05/01/2011 - 9 usuarios online


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Alberto Rojas AP: "Siempre me gusta llevar las cosas a lo mínimo"

Alberto Rojas
Alberto Rojas

Alberto Rojas AP nació en Buenos Aires, el 2 de enero de 1974. Es actor, director, guionista y dramaturgo. Es autor y director de los cortos La calle del Puente (1992), El fiel reflejo (1993), Guarda con el policía (1993), Pareja de Campeones (1994), Una flor en el cielo (1994), El retrato de Andrea (1994), El Elvis Quieto (1995) e Historia del cuento en canon (1997). Ha escrito los cortometrajes Escenas de la vida real (1991), Beto y Sebas (1994), Tolomé (1994). Con Ezequiel Acuña escribió el cortometraje Rocío (1999) y los largos Nadar solo (2003) y Como un avión estrellado (2005).

¿Cómo llegás al cine?

Iba siempre al cine con mi papá cuando era chiquito. Como mis padres se separaron, mi papá tenia un régimen de visitas y cada vez que me venía a buscar íbamos al cine. Cada vez que iba a su casa los fines de semana alquilaba siete u ocho películas. Me parece que llegué por ese lado. Me acuerdo un momento, en segundo o tercer grado, que un amiguito en un recreo viene y me dice: “Beto, Beto, a vos que te gusta el cine, vi tal película...” y cuando me dijo eso, fue el momento en que yo pensé: “Ah, es verdad; a mi me gusta el cine”. Y después empecé a estudiar cine cuando estaba en segundo año de la secundaria. Vi un cartelito en un lugar que decía “Taller de Dirección” en el Centro Cultural Rojas que teóricamente duraba seis meses y se terminó extendiendo por dos años. Después el profesor puso una escuela que se llamaba Aquilea. Pasé también a esa escuela, empecé a tomar clases particulares con este tipo, después estudié tres años en el Cievyc y en Teba estudié dos años más.

¿Siempre dirección? ¿Cómo llegaste a ser guionista?

No, en Teba estudié guion. También estudié algunas cosas en la Universidad de Palermo. Es decir, me fui enganchando en cada cartelito que encontraba.

¿Por qué guionista y no director?

No sé, me parece que escribir me gustó siempre y con una amiga nos anotamos en un seminario de dos años en Teba, nos enganchamos y me di cuenta de que me gustaba escribir. No es que dije: “Quiero ser guionista”, es lo que estoy haciendo. Tal vez mi próximo paso sea dirigir. En el camino me fui topando con estas cosas, ser guionista, ser dramaturgo, ser actor. Mientras llego a director, hago ciertas cosas para sentirme que estoy haciendo el camino. No me considero guionista ni es lo que quiero ser. Si llego a ser guionista y me muero guionista, bueno... estuve ahí cerca.

¿Te pasó alguna vez de tener que escribir algo que no te gustaba? ¿Algo con lo que no te sentías cómodo?

Una vez tuve que escribir una obra de teatro para unas personas que no coincidían mucho con mi gusto y todo el tiempo estaba el conflicto: las cosas que a mí menos me gustaban eran las que a ellos les gustaban más. Por ejemplo, las malas palabras. Ponele que un personaje dijera: “pito”. Ellos cuando la leían les encantaba, se cagaban de risa. Lo que terminé intentando hacer es buscar la forma para que me salga mejor, y uní las dos cosas: que mi visión y mi yo siguiera estando en ese texto pero al mismo tiempo que a ellos les gustara. No escribir solamente lo que a mí me parecía. Creo que uno tiene que ser consciente de que la última visión, la visión global de la historia, la tiene el director. Lo más sano es conocer lo mejor posible esa mirada y aportar todas las cosas que uno pueda para que eso se enriquezca. Siempre desde uno. Pero ponerse a competir con la visión del otro puede resultar muy dramático y es donde el guionista sale perdiendo siempre, porque uno puede escribir un guion que esté en contra del director, pero el que va a estar en el set va a ser el director y va a hacer lo que él quiera. Además, cuando uno vea la película, se va a notar mucho ese combate.

