25/10/2010 - 24 usuarios online


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Catalin Mitulescu escribe sobre "Cómo celebré el fin del mundo"

Mitulescu
Mitulescu

Por Catalin Mitulescu *

Cuando recuerdo la época de Ceaucescu, me viene a la cabeza un juego que le encantaba jugar a mi familia. Mientras veíamos las dos únicas horas de televisión que había y que consistían principalmente en las actividades cotidianas de Ceaucescu y en algunas canciones patrióticas, nos sentábamos alrededor de la mesa del comedor y nos imaginábamos cómo sería si Ceaucescu fuera capturado y nuestra familia fuera la responsable de vigilarlo. Lo primero que había que decidir era dónde lo encerraríamos.

Normalmente era en el baño. Después había que pensar en cómo lo alimentaríamos. A veces mi padre hacía el papel de Ceaucescu. Se ponía un abrigo viejo y un gorro de borrego y se encerraba en el baño. Mi hermano y yo le obligábamos a jurar un montón de cosas absurdas y lo tentábamos con un trocito de pan. Mi padre imitaba estupendamente la forma en que Ceaucescu hablaba y caminaba. A veces nos implicábamos tanto en el juego que no sabíamos cómo parar. Incluso cuando mi padre suplicaba que lo liberásemos, no lo hacíamos, le decíamos que sólo estaba fingiendo ser nuestro padre para que lo liberásemos. Normalmente la cosa terminaba con la aparición de mi madre que nos mandaba a la cama con decisión.

Han pasado 15 años desde que Ceaucescu despareció. Ahora tenemos democracia y la libertad de viajar por todo el mundo, pero aún llevamos con nosotros los recuerdos y la herencia de aquel periodo. Al ver cómo se desarrollan los acontecimiento a través de los ojos de Eva, de diecisiete años, y de su hermano Lalalilu, de siete, Cómo celebré el fin del mundo refleja esa combinación de tristeza y felicidad, realidad e imaginación que yo asocio con esa época. Es una tragicomedia con toques de lo absurdo y lo sublime.

Expresa la emoción de aquel tiempo en Rumanía y nos da una pista sobre lo que aportamos con nosotros, yo y mi generación, a este nuevo mundo en el que hemos entrado. La película es también un homenaje, no solo a los que tuvieron el valor de enfrentarse a la dictadura, sino también a aquellos que, como nuestros padres, permanecieron en silencio y lo soportaron por miedo que algo les ocurriera a sus seres queridos.

La película se inspira en mis propios recuerdos y se alimenta de mi propia nostalgia y mi creencia en este mundo. No era mi intención hacer un documental o reproducir la época con una precisión histórica. Aunque el estilo de la película es realista, contiene mi imagen y mis sentimientos sobre ese momento específico. Hemos recreado ese mundo a través de elementos del decorado y del diseño de vestuario. Estoy convencido de que incluso una botella de leche puede recrearlo porque tiene un lugar especial en nuestros corazones. O la bolsa de la compra de la que mi madre no se separaba nunca, o el mantel de plástico en la mesa de la cocina, los vidrios rotos del tranvía, la calefacción improvisada en la cabina del conductor. Todos esos elementos pequeños, pero esenciales, nos retrotraen a los que lo hemos vivido a ese mundo concreto.

Aunque la historia ocurre en 1989, decidí junto con mi diseñador de producción, Daniel Raduta, y mi diseñadora de vestuario, Monica Raduta, crear la sensación de un lugar detenido en el tiempo. Tanto los decorados como el vestuario contienen elementos de los años setenta. Confrontamos nuestras investigaciones con nuestros propios recuerdos y filmamos documentos de la época. Descubrimos que las cosas tenían más color de lo que realmente recordábamos. Mi intención era describir un ambiente con una intensa carga histórica y emocional, pero un ambiente que encaje con la historia y con los personajes.

En aquel mundo tan frío, los personajes son quienes llevan el aliento vital, la energía y la alegría de vivir. No quería que la película fuera simplemente un fresco de una época pasada. Los personajes están ahí para empujar la historia hacia delante con sus deseos, sus sueños, su energía.

(*): El rumano Catalin Mitulescu, ganador de la Palma de Oro al mejor corto en Cannes con "Trafic" (2004), estrena este viernes en España su primer largo, "Cómo celebré el fin del mundo", que le valió el premio de interpretación femenina a su actriz Dorotheea Petre, en la sección Una Cierta Mirada de Cannes, y el premio de la juventud en la Seminci de Valladolid.

© Pirámide Films-abc guionistas

19/05/2009 21:48:14