28/07/2017


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Paul Laverty: "Hemos creado una forteleza llamada "Europa" mientras explotamos al Tercer Mundo"

Laverty
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Está ya en las carteleras españolas "Cargo", un thriller escrito por Paul Laverty -guionista habitual de Ken Loach- y dirigido por el documentalista Clive Gordon, cuya acción se desarrolla en un carguero que navega hacia Europa desde la costa occidental africana, con una carga muy especial. El alemán Daniel Brühl, el británico Peter Mullan y el español Luis Tosar encabezan el reparto de esta coproducción hispano-británica sobre un tema de desgraciada y parece que irrefrenable actualidad, la emigración ilegal y las mafias que las controlan.

- ¿Cómo se le ocurrió el punto de partida del guion?

Hace doce años leí un escueto artículo en un periódico sobre un capitán griego que había encontrado a 6 o 7 polizones en su barco y los había tirado por la borda. Este hecho me conmocionó, ¿cómo podía ocurrir algo así?. Comencé a investigar y me encontré con más incidentes como éste. Me horrorizó descubrir que la razón era económica: si un capitán llega con polizones a bordo a un puerto europeo las multas son altísimas. Además se enfrentan a posibles pérdidas del permiso de navegación, inmovilizaciones de sus barcos, gran cantidad de papeleo... En realidad es mucho más fácil tirar polizones al agua que hacer frente a todas estas complicaciones. Posteriormente descubrí que los propietarios de los barcos multaban a su propia tripulación si no se deshacían de los polizones. Tripulación ésta que, a menudo, estaba formada por trabajadores del Tercer Mundo. Es horrible pensar que en un marco así, en alta mar y sin testigos, tengan lugar estos asesinatos. De alguna manera hemos creado una fortaleza llamada “Europa” y estos hechos son una metáfora de la explotación masiva del Tercer Mundo por parte del Primero.


- ¿Fue complicado el proceso de elaboración?

No. Escribí el primer borrador en 30 días y, aunque era un poco disparatado y mucho más surrealista que la versión final, el alma atormentada del Capitán Brookes ya aparecía en el corazón de la primera versión, y se ha mantenido en la historia desde entonces. El proyecto tardó mucho tiempo en entrar en fase de producción y la clave fue encontrar al director, Clive Gordon. Vi dos de sus maravillosos documentales, dos de los mejores que jamás haya visto, “The Betrayed” y “The Unforgiven”, y percibí en ellos una sensibilidad, inteligencia y coraje para contar historias difíciles que me encantó. Luego conocí a Clive, quien me causó buena impresión inmediatamente, y pensé que con él podría trabajar muy bien. Clive y yo colaboramos en la reescritura del guion y modificamos unas cuantas cosas.


- ¿Ubicar casi toda la acción en un ambito cerrado como un barco fue lo más dificultoso?

Efectivamente, nos dimos cuenta de que existía una clara dificultad; la ambientación en un barco iba a complicar bastante el rodaje. Pero tuve la fortuna de encontrarme con Juan Gordon -¡un productor español con nombre escocés!- a quien conocí hace años en Los Ángeles, y Andrea Calderwood, una vieja amiga de Glasgow que había montado su propia productora en Londres. Entre los dos pusieron en marcha su propia magia para conseguir la financiación y que la película se hiciera realidad.


- ¿Qué puede contar acerca del género y de lo que pretendía?

Lo que está en nuestra imaginación como escritores, lo que un equipo de rodaje puede llevar a la pantalla y lo que finalmente comunicas al público, son tres de los grandes imponderables del cine, ¡y no siempre coinciden los tres! ¡Bienvenida sea la imaginación del público! En cierto sentido, el ambiente de un barco oxidado y destartalado que parece que vaya a hundirse de un momento a otro, nos dio el pulso propio de un documental. Hasta el propio barco tiene que luchar para sobrevivir. Por otra parte, queríamos retratar un ambiente con ciertos toques de "thriller", de territorio sin ley en alta mar donde puede ocurrir cualquier cosa; en otras palabras, una realidad que no fuera perfectamente realista sino un poco perturbada y desequilibrada. Lo mismo cabe decir de sus mentes. El público decidirá si hemos acertado. Pero fue un desafío enorme para todos nosotros, especialmente para alguien que dirigía ficción por primera vez.