Cuándo escribís, ¿te metes en la decisión de sugerir planos?

En el segundo largometraje de Ezequiel Acuña un poco sí, porque lo hacemos entre
los dos y en la escritura intentamos que más o menos eso esté claro; como un ayuda memoria. No ponemos, por ejemplo: “primer plano”, pero sí “El rostro de Nicolás tal cosa”, o si queremos un plano detalle, podemos escribir: “Las manos de Nicolás agarran tal cosa”. Esa es la forma que uso siempre para escribir guiones: ver en imágenes y describir en términos visuales.

El hecho de que hayan trabajado juntos te da una ventaja para decir: ”Detallo mas esto”, o “esto otro lo dejo mas librado al director” ?

Sí, hay partes en donde no me meto porque sé que es el terreno del director. En los nombres de los personajes, por ejemplo, yo no me meto. En los nombres de las calles de Nadar solo tampoco. Las escenas de Nicolás caminando solo las ubicaba él. Yo confío en eso y digo: “Ésto no es dramático, no tiene que ver con la historia, tiene que ver con una sensibilidad y una intuición de Ezequiel como director que yo no tengo”. Entonces, ¿por qué meterme? Y en la nueva película hay ese tipo de cosas. Él me dice: “Acá hay una escena en la que dos amigos van a estar mirando por el balcón, va a haber música y va a durar cuatro o cinco minutos”, y yo le digo: “Bueno, dale. Hacelo”. Yo no me voy a meter porque esos son sus recursos. Si me pongo a criticar ese tipo de cosas es como criticarle sus señas particulares, no me parece que corresponda. En cambio, si hay una escena de acción y me dice: “Ahora quiero una musiquita bossa nova”, ahí le digo: “Me parece que no, que no es el ritmo que estamos buscando”.

En Nadar solo participaste del rodaje, dirigiste actores...

Participé del rodaje de una parte, más de la mitad; antes los actores los dirigía Ezequiel Acuña con Julieta Viñas. Igual, antes de cada jornada nos juntábamos en mi casa con Ezequiel y con Julieta a conversar sobre cómo había que dirigir a los actores. Después Viñas dejó la dirección de actores, entré yo y para mí eso estuvo buenísimo. Aprendí mucho en ese terreno. Ezequiel confiaba mucho en mí y él solo se encargaba de los equipos, de la puesta de cámara, de las luces... Yo me encerraba en una pieza con los actores y cumplía las dos funciones: la de director de actores y la de guionista. Porque cuando ensayaba me daba cuenta si funcionaba, si había que agregar chistes, o prolongar la escena, o cambiarla de lugar, o suprimirla... Y lo iba haciendo. Iba ajustando en esa doble función. Cuando me parecía que la escena ya estaba, llamaba a Ezequiel, le mostraba la escena y él decía: “Listo, lo hacemos” o “Quiero que tenga mas melancolía”, o cosas así. Se iba y yo me quedaba buscando la forma de conseguir eso.

¿Reescribiste bastante en el momento de rodar?

Por ejemplo, la escena en que Nicolás habla con su hermanita, cuando le dice que se va a Mar del Plata. La nena esa es mi sobrinita, Mailen. En un principio la escena no estaba en el guion, porque no sabíamos cómo iba a responder Mailén actuando. Un día hicimos las otras escenas con ella y a todos nos encantó. Parecía que era ideal para esa película, por el tono triste de ella. Nos encantó. Cuando ese día llegué a mi casa, me puse a escribir la escena de Nicolás con Mailén, sin decirle nada a Ezequiel. Me la puse a escribir como para mí, me gustaba ver cómo se relacionaban. La escribí, al otro día se la llevé a Ezequiel y me dijo: “Dale, la hacemos”. Y se hizo.
La escena del afinador entre Nicolás y Tomás Fonzi tampoco estaba en el guion. Mientras estábamos ensayando con Nicolás y Tomás, apareció entre ellos el juego éste de un afinador, un jueguito que duró nada, cinco segundos, diez segundos. Yo estaba ahí en la pieza porque estábamos ensayando, me gustó eso, lo escribí y al día siguiente se lo mostré a Ezequiel. “Mira ésto: ¿te gusta para contar que se llevan bien, que juegan? ” Le gustó y se hizo al otro día. Hubo modificaciones así, pero nunca una cosa descontrolada. Se me ocurrían y si aportaban, si enriquecían, entonces uno ajustaba. No por capricho. Hay caprichos en la película pero no sé si son esos.

