02/10/2014


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Ladrón de Guevara, el guionista mejor pagado de España

Ladrón de Guevara
Ladrón de Guevara

Se llama Eduardo Ladrón de Guevara, es el guionista de la serie Cuéntame y tiene 63 años. Gana -según el suplemento "Crónica" de El Mundo el pasado fin de semana, unos 250.000 euros al año, 16 veces menos que su igual en EEUU, país donde sus colegas se encuentran en huelga. Cuéntame cómo pasó era un patito feo. Muy feo. Eduardo Ladrón de Guevara, el guionista que maneja la vida televisiva de los Alcántara, se pasó ocho años enseñándola inútilmente de cadena en cadena. Ante el «no», le cambiaba el título y volvía a tocar otra puerta.

Así hasta que TVE decidió, no sin dudas, incorporar el proyecto a su parrilla. Hoy, ya cisne, la serie es uno de los éxitos más rotundos de la última década: lleva nueve temporadas en antena, ronda los cuatro millones de espectadores por capítulo y noquea a sus competidores por mucho peso que tenga el rival (su última entrega, 8 de noviembre, convocó a 3.855.000 televidentes por los 3.216.000 de Gran Hermano).

Dadas las cifras, no es de extrañar que uno de los autores de su trama -junto a Eduardo Ladrón de Guevara, el cartel de guionistas lo componen Alberto Macías y Curro Royo- sea uno de los nombres más cotizados y mejor pagados del sector. La semana en la que los colegas estadounidenses se han declarado en huelga dejando sin palabras que llevarse a la boca a los actores de todo el país, Crónica ha querido conocer los rostros de los mejores guionistas españoles: Ladrón de Guevara, Ignacio del Moral, Carlos Asorey, Antonio Mercero (hijo), José Luis Acosta, Verónica Fernández.

Entre los seis pueden presumir de haber firmado una veintena de los títulos más populares de la historia de la televisión española: Farmacia de Guardia, El Comisario, Ay, señor señor, Hospital Central, La que se avecina, Escenas de matrimonio, Los ladrones van a la oficina, Cuéntame, Ana y los Siete, A las Once en Casa, MIR...

Citados individualmente, se encuentran en esta redacción y sin que medie presentación intercambian abrazos y palmaditas en la espalda. Ya se conocen: Eduardo, Antonio e Ignacio coincidieron en Farmacia de Guardia; Verónica y José Luis, en Ana y los Siete; Eduardo y Carlos en Ay, señor señor, Verónica y Antonio en MIR, Ignacio y Carlos, en El comisario y en Hermanas... Y así. Quiere decirse que, aunque la plantilla de guionistas españoles se estime en 2.500 personas, son unos cuantos los que se reparten la tarta. Ellos se saben entre los privilegiados. "Los que hacemos ficción desde hace muchos años y no hemos dejado de trabajar somos 30 o 40, no más", dice Ladrón de Guevara.

-¿Y cuánto cobran los guionistas estrella en España?

El único que no torea la incómoda pregunta es Eduardo, seguramente el mejor considerado económicamente. "Yo, unos 250.000 euros al año. Muy bien pagado", dice sin rodeos. El resto serpentea antes de prestarse a dar una cifra global. Acuerdan que entre todos -Eduardo incluido- salen por 1,2 millones de euros al año aproximadamente.

No es por husmear en sus finanzas, pero el dato es importante para comparar con los cachés de los compañeros huelguistas, que piden más dinero a cuenta de la venta de DVD y las descargas en móviles e Internet. Allí un David E. Kelley (La ley de los Angeles, Ally McBeal), un Marc Cherry (Mujeres Desesperadas, Las chicas de Oro) o un David Chase (Los Soprano, Doctor en Alaska) puede ganar hasta cuatro millones de euros al año. Más de tres veces lo que los seis españoles juntos. Dieciséis veces lo que gana Ladrón de Guevara. "En EEUU el guionista es Dios", dice Mercero, 38 años, ahora en la serie MIR.

Ciertamente envidian la cuenta corriente de los americanos pero mucho más que eso su enorme fuerza como colectivo y su capacidad de movilización.