- Imaginamos que la elección de Mullan vino de su experiencia en común con Ken Loach...

Sí, habíamos trabajado juntos en “Mi nombre es Joe”. Conocía a Peter desde mucho tiempo antes, porque los dos somos de Glasgow. Creo que tiene una energía muy notable. Hay algo volcánico, inestable, casi peligroso en él. Pero creo que puede comunicar fragilidad. Y son todas ellas cualidades muy atractivas. Su voz también es especial. Clive fue a Glasgow a hablar con él y le convenció tras la primera charla. Además, Peter es muy listo y está muy al día de cuestiones políticas. Creo que se sintió atraído por Brookes y por su mundo.


- ¿Cree que su personaje ejemplifica cierto tipo de locura?

Procedo de una familia muy amplia... y eso le da a uno mucho material con el que imaginar historias. Si nos hubiéramos limitado a presentar a Brookes como un loco, entonces consideraría que el esfuerzo de hacer esta película ha sido en balde. No me interesan los psicópatas ni los asesinos, ni siquiera el horror o la violencia abstraída de su contexto. Pero la “violencia por encargo”, o el “asesinato por delegación”, sí me parece interesante, porque nos pone a todos en conflicto. En primera instancia, a mí mismo. Y es un fenómeno que vemos constantemente a nuestro alrededor; nuestros propios gobiernos son unos maestros consumados en hacer que los demás hagan el “trabajo sucio” por nosotros. Hace sólo tres días (enero 2006) la organización pro-derechos humanos America’s Watch presentó evidencias de que los EEUU y Gran Bretaña apoyaban torturas mandando a los sospechosos a países con un gran déficit en materia de derechos humanos como Libia, Jordania y Túnez. Los gritos de esas prisiones no se escuchan desde aquí, y no hay informes judiciales. Europa, por su parte, también ayuda financieramente a Marruecos, cuyos soldados maltratan y golpean a los pobres inmigrantes que intentan cruzar de África a España. Durante el mes de diciembre, al menos ocho murieron a consecuencia de los disparos que recibieron cuando intentaban cruzar la valla. En mi opinión, fueron ejecutados extrajudicialmente, en otras palabras, asesinados. Asesinados por estar desesperados. Europa puede lavarse las manos como Poncio Pilatos. Esto también ocurre en los países de Centroamérica y América Latina que intentan acceder a los Estados Unidos. ¿Hemos oído a Condoleezza Rice criticar a la policía mexicana responsable, según algunos activistas pro derechos humanos, de un 45% de los asaltos, violaciones y asesinatos de inmigrantes que intentan cruzar la frontera?


- Para algunos críticos el uso de la voz en Off no es bueno en cine, sin embargo decidió incluirla al principio del film.

Surgió en una conversación con el productor Juan Gordon. Planteó el tono que íbamos a darle a la película, y pienso que tuvo buen instinto. La idea me gustó, especialmente si podíamos combinarla con la conciencia atormentada del capitán Brookes. Y luego recordé haber leído un viejo dicho marinero, atribuido a Ibsen. Cuando un viaje resultaba angustioso o accidentado, los marineros se decían entre ellos: “Llevamos un cadáver en la carga”. Me intrigó la idea del pasado que se encona en el presente y, a pesar de nuestros intentos por ocultarlo, ignorarlo, enterrarlo, o incluso arrojarlo por la borda, se “manifiesta” por sí mismo.

© DeAPlaneta / abc guionistas

09/03/2006 20:34:20

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