¿Laburaste conociendo a los actores que iban a actuar? ¿Cómo manejaste el tema de los personajes?
No. No conocía a ninguno. En la segunda película sí, ya sabemos cómo es cada personaje y los escribimos de acuerdo al actor. En Nadar solo hubo actores que modificaron los personajes, pero estuvo bien eso. El personaje de Santiago, el amigo del protagonista, no era tan severo en el guion. Pero Santiago Pedrero le encontró una vuelta, como personaje medio mala onda, medio hijo de puta, pero al mismo tiempo muy buen amigo, así que estaba buenísimo, y eso no estaba en el guion.

¿Y tuviste que adaptarte al actor en algunos casos? Quiero decir, por ejemplo, vos tenías el personaje pensado de una manera pero te tocó un actor que por algún motivo no encajaba. O tal vez algún actor que sobreactuaba, o no respetaba los diálogos al pie de la letra....

Depende del actor y de la situación. Hay cosas que tenían que ser de una determinada forma y, si ablandabas el texto, no servían. En ese caso nos poníamos más rígidos: “Mira, esto lo tenés que decir así”. En otros momentos nos interesaba que se diga la idea. Y otras veces nos interesaba que el actor mismo encuentre la forma de decirlo. Lo del afinador, ponele, en el guion no estaba porque yo no sabía cómo funcionaba un afinador cuando lo escribí. Lo que puse fue: “Nicolás le enseña a Santiago como se usa el afinador”. Pero Nicolás sabía como funcionaba, le explicó y quedó eso con sus palabras. Pero sí, hubo casos en donde se complicaba más, o se trabajaba más. Y otros donde nos quedamos muy conformes con lo que terminó resultando. Pero sí, el guion se modificó en relación con la película. Tenía mucho más humor, era mucho más cómico.

¿Toda la película en sí?

Sí, tenía menos tristeza, menos melancolía, y mucho más humor. Si leés el guion sin haber visto la película parece una comedia, mucho más de lo que es. En el rodaje empezó a aparecer otro tono de decir, otra tristeza en el mundo, en el ambiente, y se fue modificando para que la película sea lo que es.

Y cuando la viste ¿qué pasó? ¿Cómo fue esa sensación en lo personal?

Es que la fui viendo muy de a poquito. Estaba en el rodaje, estaba en los ensayos, fui viendo los transfers. Cuando Ezequiel la estaba compaginando también me consultó cosas, me mostraba cosas, yo iba a la isla de edición y veíamos cómo editar tal o cual escena, cómo funcionaba, cómo no funcionaba. No fue un baldazo de agua fría. Cuando la vi me encantó, pero es muy difícil saber si me encantó la película o me encantó todo el proceso, cómo se llegó a eso. No sé. En todo caso, me gustó mucho, me emocionó mucho. Era mucho para mí eso, ver la película terminada.

¿Y quedaste conforme? ¿Superó el guion en sí mismo?

