30/10/2020


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Kobayashi, un gran guionista

Kobayashi
Kobayashi

A punto ya de cerrar página, el Festival de Gijón, que hoy canta su palmarés, se detiene para escuchar la voz de Masahiro Kobayashi, la que suena en la pantalla con 'Wakaranai' y la que generosamente vertió ante los micrófonos para hablar de sus pormenores.

Considerado uno de los maestros más firmes del cine japonés, este director curtido en el universo de la música y premiado repetidas veces por su aventura cinematográfica, por lo armado de sus guiones, se alzó ayer como la conciencia no sólo de su país, que ampara «en su abrumadora burocracia la lentitud de las ayudas sociales que no llegan», sino en la de un mundo entero.
Un mundo en el que un niño, como el de su película, puede quedar desamparado en mitad de la nada.
En su parada gijonesa, Kobayashi contó cómo trabaja, cómo sus guiones parten de un personaje germinado en su cabeza («antes de saber qué historia quiero contar») para convertirse luego en guion y finalmente en película.
Explicó también el cineasta japonés, empeñado en hacer retrato de decadencia del presente continuo, que la verdad cercana «no interesa». Al menos, no en su país. «El público no parece querer saber nada de todo aquello que resulte molesto. Para ver películas como 2012 llenan las salas, pero de los problemas cercanos no quieren saber nada».
El director invitado, sin duda ayer el gran protagonista del penúltimo día de concurso -su obra integra la Sección Oficial y pudiera tener todas las papeletas para ganar-, compitió también en presencia con la directora francesa Sarah Leonor, autora de 'Au voleur', que participa en el recién estrenado 'Rellumes' y ofrece el especialísimo atractivo de haber dirigido a Guillaume Depardieu en el último papel de su vida.
El actor, hijo del gran Gerard, que salió por la puerta de atrás del Festival de Gijón hace años (tras destrozar la habitación de su hotel en Gijón), regresó totalmente redimido en la anterior edición del Festival con la deliciosa 'Stella' y ahora redobla buenos recuerdos con 'Au voleur', en la que da vida a «la quinta esencia de un ladrón», alimentado de toda «su preocupación por la vida y la muerte».
También francesa es otra de las películas que centró la atención en el octavo día de Festival, pero ésta no por tener un armadísimo guion, sino por permitir al público de la sala, precisamente, coser sus términos. Dentro de la sección, también a concurso, Enfants Terribles, que patrocina EL COMERCIO, se exhibió 'E1000', obra de Pauline Sylvain-Goasmat, que tiene la peculiaridad de que su personaje central capta como si fuera una antena todas las conversaciones y sms de los teléfonos encendidos a su alrededor, incluidos los que funcionan dentro de la sala.
Dicho de otro modo: antes de ayer, los espectadores de los Cines Centro lograron en cada proyección (hubo dos) cerrar el argumento de la película a su antojo, reescribir, en fin, el guion de una película que no podía presumir de estar tan armado como el de Kobayashi.

28/11/2009 11:37:54

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