12/02/2015


Noticias de guion

Gabe Ibañez escribe sobre "Autómata"

Ibañez, con Banderas
Ibañez, con Banderas

Por Gabe Ibañez *

En el año 2009, en una web sobre tecnología, una noticia narraba cómo un grupo de ingenieros había logrado crear una impresora 3d capaz de producir la mayor parte de las piezas necesarias para construir una nueva impresora 3D. Era una máquina prácticamente capaz de clonarse. De alguna manera, capaz de reproducirse. Esta inquietante noticia, cruzada con mis lecturas adolescentes de Asimov y arropada por las teorías de la singularidad tecnológica, configuró el germen de lo que sería el guion de "Autómata".

Con estos ingredientes, y junto con Igor Legarreta y Javier Donate, comenzamos a escribir un guion de ciencia-ficción realista con influencias claras del western y el thriller. Un guion, en cierta medida ajeno a las modas actuales del género, y por tanto un guion con un futuro complicado dentro de la industria. Era un planteamiento inusual y necesitábamos que algo inusual sucediera. Y sucedió. Elena Anaya, (amiga y protagonista de mi primera película, "Hierro") le hizo llegar a Antonio Banderas (con quien estaba rodando en aquellos días "La piel que habito") el guion de Autómata y un dossier que exponía las claves visuales de la película.

Pocas semanas después recibí una llamada que venía a decir: "Hola, soy Antonio Banderas. Me gusta mucho vuestro guion y me encantaría hacer esta película. ¿Qué quieres, que la produzca o que la interprete?" Tras unos segundos de desconcierto pude contestar: "¿Se pueden pedir las dos cosas…? Vamos a intentarlo", dijo él.

En ese instante comenzó un periplo sorprendente en búsqueda de la financiación para una película que, a ojos de una parte de la industria, planteaba una propuesta en la que no terminaba de encajar el protagonista, con el género, con la nacionalidad, con el presupuesto, con el director, con el tono… No encajaban muchas cosas. Un itinerario de más de dos años que nos llevó, desde a quedarnos atrapados en Túnez y ser testigos directos de los primeros instantes de la primavera árabe, a ser recibidos meses después en palacio por la princesa de Qatar, interesada en producir cine dentro de su país, aunque como supimos luego, no de ciencia-ficción.

Tras muchas reuniones, viajes, localizaciones, festivales y dossiers, en los que Antonio movió cada uno de sus contactos, el proyecto llegó a un punto muerto donde pareció agotarse definitivamente. Yo ya estaba trabajando en un nuevo guion de ciencia-ficción cuando recibí otra llamada que vino a decir: "Gabe, soy Antonio. Ayer estuve en el cumpleaños de un productor en Los Ángeles. En la cola del baño coincidí con el ejecutivo de un estudio. Haciendo tiempo me preguntó por eso de los robots. Yo le conté un poco. Y él me dijo que les interesaba."

Y así, en una demostración paradigmática de la falta de control de los directores sobre nuestros planes, unos meses después de aquella conversación en la cola de un baño, estábamos en Bulgaria rodando Autómata con Antonio Banderas como productor, protagonista y adalid de una película europea de ciencia-ficción realista.

Esta definición, que en el panorama actual puede parecer contradictoria, fue, en otras épocas del género, una afirmación casi redundante. La ciencia-ficción a la que aludimos en "Autómata" es aquella que, planteando un mundo ajeno al de nuestros días, resulta aceptable como especulación racional. Resulta verosímil. Es realista.

Una aclaración ésta que tiene cierta vigencia en el panorama actual, donde la ciencia-ficción ha sido suplantada en muchas ocasiones por un "cine familiar de aventuras ubicado en el futuro". Esa forma de entender el género, acompañada de las posibilidades técnicas de unos efectos digitales con los que parecería que "todo se puede hacer", ha diluido los límites entre el fantástico y la ciencia-ficción, alejando en los últimos años de las salas aquellas propuestas que muchos de los fans de mi generación y de generaciones anteriores siempre hemos admirado.

Películas que con presupuestos modestos abordaban el cine de ciencia ficción desde una perspectiva adulta, combinando el futurismo especulativo con los procedimientos narrativos de géneros realistas como el thriller, el western o el terror psicológico, y que nunca abandonaron ciertos niveles de verisimilitud y sobriedad en su pacto con el espectador. Películas como "La amenaza de Andrómeda", "Atmósfera Cero", "El planeta de los simios" o "Cuando el destino nos alcance", que siguiendo la estela de un tipo de literatura de ciencia-ficción adulta, marcaron una época del género cinematográfico.

Esto no quiere decir que "Autómata" sea una película de otra época. "Autómata" toma de aquel cine la sobriedad en la forma y el respeto por lo verosímil, llevando estos ingredientes a dos de los paradigmas tecnológicos y filosóficos de nuestro propio futuro: la singularidad tecnológica y la amenaza del colapso medioambiental.

Las teorías sobre la singularidad tecnológica giran alrededor del momento teórico en el que la inteligencia artificial pueda alcanzar a la inteligencia humana y los posibles cambios que se producirán en nuestra sociedad a partir de ese acontecimiento. Prácticamente un salto evolutivo que para algunos ocurrirá en unos cuarenta años y que para otros nunca sucederá. Un escenario que, en cualquier caso, por su trascendencia filosófica y sus implicaciones para el ser humano, será en mi opinión uno de los paradigmas argumentales del cine y la literatura de los próximos años.

En "Autómata", el salto evolutivo de la inteligencia artificial sucede en un contexto de dificultades para la especie humana, en una situación en la que el hombre lucha por su supervivencia, rodeado de una naturaleza que le ha dado la espalda y que, en un proceso inevitable y ancestral, parece abrir camino a la supremacía de una nueva especie. Y lo hace además desde un enfoque novedoso, puesto que dicho salto evolutivo no es narrado desde la perspectiva de la especie que emerge, sino desde la perspectiva de quien queda atrás. De alguna manera, "Autómata" es la historia del mono que se queda en el árbol, la historia de la especie que llega a su fin. Y de cómo esa especie, la nuestra, no tiene otra opción que, al igual que ya hizo en el comienzo de su periplo evolutivo, seguir luchando por la supervivencia.

"Autómata" aborda estos temas desde los códigos narrativos del cine clásico, con iconografía y formas narrativas del western, del policíaco, del cine de aventuras; y lo hace uniendo los planteamientos de un cine hecho por autores europeos, a las necesidades comerciales de una producción de Hollywood.

No es una película de robots. Es una película narrada desde la perspectiva del ser humano. No puede ser de otra manera, ya que el hombre y sus incertidumbres son, en el fondo, los únicos grandes temas de la Ciencia-Ficción.

(*): Licenciado en Ciencias de la Imagen por la Universidad Complutense de Madrid, Gabe Ibañez empezó su andadura profesional en el cine en el campo de la imagen de síntesis, hace dos décadas, siendo supervisor de efectos digitales y participando en películas como "El Día de la Bestia". A partir del año 2000 se pasó a la publicidad y en el 2006 dirigió su primer cortometraje, "Máquina", y dos años después su primer largo, "Hierro", estrenado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes pero con muy escasa presencia posterior en salas. Ahora, tras el paso por San Sebastián y Sitges, llega el segundo, "Autómata", a los cines españoles.

abcguionistas con información de A CONTRACORRIENTE FILMS

21/01/2015 21:07:27

Si te ha sido útil la noticia y deseas compartirla con más personas puedes hacerlo desde aquí, pulsando los botones.