Es que no me parece que haya una competencia entre la película y el guion. El guion es un paso que hay que dar para llegar a la película. No sé si en la película está el guion. No me parece, no lo puedo ver así. Es como que digas que el escalón 10 supera al escalón 9, yo que sé, no sé cómo es eso. Que sea un paso posterior no significa que el escalón 10 sea mejor porque está más arriba. Eso sí, hay muchísimas cosas que me gustan de la película que no estaban en el guion, y muchas cosas que estaban en el guion que en la película no están y que me encantaría que estén, muchas cosas del guion que no me gustan y de la película que sí me gustan. Son cosas diferentes, pero es así como eso funciona. Pude hacer una autocrítica concienzuda: ver en qué nos equivocamos, en qué me equivoqué, qué cosas aprendí y qué errores espero no volver a cometer. Ni en pedo me parece un guion perfecto ni una película perfecta. Hay un montón de fallas.

Hablabas del montaje. Al momento de escribir, ¿pensás en el montaje? ¿Consideras que el guionista tiene que tener nociones de montaje o de dirección? ¿O crees que el guionista está para contar la historia y del resto que se encargue después el director?

No. Para mí, mientras más sepa un guionista de cómo se construye una película mejor, más puede enriquecer su guion. Porque si tenés nociones de montaje te podes dar cuenta de cómo resolver cosas que de otra manera te llevarían mucho más tiempo, muchas más hojas o mucha menos sutileza. No sé, si te das cuenta que, por ejemplo, con un encadenado se da la misma información, el mismo sentido, y es mucho más sintético y mucho más poético, es preferible. Mientras más sepa el guionista de cada uno de los rubros, de cada una de las herramientas, mejor. Creo que desde que yo me puse a estudiar teatro mejoré mucho en la forma de escribir guiones. Si me pusiera a estudiar fotografía los guiones los haría mejor. Mientras más cosas tenga yo, más va a influir eso en los guiones.

Y durante el proceso de escritura ¿sos de investigar mucho?.

Por ahora nunca escribí algo muy “alejado de mi” . Cada vez que escribí, traté de hacerlo sobre cosas cercanas, sobre mundos accesibles para mí. Cuando no lo hice, traté de acercarme a esos otros mundos para conocerlos un poco más. No como un proceso de investigación tipo documental sino simplemente intentar estar perceptivo para que se me aparezcan cosas. El año pasado escribí una obrita de teatro para un ciclo que se estaba haciendo y tenía que ser una obra histórica argentina. Escribí sobre algo que tenía que ver con la canción Aurora, y entonces me puse a investigar quién escribió la canción, de dónde salió. Me puse a investigar para meterme más en ese momento, en ese mundo. De las cosas que encontré, algunas las respeté y un poco me cagué en otras. Porque me gustaba más que no todas las cosas que investigué tuviera que meterlas en lo que estaba escribiendo. Si me decían una fecha y a mí me servía otra, ponía la otra, la que me servía a mí.

¿Y las historias cómo las elegís? ¿Qué historias te gusta contar

No sé cómo las elijo. Me parece que me atrae la cosa chiquita, me gusta mucho el detalle. Si quiero hablar de un tema, siempre me atrae más la mínima expresión de ese tema. Una vez tenía que escribir algo sobre los miedos, y el miedo que a mí me gustaba, el miedo sobre el que quería escribir, tenía que ver con el miedo a tomar una decisión de vida, en el sentido de que yo, hasta este punto de mi vida, estaba ahí viviendo. Y a partir de ahí descubro que tengo que tomar decisiones y la sensación mía es que si decido dedicarme a esto ya está, ya veo para qué lado voy a ir, para que lado voy a morir. O sea, si decido convivir con mi pareja ya está, es esa. O si decido laburar de guionista. Antes era mucho más fácil, no decidía nada. Y éste era un miedo que me interesaba, porque es un miedo que estoy sintiendo ahora, todo el tiempo estoy con miedo de decidir cosas y digo: “No sé, no sé” ; y me puse a pensar en cómo reflejo esto. Al principio se me ocurrían cosas, no sé, un tipo que tiene que renunciar a su laburo, que labura de algo que no le gusta y quiere renunciar para dedicarse a algo que le gusta más. Sí, el tema está, pero no me dan ganas de escribir sobre eso. Seguí buscando situaciones y la que más me terminó gustando, que es lo que escribí, es una historia un poco tonta: una madre que le está leyendo a su hijo un cuento para dormirse. El nene está a punto de dormirse y la madre lee. Cuando el nene ya está por dormirse la madre dice: “Si querés que el personaje mate al dragón pasá a la página tanto, si querés que haga tal otra cosa pasá a la página tanto”, y el nene dice “Me estaba por dormir mamá, no quiero decidir nada, seguí leyendo el cuento”. Y la mamá le dice “No, tenés que decidir porque es así y ahora no te podes dormir porque el cuento tiene que terminar y vos tenés que…”.
Siempre me gusta llevar las cosas a lo mínimo, a lo más boludo. En este caso, a la colección de libros de aventuras infantiles Elige tu propia aventura. Esa anécdota me servía y me gustaba mucho más que la del tipo que renuncia a su laburo. Me parece que me gusta eso, que me gusta lo chiquito.

