06/03/2021


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Javier Salvago: "Ser guionista es la labor que mejor se adapta a mi extraña manera de vivir y a mis extraños horarios"

Salvago
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Es la cara oculta detrás de Jesús Quintero, la sombra del ex "loco de la colina", su guionista. Pero además, Javier Salvago -nacido en Paradas (Sevilla) en 1950- es poeta. Entre otros galardones poéticos recibidos, destacan el Luis Cernuda, el Rey Juan Carlos I y el Premio Nacional de la Crítica. Sin embargo, se gana la vida como guionista de radio y televisión. ABC de Sevilla le entrevistaba el pasado fin de semana:

- Al término de «Memorias de un antihéroe» promete que seguirá contando su historia ¿contará toda la verdad?
Yo siempre cuento toda la verdad. Ese es mi problema. Pero toda la verdad que tiene que ver conmigo y de la que me acuerdo, que de eso se trata en un libro de memorias.

-O sea, que no teme perder el empleo...
Espero que no sea incompatible la verdad con el empleo.

-¿Quién tiene más amor por los raros, Jesús Quintero o usted?
Jesús Quintero, supongo, porque para mí nadie es raro.

-En cualquier caso ¿cuál es más raro de ustedes dos?
Para mí nadie es raro. Cada uno es como es. ¿O es que acaso es raro «Risitas» y no es raro Rajoy? Todo lo que existe me parece natural y normal. Sobre todo, desde que tengo gato. Antes lo animales me parecían raros y me daban miedo y asco. Mi gato me ha enseñado a verlos como criaturas de Dios y a apreciar su belleza.

-¿Acompañó a Quintero en su aventura americana?
No, nunca me he atrevido a cruzar el charco. Volar sobre agua me da más miedo que volar sobre tierra, aparte de que el continente americano no me atrae demasiado. Salvo excepciones, me parece excesiva la sentimentalidad latinoamericana.

-¿Hay mucha gente que se haya negado a ser entrevistada por Quintero?
Que yo recuerde, pocos. Quizá Tejero y Fidel Castro. Pero de Fidel no sé si se negó o nunca le llegó la petición.

-Como no lograron echarle el guante a Fidel, ¿lo intentarán con su hermano Raúl?
No es lo mismo Fidel que Raúl. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, aunque el tipo debe ser inquietante.

-Y de haber logrado que Fidel accediera ¿realmente estaban ustedes preparados para respuestas de cuatro o seis horas de duración?
Yo, sí. Lo que no sé es qué haría o qué pensaría Fidel cuando viera que una respuesta de seis horas se quedaba en seis minutos. La televisión hace ese tipo de milagros.

-Con sus guiones para la radio y la televisión ha demostrado que la poesía funciona en estos medios ¿por qué no le han salido imitadores?
La poesía funciona relativamente. Funciona si, de algún modo, se adapta al medio y si se crea en función de un personaje digamos poético. Mi experiencia me dice que pocos poemas funcionan. Yo he repasado obras completas de grandes poetas buscando poemas que se le pudieran decir al espectador o al oyente, como si se le hablara a él, y he encontrado poquísimos. El mérito de que la poesía funcione en la radio y la televisión, en este caso, lo tiene Quintero, que encarna un personaje al que se le perdona todo, incluso una reflexión poética remontada a las diez de la noche.

-¿Le gusta su labor de guionista?
Todos los trabajos son trabajo, pero reconozco que es la labor que mejor se adapta a mi extraña manera de vivir y a mis extraños horarios. Detesto la mañana y mi trabajo me permite no tener que echarme a la calle a las siete o a las ocho de la mañana. Yo trabajo de tarde a madrugada.

-¿La tarea de guionista está emparentada con el de «negro» literario?
No necesariamente. Se puede ser guionista y no ser «negro», se puede ser «negro» y no ser guionista, pero también se puede ser «negro» y guionista.

-¿Usted ha hecho mucho de «negro»?
Bueno, sí, he escrito cosas como si las escribieran otros, pero eso no me molesta demasiado porque generalmente son cosas que yo jamás escribiría para mí. Es un trabajo cuya única recompensa es el dinero. Pero ¿no es el dinero la mejor recompensa del trabajo?

-¿Qué le ha quitado más horas de sueño, la radio o la tele?
Quizá la radio porque me cogió más verde. Pero la tele es más pesada. La tele puede llegar a ser un coñazo, además de que casi todo es mentira.

-¿Cuándo fue la última vez que pensó en tirar la toalla?
Hace cinco minutos. Ese pensamiento va continuamente conmigo.

-¿Cómo se siente teniendo una calle en su pueblo?
Bueno, ya estoy acostumbrado. Hace tiempo que me la pusieron. No es una calle, sino una plaza. Ahora lo más que puede pasar es que me la quiten.

-¿Le leen mucho en Paradas?
Mi último libro sé que lo han leído algunas personas.

-¿Se ha molestado más gente por salir en sus memorias o por no salir?
A mí nadie me ha venido con las quejas, aunque entiendo que algunos parientes no verán bien que sólo cuente lo malo de la familia. Sólo mi madre me pone pegas. Pero usted sabe que las madres son muy miradas. Si fuera por ellas, uno no escribiría.

-Por sus memorias sabemos que ha tenido novias japonesas y nórdicas, además de españolas ¿cuáles son las mejores?
Las mejores son las españolas. Yo creo que el exotismo, lo extraño, atrae más cuando se es joven.

-La verdad es que me lo habría imaginado de cualquier manera, menos de tuno.
Yo tampoco. En realidad, fui un infiltrado en la tuna, un mercenario que tocaba sólo para recoger dinero y poder viajar, pero le confieso que ni me llegué a aprender la letra de Clavelitos. Movía la boca y poco más.

© ABC / abc guionistas

30/06/2008 18:04:12

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