06/08/2020


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Nacho Vigalondo resume en El País la gestación de sus "Cronocrímenes"

Vigalondo
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Ante el próximo estreno de su esperada "Los cronocrímenes", el guionista y director cántabro Nacho Vigalondo ha resumido para el diario El País el discurrir de este proyecto que estuvo cerca de pasar desapercibido...

El 27 de junio se estrena la película. Es la fecha perfecta para cerrar una etapa y abrir otra. Ha sido tal el cúmulo de acontecimientos que, aunque puedo recordarlos y ordenarlos de alguna manera, la visión de conjunto es imposible. Hacer cine era esto.

Junio de 2008. Hacemos un preestreno en un avión de la compañía Vueling, rumbo a Canarias, al que están invitados los ganadores del juego online. Presento la película con el telefonillo de las azafatas y en los asientos se mascan palomitas. La vida, a veces, puede ser maravillosamente absurda.Febrero de 2008. Se anuncia el remake. Steve Zaillian (American gangster) produce, Timothy Sexton (autor de Hijos de los hombres) escribe. Una semana después, Zaillian y yo desayunamos juntos en Santa Mónica, California. Me dice algo. No le entiendo. Da igual. Es Steve Zaillian. Póngame otro café, señorita. No, no tengo prisa.

Enero de 2008. Nos han seleccionado en Sundance. En un principio planeo mi maniobra de acoso a Quentin Tarantino (tenemos amigos comunes), pero después, en un ataque de madurez, me doy cuenta de que hay que ser respetuoso y dejar que el destino me lo presente cuando toque. Esa noche, casi arruino una fiesta por culpa de una borrachera estrepitosa y una máquina de humo.Septiembre de 2007. Fantastic Fest de Austin. En los fabulosos cines Álamo Drafthouse veo la película rodeado de tejanos. Es la primera vez que la veo entera, de principio a fin. Al acabar la proyección, me voy a la cama, confundido y desorientado. Esa noche, compruebo en la web del festival que es la película más valorada por el público. Y empiezo a percibir que, quizás, todo tiene sentido.

Mayo del 2007. Con la película inacabada bajo el brazo, y con el rechazo de la industria española zumbándome en los oídos, deambulo por el mercado de Cannes preguntándome en qué me equivoqué. Por la noche me miro al espejo y compruebo qué tal me queda mi nuevo uniforme de director maldito. Trago saliva.Octubre de 2006. Como si estuviésemos en mitad de un cartoon, un huracán levanta los decorados del suelo y los aplasta, a altas horas de la madrugada, en mitad del rodaje. Afortunadamente, nadie sufre ninguna herida grave. En el suelo, rebozados en barro, el guion de la película, sándwiches, focos, botes de zumo, mi carrera.Septiembre de 2006. Eduardo Carneros y los Ibarrexte dan por financiado el rodaje y empezamos a rodar en las profundidades de un bosque en Noja. Arri y Biaffra han construido una máquina del tiempo perfecta. Flavio ilumina. La primera claqueta: Karra Elejalde asomándose con sus prismáticos, muerto de miedo, desde detrás de un árbol. Muy oportuno.

Enero de 2005. Me nominan al Oscar por 7:35 de la mañana. Mi primer pensamiento es "mi vida ha cambiado", y el segundo es "me van a dejar hacer Los cronocrímenes, la madre que nos parió".

Otoño de 2004, o así. Echo una ojeada a mi guion escondido de viajes en el tiempo y descubro en mi cabeza al personaje de la chica, entre la Melanie Griffith de Doble cuerpo y la pobre Vivien Leigh de Psicosis. De repente, la película deja de ser un ejercicio puramente técnico y se convierte en un relato real acerca del deseo y la culpa. Esto es una película. Van a flipar.

© El País / abc guionistas

20/06/2008 23:55:30

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