Vendrían a ser historias que te tocan de cerca, a las que vos le puedas aportar algo desde tu experiencia, que tengan algo que ver con vos.

Es que eso es inevitable. Escriba sobre lo que escriba siempre voy a aparecer yo o voy a buscarme a mí. Por ahí escribo una historia en que el ámbito no tiene nada que ver conmigo pero aparezco yo, no necesariamente como personaje, no es que haya un personaje que sea yo, pero aparece mi forma. Siempre aparecen cosas mías. Hace muy poco me di cuenta que en todas las cosas que yo escribí naturalmente, inconscientemente, nunca apareció una familia bien establecida. Mis viejos se separaron cuando yo era chico. Ni en pedo quedé traumado, ni fui al psicólogo, pero en todas las cosas que yo escribí nunca hay una familia con papá, mamá y hermanos: siempre falta alguien. En el guion es como algo natural. Mi visión del mundo es que las familias son así, que en las familias hay una mamá o hay un papá, no hay las dos cosas juntas, porque yo lo viví así. Bueno, por esto que me preguntabas si elijo cosas cercanas a mí: no las elijo, yo escribo y después digo “mirá lo que está pasando, en todas las cosas que estoy escribiendo las familias están siempre decapitadas, les falta una parte”. No es que lo elegí yo, me salio así.

¿Tenés manías a la hora de escribir, hábitos, costumbres?

No. Me encantaría poder encontrar una manía, poder hacerlo más sistemático para estar seguro, por ejemplo, de que si me tomo tres mates después escribo diez hojas. Escribo cuando puedo, cuando estoy tranquilo en mi casa y puedo hacerlo.

¿Creés que mejora o se hace mas fluido el trabajo si uno tiene un cronograma de escritura o un horario fijo para escribir?

Considero que sí. En una época me pasó que trabajaba en una escribanía y había tomado el hábito, antes de que llegue la escribana, de escribir todas las mañanas un poquito, y para mí estaba buenísimo porque todos los días terminaba con algo escrito. Iba reescribiendo y corrigiendo lo del día anterior. Ahora no me pasa y me parece, tengo la esperanza, de que cuando encuentre el sistema que me sirva, mejoraré.

¿Y con los bloqueos cómo hacés?.

No sé, los pienso y los termino resolviendo, o los termino emparchando para seguir avanzando, porque si no tengo la escena 6 escribir la 7, no me sale. Escribo una “escena 6” más o menos, un boceto. Simplemente para poder escribir la 7 y para seguir adelante, y después cuando reescribo modifico la 6 hasta que me guste. Lo que para con los bloqueos es que me cuelgo un montón dándole vueltas a las cosas, y no puedo parar de pensar en eso. Cada vez que camino, que viajo en bondi, que viajo en subte, digo: “En este viaje en subte voy a pensar en como resolver la escena 6” y viajo en subte pensando en eso, no me distraigo en otras cosas. Eso también me lleva a extremos: si tengo la escena 6 sin resolver y voy a un cumpleaños no me divierto, me hablan y no escucho, porque estoy pensando en la escena 6. Es así: pienso, pienso y de alguna forma lo resuelvo porque si no lo resuelvo no puedo seguir viviendo.

