sin dejar de lado la proyección cómica dentro de la historia, así como se reflejó en “El Cholito” y se pretende con “El secreto de Toño Palomino”.

Cristian Cortez, guionista de “El Cholito”, al igual que Stacio opina que la tendencia latinoamericana se inclina por la telecomedia, que da excelentes resultados y gusta a todos los sectores socioeconómicos.

¿Pero por qué todavía la producción nacional no compite en el mercado extranjero?

Xavier Pimentel, productor, actor y guionista de dramatizados nacionales, aduce que hay que reforzar la formación teatral de los nuevos talentos. La preparación del personal debe intensificarse al igual que la capacitación técnica.

“Falta trabajo y experiencia, hay mucho por hacer; pensar que ya estamos a la par con otros países es un error. Nuestra producción es coloquial, inentendible en el extranjero”, señala Pimentel.

El dramaturgo y primer guionista del país, José Martínez Queirolo, considera que la creatividad quedó rezagada debido a que la televisión se convirtió en una fábrica para hacer dinero. “No les importa concebir la telenovela como una obra de arte, solo buscan obtener a toda costa un alto rating y por esa razón pierden la calidad artística e interpretativa”, explica Queirolo, quien asegura que ese fue el motivo por el cual no continuó trabajando en la producción televisiva en la época del sesenta.

Al referirse a la concepción de las historias, señala que antes el guion era bien elaborado, en cambio en la actualidad se lo realiza improvisadamente y no cuenta con una planificación que permita conocer el argumento general.

Antonio Santos comenta que el dramatizado local no ha evolucionado sino que ha abusado de un formato incorrecto porque carece de argumentos literarios y se vale de interpretaciones caricaturescas para ridiculizar al personaje real que se interpreta.

“En las telenovelas actuales ya no se guarda respeto por el televidente. Se ofende, humilla, y se degrada a la mujer y a las clases sociales. Es una vergüenza que se llegue a utilizar el recurso de la burla hacia otra persona para ganar rating de sintonía”, sostiene Santos, quien agrega que en su época antes de ejecutar un capítulo (30 minutos de duración), se ensayaba alrededor de dos horas con el director de cámara y director interpretativo, método que ya no se practica porque las actuaciones son improvisadas.

Pero ninguna producción ecuatoriana hubiera podido realizarse sin la llegada al país del director cubano Emilio Díaz Bejarano y el peruano Tito Velarde, quienes permitieron que los dramatizados nacionales ganaran un espacio en la televisión.

En el año 1967, cuando se estrenó canal 2 (Ecuavisa), comenzó el auge de las telenovelas. A los pocos meses de ser inaugurada la estación televisiva, se presentó “La mujer y el pecado”, de la autoría de José Guerra Castillo, dirigida por Miguel Ángel Arbonoz y adaptada a guion de telenovela por el dramaturgo José Martínez Queirolo.

Durante ese lapso de tiempo (1960-1969), aproximadamente se realizaron 60 dramatizados, hasta que ambos canales decidieron que resultaba más económico traerlos “enlatados”.

El afán de conseguir altos índices de rating, el intento de reflejar nuestra idiosincrasia a grupos masivos para que se sientan identificados con la realidad de algún personaje inmerso en un dramatizado, es lo que hace que los canales de televisión inviertan en la ruleta de la “sabiduría”, en la que no importa si hay cultura, arte o educación, sino simplemente una fórmula mágica que no siempre es rentable.

© E.T./ abc guionistas

23/06/2008 17:04:38

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