25/10/2010 - 18 usuarios online


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Santiago Tabernero escribe sobre "Vida y color"

Tabernero
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Por Santiago Tabernero (*)

Hay acontecimientos que galvanizan en torno a un año el espíritu de toda una época. Son momentos electrizantes de la Historia propicios al cambio, el mito y la leyenda. No es de extrañar que el cine americano, siempre tan hábil reflejando las transformaciones de su sociedad, haya acudido con frecuencia a esos años emblemáticos —el año que quebró la Bolsa de Nueva York, murió Marilyn, el hombre pisó la Luna, estalló el Watergate o perdieron Vietnam— para amplificar las peripecias de sus personajes.

Pocos acontecimientos han marcado más profunda y sustancialmente la historia de la España contemporánea como la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975. Con él moría también la España en blanco y negro, aislada y sórdida, que durante cuatro décadas moldeó a su imagen y semejanza. "Vida y color" viaja a ese año crucial para contar en clave de fábula casi gótica aquella España naïf y oscura, a través de la historia coral de un barrio obrero adonde llegan, con sordina de suburbio, los ecos del acontecimiento.

Porque, mientras Franco agonizaba en el Palacio del Pardo, lejos, en algún rincón de la periferia de la España profunda, un chaval de 13 años llamado Fede penaba y sufría, harto de sentirse insignificante. Su cuerpo de niño se le había quedado definitivamente pequeño y ahora necesitaba crecer rápido, merecer el respeto de los demás, ganar su lugar en la pandilla del barrio. Siguiendo la historia de iniciación de nuestro patito feo, "Vida y color" visita el resto de pequeñas historias que habitan el barrio de Las Islas, los anhelos de sus gentes anónimas, sus oscuros secretos.


La fábula

El itinerario argumental pasa de puntillas por el realismo histórico, la crónica y la evocación costumbrista, para buscar en la fábula un tono común que iguale las tramas y las potencie en la dirección deseada, que no es otra que el cuento de iniciación con valor de metáfora, más atento a la recreación poética que al retrato sociológico.

He contado para ello con la inestimable complicidad de José Luis Alcaine en la dirección de fotografía. Era su película número 101 y yo decía “¡Acción!” por primera vez, pero nos unía el mismo entusiasmo. Su inspiración ha sido esencial para encontrar la luz y los colores de este cuento de otoño que emocionalmente podría suceder en primavera. Decisivas han sido también en este sentido las aportaciones escenográficas de Íñigo Rotaetxe y Soledad Seseña desde una dirección artística que ha sabido primar los valores fabulescos de la historia, sin descuidar la fidelidad a la época.


La música

Ambientada en un año tan referencial para España como 1975, con tantos recuerdos musicales vivos en la memoria de cualquier espectador de más de 35 años, la banda sonora de "Vida y color" podía haber sido un recopilatorio de grandes éxitos, aderezado por una música original de raíces locales. Pero se habría perdido la estilización de la fábula en favor de un costumbrismo que quise evitar.

Fue un auténtico flechazo descubrir Goodbye swingtime, el disco jazzístico del gurú inglés de la música de baile Matthew Herbert. Sentí al escucharlo que tras sus bases electrónicas y sonidos orgánicos latía un sinfonismo jazzy intensamente cinematográfico. No me equivoqué: la música que Herbert ha compuesto para la película es una fascinante sinfonía moderna sobre los paraísos perdidos de la infancia y las pesadillas que los recorren.

Un viejo hit de los setenta, el “Mammy Blue” de los Pop Tops —única concesión musical a la época—, se ha convertido en las manos flamencas de Paco Ortega en el leitmotiv sentimental que necesitaba la película, amplificado por las voces extraordinarias de José Mercé y Ángel Pastor. Las incorporaciones musicales de De Luxe y Zurich, con sus aromas “seventies” de siglo XXI, completan una banda sonora tan alejada finalmente del revival como siempre deseé.


Los actores

El casting de "Vida y color" fue tan largo y complejo como prometía su reparto de más de treinta personajes con frase, en el que los protagonistas eran chavales de entre 14 y 20 años. El exhaustivo trabajo de Rosa Estévez y Juan León dio sus frutos en un casting que concilia la potente verdad de los rostros nuevos, con el talento probado de actores tan generosos como Silvia Abascal, Ana Wagener, Joan Dalmau, Carmen Machi, Andrés Lima, Maru Valdivielso, Adolfo Fernández, Fernando Ransanz…

A los más jovenes les cité el primer día de ensayos en el Parque de Atracciones. Para la mayoría iba a ser su primera experiencia cinematográfica, así que teníamos mucho que compartir. Subiendo y bajando montañas rusas rompimos el hielo, conjuramos los nervios de la primera vez y nos hicimos amigos. Aunque sólo fuera por la maravilla de sus descubrimientos —Junio Valverde, Miguel Ángel Silvestre, Nati Abascal, Nadia de Santiago, Andreas Muñoz, Adrián Gordillo…—, habría merecido la pena rodar "Vida y color".

(*): Periodista y guionista cinematográfico riojano, Tabernero, tras dirigir durante seis temporadas el programa de La 2 de TVE el programa Versión española, y escribir guiones para otros ("Desvío al paraíso", de Gerardo Herrero; "Taxi", de Carlos Saura; "Asfalto", de Daniel Calparsoro") debuta en la dirección con "Vida y color", un proyecto personal en el que viene trabajando desde hace más de diez años, que se estrena el próximo 5 de enero.


© Santiago Tabernero / abc guionistas

08/12/2005 16:56:58