Y mientras vas escribiendo, ¿das el guion para que lo lea otra gente?.

Sí, me gusta bastante abrir el material a la gente cercana, a mi mujer, a mis amigos, para que cada uno me de su visión, y yo después analice lo que me dijeron y defina para un lado o para el otro lo que voy escribiendo. Siempre me parece muy útil. Aparte a la gente que tengo cerca la respeto mucho, respeto mucho sus opiniones. Siempre llega un punto del guion en donde yo digo: “No puedo hacer más nada, a mí no se me ocurren más cosas”, y ahí es donde abro el material, abiertamente les mando un mail y les digo: “Hola muchachos, estoy escribiendo ésto, llegué hasta acá. ¡Ayúdenme!”. Y mis amigos leen las cosas y me dan sus opiniones que siempre me sirven.

¿Y cuándo te das cuenta que el guion está terminado? ¿Cuándo termina la corrección? ¿O no se termina nunca?

No, no sé, se termina cuando dicen “acción”. Yo qué sé.... Hace un par de meses estaba ahí en mi computadora y para ver una cosa abrí el guion de Nadar solo. Inconscientemente leí una parte y la corregí. El personaje decía una cosa y yo lo corrí de lugar. Y dije: “Qué boludo, ¿Qué estoy haciendo?”. Y eso, nunca llego a una cosa de: “Me parece que esto ya está”. Más bien llego a un punto de: “No rompas más las pelotas con ésto, Beto”.

¿Y cómo haces para separarte de las historias? ¿Terminás de escribir una historia y descansás o ya empezás a escribir otra? ¿O estás siempre escribiendo varias a la vez?.

Suelo escribir varias cosas al mismo tiempo.

¿Sos de arrastrar cosas? O sea, no te entraron en una historia y tratas de meterlas en otra.

A veces pasó eso. Modificadas casi siempre. Pero sí. Tampoco es que me suele pasar que encuentro cosas aisladas que me parecen buenísimas y digo: “Ésto es una perla” y la intento meter en donde puedo. Lo que suele pasar es que si estoy escribiendo algo se me ocurre: “¡Ah, puedo meter ésto que había escrito para tal cosa!”. Una cuestión más de la historia que lo pide, no que yo digo: “Tengo ésto y lo quiero meter”. Tengo una capacidad de imaginación limitada. Por ahí se me ocurren cosas que ya se me ocurrieron, pero bueno, las meto igual.

¿Existen diferencias entre escribir para vos y para otros?

A mí me encantaría poder escribir para mí siempre. Me parece que la diferencia es que soy muy cobarde como para decir que voy a ponerme sobre las espaldas un proyecto. Es un conflicto que tengo conmigo mismo: siempre escribo para otros. O siempre escribo porque estoy haciendo un curso y me mandan a escribir, o porque hay un concurso sobre tal tema y digo: “Bueno, voy a escribir para este concurso”. Pero la diferencia es que me siento más seguro escribiendo para otro, la responsabilidad no es 100% mía.

Claro, la decisión final va a ser de otro.

Sí, una cosa así, pero en verdad me encantaría poder vencer eso y decir: “Este proyecto es mío, y es mío, y es mío”. Me da mucho más cagazo eso. Porque, si no soy el responsable, puedo echar culpas.

Vos escribís teatro… ¿Hay grandes diferencias más allá del género en sí y de las puestas en escenas?.

No sé, yo no encuentro muchas diferencias.

Lo mismo con la literatura.