"Forman parte de un sindicato muy poderoso mientras que nosotros ni estamos sindicados ni tenemos representantes, algo también impensable en EEUU." (Ladrón de Guevara, Cuéntame).

"Si yo me pusiera en huelga, habría 80.000 personas dispuestas a hacer mi trabajo." (Verónica Fernández, 36 años, ahora en El síndrome de Ulises).

"Allí el sector cinematográfico y audiovisual es una industria más potente que la del automóvil y a la altura de la del armamento..." (Carlos Asorey, Escenas de Matrimonio, La que se avecina).

Y no es que en España no haya motivos suficientes para montar la misma gresca. Somos la excepción, dicen los seis, e invitan a mirar los ingresos del grueso del colectivo, plagado de mileuristas. El estudio que la Fundación Alma -la asociación que agrupa a los guionistas- presentó en 2004 les da la razón: un 46,3% cobraba entonces menos de 12.000 euros al año (el sueldo medio en EEUU es de 200.000 dólares) y un 73% aseguraba que no llegaba a fin de mes. Por un capítulo de una serie se pagan entre 6.000 y 12.000 euros, pero hay quien sólo escribe un episodio al año. O ninguno.

Hasta los más cotizados, los que posan para Crónica, perciben sus salarios congelados desde hace años. A principios de los 90 pagaban mucho mejor. La anécdota que lo ilustra la sirve Ignacio del moral (El síndrome de Ulises ahora, ex de El Comisario): "Cuando fuimos Eduardo Ladrón de Guevara, Antonio Mercero (padre) y yo a negociar el sueldo por Farmacia de Guardia, acordamos que pediríamos por lo alto, 500.000 pesetas, y que bajaríamos hasta las 250.000. Cuando llegamos nos dicen: '¿Os parecen bien 600.000?'. ¿Bien? Nos pareció una fortuna".

Farmacia de Guardia viene como anillo al dedo también para sacar a colación la espada de Damocles que se cierne sobre sus obras y a la que presienten cada vez más cerca del cogote: la audiencia. Hasta ellos tienen fracasos en sus dilatados currículos (¿Alguien se acuerda de Lobos, El Grupo o El Pantano?) por culpa de las prisas de los de arriba porque las series se coman enseguida un buen porcentaje del share. "Si Farmacia de Guardia se hubiera estrenado hoy, no hubiera resistido. Durante los primeros meses tuvo menos de un 12% de cuota de pantalla de entonces", dice Ignacio.

Fue el inesperado éxito de la botica de Concha Cueto y Carlos Larrañaga el que puso de moda a principios de los 90 la ficción de factura patria. La profesión ganó en prestigio y los guionistas comenzaron entonces a crecer como setas hasta el overbooking actual. El género español quizás goza ahora de menos prestigio entre los espectadores. "Cuando uno quiere dárselas de culto dice que le gusta el cine español y no el norteamericano. Pero sobre la televisión dice lo contrario: 'Ah, no, yo no veo series españolas, sólo americanas'", se queja Ignacio.

Lo que ninguno copiaría a los estadounidenses es la fama. Les regocija el anonimato. Nadie los para por la calle para felicitarles o reprocharles el giro del último capítulo. Durante la entrevista, a Ignacio del Moral lo llaman del banco. La empleada, sabedora de su profesión, aprovecha para felicitarlo: "Me encanta Hermanos y detectives". "Muchas gracias", le responde él, aunque no haya escrito ni una coma de esa serie.

-¿Y cómo es el ritual de escritura de quienes ponen voz a la caja tonta?

Los guionistas -prácticamente todos escriben en casa- parecen dividirse en dos categorías: los que tienen familia y los que tienen gato. Entre los últimos, Fernando de León (escribió para series como Turno de oficio) o Daniel Sánchez Arévalo (Farmacia de Guardia, Hospital Central). Como sólo tienen que dar de comer al animal, se dice, escriben cuando gustan. Los que tienen familia, sin embargo, se acomodan al horario de los hijos. Circula también en el gremio la teoría de que los «con gato» acaban siempre adoptando un niño. Ninguno de los seis entrevistados lleva foto de un felino en la cartera.

© abc guionistas

13/11/2007 10:12:14