Narrativa he escrito muy poquito, he hecho intentos de cuentitos, intentos de novela, pero intentos. Muchas veces me dicen que los guiones que escribo son teatrales y que las obras de teatro que escribo son cinematográficas. Yo, en verdad, no sé bien qué es lo teatral, qué es lo cinematográfico, qué es lo publicitario, qué es lo televisivo. Me parece que también me gusta no saberlo o hacerme el boludo. Porque en verdad me gusta escribir cosas cinematográficas para teatro, o cosas teatrales para cine… No sé, me interesa un poco hacerme el boludo: “No sé cuales son las reglas, se me ocurre esto así y veamos qué pasa”. Después el medio dirá, la obra de teatro dirá, si el texto no servia para un escenario; yo no lo quiero decidir desde la escritura. Lo escribo porque me gusta así, y después, si me equivoqué, me equivoqué. La próxima vez intentaré no equivocarme en lo mismo. Pero no busco muchas diferencias.

¿Sos puntilloso cuando escribís?¿Justificas todo lo que pones?.

Sí, me parece que sí, me gusta bastante lo del juego chiquito. Me gusta porque cuando empecé a estudiar, una de las primeras escuelas a las que fui era de análisis súper profundo de las obras y le buscaban todo, el significado de los nombres, las simetrías... “Si pasó ésto, después pasa esto otro y después aquéllo significa ésto”. Y medio que me quedó eso. Intento que no sea lo valioso de la obra. Que la obra no esté buena porque a la tercera lectura se resignifiquen cosas. Intento que la obra esté buena y después, si la querés ver por segunda vez o por tercera vez, podés decir: “Ah, mirá, el personaje se llama de esta forma por tal motivo” o “Hace eso en este momento y después el otro hace aquéllo, y entonces significa tal cosa”. Pero que esté escondido, como un juego mío.

Tampoco lo obvio.

Intento que no. O sea, muchos de mis amigos se fijan en esas cosas, y me encanta, es un guiño para ellos, muchas veces pienso: “Esto es para Fulano”, sé que él lo va a entender. También son cosas que, si no las entendés, no pasa nada. No hacen a la comprensión de la historia ni te impiden sentir cosas. Simplemente son jueguitos, terceras o cuartas lecturas de las cosas.

Pensás en una historia universal, no sectorizada....

No, universal, tampoco. No es para todo el universo. Primero es para que me guste a mí, que me guste a mí como público. Como considero que, como público, tan raro no soy, confío en que si me gusta a mí, le va a gustar a un montón de otras personas. No me pongo a pensar en “la mayoría”, ni en la tercera edad, ni en los chicos; trato de que me conforme a mi y eso va a alcanzar para que le guste a una cantidad de gente también.

¿Y eso te condiciona a la hora de escribir o es una elección?.

No, no lo podría hacer de otra manera. No tengo los parámetros del gusto de Doña Rosa. No tengo idea de qué le gustaría a una Doña Rosa, si existiese. Escribo para mí porque es la brújula que tengo. Si a mí me gusta, está bien y confío en que a alguien más le va a gustar. A mí, como público, me gustan un montón de cosas súper populares y entretenidas, y eso me tranquiliza en el sentido de que, si honestamente me gusta a mí, me imagino que a otra gente también le va a gustar. Indiana Jones fue un éxito, a mi me gustó, así que más o menos coincido con un sector.

¿Y escribirías para alguien alejado de tu estilo, como Adrián Caetano o Pablo Trapero?

Me encantaría. Me sentaría con él y escucharía su propuesta, su visión, intentaría conocerlo y después servir como un puente, como una forma de enriquecer lo que él quiere contar. Pero me fascinaría laburar con Caetano, como con cualquier persona que más o menos respete, que me parezca copado para laburar, pero no por el medio en que se mueva la persona o por lo distinta que sea conmigo. Si me llama un director de películas porno que hace buenas películas porno, y me dice: “Escribí”, también me encantaría. Lo debería poder hacer o me encantaría poder hacerlo y tener la capacidad para eso.

Teniendo en cuenta que las cosas que escribís tienen que tener que ver con lo que te pasa o con lo que te gusta, ¿escribirías, por ejemplo, una película que transcurre en una villa miseria a los tiros o en un lugar ajeno a vos? ¿Cómo manejarías eso?

Que haya dos bandos en la villa que se revienten a tiros es un suceso, simplemente. Después hay que fijarse cómo ve uno ese suceso. Me parece que uno como artista puede ver todo. Lo fundamental, lo importante, es darse cuenta o encontrar desde dónde lo ve uno. No sé, el caso de una película sobre extraterrestres que invaden el planeta. Uno dice: “Debe ser de tal estilo”, pero la agarra M. Night Shyamalan y hace Señales (Signs, 2002). Y decís “Ésto no es una película de extraterrestres, es otra cosa”. Es lo que aporta un tipo con una visión particular que ya estaba visto de todas las maneras en las que podía ser visto. Me encantaría poder ver desde dónde mirar cualquier suceso, según la situación.

¿Cómo hacés con el punto de vista de los personajes? ¿Lo tenés claro, te sale mientras vas escribiendo? ¿Decís:“La película la voy a contar desde acá”?

Por ahora nunca hubo un planteo consciente sino que aparecía un punto de vista que me conformaba, que me parecía que funcionaba. Hasta ahora no tuve el planteo de “lo cuento desde tal lugar”. Siempre aparecía.

¿Sos de leer guiones de películas? ¿Considerás que el guion es un texto en sí mismo o es parte de un proceso?

No, es parte de un proceso. Igual los que caen en mis manos me gusta leerlos. Soy de leer muchos guiones en el laburo docente. De vez en cuando veo una película y pienso: “¿Y ésto cómo estará escrito?”, y voy al guion en internet y lo consulto.

¿Y hay películas que digas “de éstas hay que aprender” o “El guion de ésta es perfecto, cierra todo”?

Muchísimas. En verdad cuando veo una película me cuesta darme cuenta de qué es guion y qué es realización, lo veo tan entramado que si la película es buena no sé cuánto hay de la película y cuánto del guion.

¿Un guion malo puede ser una buena película?

Sí, se puede hacer una película excelente sin ningún guion escrito. Podes salir a improvisar y que te salga un peliculón. El guion es el escalón 9, pero por ahí vos pasas del 8 al 10 de una zancada. Y si lo podés hacer está bueno, lo importante es que llegues a 10, no importa cómo.

¿Te nutrís de otras cosas en el momento de escribir?. Literatura, música...

Calculo que sí, no lo hago de manera calculada, lo hago como vivir. Escucho música no porque me estoy nutriendo, sino porque me gusta escuchar música. Y leer, sí, leo, veo cine, veo la tele, escucho música. Imagino que varias de esas cosas me irán formando como persona y al mismo tiempo como guionista.

¿Pero podrías nombrar cosas que te marcaron?

No sé. Quizás con eso del detalle, de buscar la mínima expresión, muchas veces viendo Seinfeld digo: “Quiero eso”. Me encantaría tener el poder de observación que tiene él y el poder de desarrollo de una idea así chiquita, cómo puede desarrollar una cosita tan chiquita hasta llenar todo un capítulo con eso. Eso me encantaría poder hacerlo porque no tendría más problemas en mi vida para escribir. Si llamo un ascensor y tarda, y soy capaz de escribir una película con eso, tengo la vida resuelta.

¿Tenés guionistas favoritos?.

No. Me está gustando bastante ahora Shyamalan, pero no sé si es mi favorito. Te lo nombré porque recién apareció en la charla Señales.

No hay un tipo de cine que guste más. Ves de todo.

Últimamente me está gustando menos el cine yanqui de acción. Acá tengo el póster de Bad Boys 2, que no la iría a ver ni en pedo. Me parece que vi Bad Boys 1 pero ni me acuerdo. Digo, sé que ese tipo de cine últimamente me está empezando a interesar bastante menos. Pero tampoco es una regla. Voy al cine y ante cada película me doy cuenta si me gusta o no me gusta.

*Entrevista extraída del libro “Guionistas por guionistas” del Grupo Palabra-acción, y cedida para su publicación en este portal a abcguionistas por los autores, en nombre de los cuales la envió Cecilia Dumón.

©Grupo Palabra-acción, 2005.



01/07/2005 17:58:42